FIRMAS DE FaCES |
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Muestra de artículos de opinión de miembros de la comunidad académica de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad Central de Venezuela. No constituye una página oficial de la institución. Edita: Coordinación de Extensión FaCES-UCV. Director: Víctor Abreu. ¡Bienvenid@s! |
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«La educación cambiará si lo hace el profesorado» No es fácil ser un buen maestro en el mundo de hoy. Esta dificultad obedece a razones de diversa índole: por una parte la existencia de procesos como la globalización y el desarrollo de la sociedad del conocimiento, que nos colocan ante un mundo en permanente incertidumbre, en el que los paradigmas otrora seguros y estables, hoy se presentan sometidos a confrontaciones e impugnaciones. Por otra, el desarrollo de las ciencias, en particular las relativas a la información y comunicación, nos colocan en un mundo instantáneo, en el que asistimos en medio de la mayor inmediatez y desconcierto a los más inusitados sucesos; la innovación tecnológica avanza a tal velocidad que la obsolescencia de equipos, instalaciones y herramientas tan sólo es comparable con la de los conocimientos, cuya vida útil se estima hoy en cinco años. De tal manera que para nuestros niños y jóvenes resulta inconcebible un mundo sin computadoras, Internet, juegos electrónicos, celulares, iPods, TV por cable y otras finezas propias de la cultura “ON- OFF”. Los avances de las neurociencias en las últimas décadas han ampliado significativamente el panorama respecto a nuestras potencialidades, abriendo nuevos espacios y posibilidades para la innovación y la creación. Los descubrimientos del funcionamiento y las funciones de ambos hemisferios cerebrales, la existencia del “cerebro triuno” y del sistema de inteligencias múltiples, la interacción constante entre los procesos de autoconciencia y los sistemas cognitivo y afectivo, la importancia que se otorga a la estimulación precoz y al aprendizaje temprano, el conocimiento de las posibilidades con las que contamos para almacenar y procesar información aunados a los hallazgos respecto a la localización de los procesos de la percepción, son avances que retan nuestra función como docentes, en la medida en que redimensionan las posibilidades del espacio y del acto pedagógico. También en lo que pudiéramos llamar el “paradigma del aprendizaje” se han introducido nuevas significaciones: se insiste en la educación para la vida y a lo largo de la vida; de aprender a aprender, a desaprender y a emprender; de educación integral; de aprendizaje centrado en competencias y en el estudiante y de aprendizajes significativos; se reivindica la interacción entre el espacio de formación (llámese escuela, liceo o universidad) y su entorno más próximo. Por otra parte la realidad social nos exige una mirada atenta a muchos de sus más apremiantes problemas: la desigualdad y la exclusión, la cultura de la violencia, el surgimiento de actitudes como la improvisación, el arrojo y la viveza por encima de otras como el trabajo, el cultivo del conocimiento y la paciencia; al impacto cultural que ejercen todos estos cambios científicos, tecnológicos y humanísticos en niños y jóvenes. En este contexto, también los jóvenes reclaman el tránsito de una educación centrada en una concepción “bancaria” e informativa, a otra más comprehensiva y formadora, en relación con los problemas y el mundo de hoy. Invocamos entonces una educación más centrada en los valores que en los procedimientos, más comprometida con la responsabilidad social y la formación de ciudadanos que dispongan de las herramientas necesarias para la conciliación, el ejercicio del liderazgo responsable, el respeto a la disidencia y el cultivo del pensamiento crítico. Para cumplir con semejante tarea es necesaria una redefinición de las funciones y actitudes de los formadores, la cual -desde nuestra perspectiva- debe atender a los siguientes aspectos: · La comprensión del sistema educativo como un continuum, una totalidad cuyas partes son interdependientes y vinculantes. · La definición del educador no como un transmisor de informaciones, sino como un “pasante de sentidos” (1), un mediador entre la interioridad del individuo, sus valores y el mundo que lo rodea; entre saberes y conocimientos ya sean éstos científicos, humanísticos, artísticos o espirituales; un articulador de lo “esencial” en los diferentes tipos de conocimiento: el criterio de verdad y la rigurosidad metodológica en el caso de la ciencia, la búsqueda afectiva, sensorial y comunicativa en el caso del arte y la trascendencia y la interioridad en la dimensión espiritual. · Ser un educador que aprende, es decir en permanente interrogante, en búsqueda de respuestas y de nuevas preguntas, que no se paraliza ante la duda y la incertidumbre, sino que es capaz de motivarse y de motivar a descubrir y se interesa en la actualización, renovación y reciclaje de conocimientos. · Que sea capaz de sintonizarse con las sensaciones, emociones, afectos, palabras y códigos culturales de los jóvenes y de la comunidad en la que vive, para comprenderlos y para actuar, en el entendido de que el fin último de la educación es la transformación. · Un docente que se acerque a la realidad con una mirada desde la complejidad y no desde la simplificación falseadora, que propicie los enfoques interdisciplinarios y que comprenda que los curricula de hoy están llamados a favorecer el diálogo de las disciplinas, la transversalidad de los conocimientos, la flexibilidad y el trabajo colectivo así como la apertura a las nuevas tecnologías. · Pero muy especialmente se requieren docentes que sean “pedagogos de ciudadanía”, que a través del ser y sobre todo del “hacer” dicten cátedra sobre los valores, la convivencia, la democracia, el diálogo, la ecología y la integridad, que asuman que la educación es un espacio intercultural, interreligioso, interétnico, un lugar de encuentro y diálogo para aprender a vivir. Que ante el individualismo y la masificación sepan abrir cauces para la solidaridad y la esperanza, para decirlo en palabras del filósofo Olivier Reboul, la educación se nutre de valores y ellos “... son lo contrario de la indiferencia”. NOTAS: 1/ René Barbier: El Educador como “passeur de sens”. Comunicación al Congreso Internacional ¿Cuál Universidad para mañana? Hacia una evolución transdisciplinaria de la Universidad, Locarno, Suiza, 1997. Coyoacán, febrero 2006. |