FIRMAS DE FaCES |
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Muestra de artículos de opinión de miembros de la comunidad académica de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad Central de Venezuela. No constituye una página oficial de la institución. Edita: Coordinación de Extensión FaCES-UCV. Director: Víctor Abreu. ¡Bienvenid@s! |
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Son muy difíciles de comprender las relaciones que mantienen dos gobiernos tan diferentes como los de Hugo Chávez y Álvaro Uribe Vélez, presidentes de dos países que se han transformado de forma opuesta en los primeros años del siglo XXI. Quién hubiera dicho que Caracas llegaría a ser más violenta que Medellín, ahora ciudad modelo de convivencia y paz; o que mientras por aquí una gigantesca bonanza petrolera produciría los efectos “petropolíticos” más perversos de nuestra historia, el atribulado vecino occidental lograría una recuperación económica basada en la disciplina fiscal y la consolidación y diversificación de sus mercados internacionales. Y más lejano de nuestro pensamiento estaba que mientras del otro lado del Arauca el Estado avanzaría en la recuperación del control territorial de las manos de grupos violentos, en Venezuela aparecerían focos radicales armados; o que, no obstante las denuncias de Caracas sobre los peligros militaristas del Plan Colombia, el gobierno venezolano aumentaría a escalas sin precedente sus compras de armamentos, animadas por la consigna “patria, socialismo o muerte”. Mientras tanto, los recurrentes episodios de tensión en las relaciones bilaterales se manifestaron de forma especialmente aguda desde que Chávez asumió la presidencia en 1999, cuando anunció y emprendió una política que traspasó los límites, figurada y literalmente hablando. Y, sin embargo, ido Andrés Pastrana, a la llegada de Uribe fue definido un peculiar modus vivendi tras varios encontronazos verbales, precisamente en los años en los que desde Bogotá, en estrecha alianza con el gobierno de George W. Bush y su lucha antiterrorista, se consolidaba la política de “seguridad democrática” orientada a enfrentar militarmente a los insurgentes, simpatizantes de Chávez, para llevarlos diálogo. Quedaron trazados unos límites que los dos presidentes cuidan, cada uno por sus razones, a sabiendas de que son provisionales y frágiles. “Chávez está respaldando a Colombia en todos los ámbitos, así como Colombia lo hace con Venezuela, siempre y cuando se respete la soberanía de cada país” ha dicho en estos días, después de una tormenta menor, el embajador en Caracas, Fernando Marín Valencia. Las razones políticas de Uribe están a la vista en el giro que ha dado a la cuestión del canje humanitario en las últimas semanas: sacar del estancamiento ese tema -sin ceder a las condiciones de la guerrilla y mientras sigue confrontándola militarmente- y tomar nuevamente la delantera política, nacional e internacionalmente, para consolidar y ampliar los avances militares y políticos antes del final de éste, su segundo y último período presidencial. La ofensiva internacional colombiana no admite distracciones; está centrada en mantener los apoyos económicos, militares y políticos para avanzar en la solución del conflicto interno, y en ampliar las oportunidades internacionales para la economía colombiana. Por eso el Presidente cuida personalmente las relaciones con el astuto y temperamental vecino oriental, tan interesado y activo en la política colombiana. Para Chávez –que siente que el dinero y el tiempo le sobran para esperar, o quizá “crear”, afinidades ideológicas– el principal freno político está en que, con todo y las dificultades, a Uribe y a los colombianos les va bastante bien.
Fecha: 29/05/2009 13:02. |