FIRMAS DE FaCES |
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Muestra de artículos de opinión de miembros de la comunidad académica de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad Central de Venezuela. No constituye una página oficial de la institución. Edita: Coordinación de Extensión FaCES-UCV. Director: Víctor Abreu. ¡Bienvenid@s! |
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Se muestran los artículos pertenecientes al tema culturales. 1/ ¿Y tú por qué no te callas, Guaicaipuro Cuautémoc? He dicho "¡Tierra!" y donde yo digo nadie más dice nada. Hoy 18 de octubre del 2007 celebramos otro cumplevida de Mateo Manaure. Se suma un nuevo año a los 80 de este fabulador de belleza, de este amoroso artesano del color y de la vida. El tiempo sólo consolida la validez de su trabajo, la gigante arquitectura de su obra, la vigencia planetaria de su mensaje. Sólo que inmersos como estamos en la oscuridad, solemos dejar pasar inadvertidos los resplandores más altos. Y es hora de ir en su busca. En esa mágica claridad de los suelos de la tierra, de las orinoquias, de las cuvisiones, de la almagama de colores que se derraman como ríos sobre la plataforma de un corazón en marcha, pueden establecerse los estatutos de nuestra estirpe, la hondura de nuestro designio, los deberes de la vida. Allí en la largura del trazo está escrito el destino del hombre, en la fusión de texturas y formas, está el secreto de nuestra risa, en las líneas rectas que se entrecruzan se conjugan los más extraordinarios horizontes de la alegría que pertenece por entero a la especie humana, tan defraudada por los fabricantes de sombras. Es el tiempo exacto para ir a rescatarlos. No hacerlo es como jugar a quedarnos ciegos para siempre, exilados de todo mediodía, ayunos de porvenir. Arte combativo y combatiente que escribe en cada tela una proclama libertaria, un expediente a los sepultureros de todos los signos y una convocatoria urgente a rescatar la vida que se nos desliza sin tocarnos. Detenerse en la obra de Mateo es rescatar la posibilidad de encontrarnos a nosotros mismos para convertirnos en hilo de un telar infinito que sirva para construirle un traje de humanidad a estos tiempos iracundos. Invitamos 1/ En medio del Parque Glavnyl Botaniceski todavía apunta a las estrellas el cohete que tripuló Yuri Gagarin, el primer cosmonauta. Desde allí usted sigue por la amplísima Jaroslavskoe Prospekt, ahora afligida por pésimas propagandas comerciales y congestionada de pacotilla de automóviles importados, hasta el Kremlin, que alza sus prodigiosas estrellas rojas contra el atardecer, para retratarse con algún haragán disfrazado de Lenin o de Stalin. Ante la muralla arde la llama por el Soldado Desconocido: por los veinte millones de soviéticos que murieron para salvar nuestras vidas del fascismo. Quienes abrieron las vías del espacio ahora importan chatarras. La llama perenne podría ser apagada para dar paso a una franquicia. Un mutilado veterano de Afganistán pide limosna, emparedado en letreros indescifrables. El elogio de la abundante producción editorial nacional que acompaña nuestros pasos sobre el siglo XXI se ha convertido, felizmente, en lugar común. No es sólo cuestión de cantidad -de suyo abrumadora- sino de la calidad de las obras que se han dado a la tarea de buscar las claves para comprender el país que somos, fuera del inmediatismo de las encuestas y el sobresalto noticioso. Esto se agradece a quienes, con seriedad y franqueza, con inspiración y sensibilidad, han mantenido un espacio y un tiempo inmunes al desaliento y a la tergiversación de lo que somos: desde la historia y la crónica, la novela y la poesía. También desde la geografía que redescubrimos en la obra del doctor Pedro Cunill Grau, venezolano por voluntad propia. En su libro más reciente me detengo. Por mucho que sugiera el título Geohistoria de la sensibilidad en Venezuela, bellamente editado por la Fundación Empresas Polar (Caracas, 2007), el texto y las ilustraciones desplegadas en sus quinientas veintisiete páginas no dejan de sorprendernos. El reconocido académico nos introduce -con ingenio y documentación sólo posibles en un estudioso de largo aliento- en una geografía completamente diferente a la muy habitual, rígida y cuantificable, que asimila lo geográfico a un telón de fondo que luce o desluce aventuras y desventuras, o bien (valdría decir peor, por el extremismo de su positivismo y visiones geopolíticas), a unas determinaciones que condicionan nuestro devenir por aquí y en el mundo. "Todo paisaje -escribe el doctor Cunill Grau- es interpretado y percibido variablemente por las geografías personales". Así lo aprendemos sus lectores en el recorrido por una grata ruta de vaivenes, de 1 Un viento de podredumbre sopla sobre la ciudad. El mal se extiende como lepra en las noches atormentadas de disparos que no condescienden a la hipocresía de los silenciadores. Barrio por barrio y casa por casa y conciencia por conciencia se libra la batalla del crimen organizado transnacional por las ricas industrias de la miseria: el préstamo usurario, el tráfico de drogas, la trata de personas, las casas de juego. Capitales sin nombre se legitiman comprando conciencias sin apellido. Los portones de la mansión erigida con fondos desconocidos se abren vomitando la caravana de autos blindados de procedencia problemática. Repletos de sicarios, guardaespaldas, tahúres, embaucadores, traficantes y esbirros, cruzan violentamente las esquinas entre el pánico y el desprecio de los ciudadanos. Uno tras otro frenan ante al gran edificio. Hacia las puertas ornamentales corren las escuadras de pistoleros. Con gestos convenidos se comunican cuando cada sector está tomado. La operación es perfecta. Nadie ha resistido. El mal siempre gana porque sus cómplices son la codicia o el miedo. En medio de la sala levanta la mano para legalizar el delito el diputado que promueve los casinos. 2 El diputado que promueve los casinos discursea sobre la ética, la honradez, la moral, las luces, la ideología, el sacrificio, el esfuerzo, el trabajo, los valores, la patria. Una ficha de juego salta del bolsillo del diputado que promueve los c Las vidas de otros es el título de una película reciente, hecha por el joven director alemán Florián Henckel von Donnersmack. La cinta narra un episodio de las vidas de dos grupos de personas durante los últimos 5 años de la República Democrática Alemana (1984-1989), aquella cuyo partido se llamada SED, acrónimo alemán de Partido de la Unidad Socialista. Uno de los grupos está integrado por intelectuales disidentes, el otro tiene la función de supervisarlos: son funcionarios del Servicio Estatal de Seguridad. La base sobre la que descansa el argumento es que este servicio había tejido una red de total supervisión sobre todos los ciudadanos del Estado, dentro de la cual el espionaje y la denuncia de cada quien contra cada quien son importantes mecanismos. De este modo, las vidas de unos y otros son siempre de otros, en tanto que entre los disidentes hay quienes participan -obligada o voluntariamente- de esos mecanismos y entre los funcionarios hay quienes simpatizan con, y hasta favorecen a, los disidentes (aunque los supervisen al mismo tiempo). Para mí, la parábola de una situación así es la m&aacut 1. Con perdón de los ensayistas: las estrellas del equipo de Nuestra América son narradores y poetas. Y no por falta de oportunidades al bate. Hojee el lector cualquier publicación cultural y la encontrará agobiada de enjundiosos tratados. Apenas por el qué dirán se admite un poema (breve) o un relato (brevísimo). Según algunos papeles literarios, poesía o narrativa no son literatura. Pues todo ensayista ejerce de crítico, y ningún jefe de redacción le rechaza un trabajo por pavos de la represalia. Otra cosa sucede con las editoriales, las cuales saben perfectamente que el público quiere versos y ficciones. Con ellos se llenan las librerías, a excepción de los manuales de autoayuda y los ensayos sobre el último grito de la moda cultural europea. 2. Género que pretende resolver enigmas, es el ensayo el mayor misterio de nuestras letras. Se estila rechazar como ensayo cualquier texto que demuestre de manera científica lo que afirma. Si adem&a Esta fue una ocasión particularmente extraordinaria. Asistimos a la conjunción de tres esfuerzos gigantes: La Orquesta Sinfónica de la Juventud Venezolana, el pianista Sergio Daniel Tiempo y el conductor Gustavo Dudamel. Dos obras: Chopin y Mahler. Tres tiempos, tres formas diferentes de invocar la vida y dos resultados que se inscriben en el hoy, con fuerza inusitada y poder infinito. Chopin, en su concierto No.1 para piano, nos regala una melodía, que atraviesa todo el concierto, dibujando el amor y la melancolía con el ímpetu de un corazón que sueña. Mahler es otra dimensión. Se conjugan en él la acuarela de todos los sentimientos a través del lenguaje de cada instrumento, como un expediente que recoge el misterioso regalo de la vida, como un cauce abrupto de penas y estallidos, alegrías y ternuras, que se insertan en la gran tragedia del hombre. Daniel, a quien ya habíamos escuchado la semana pasada con el tercer concierto para piano de Beethoven, dejó una vez más plasmadas las posibilidades creadores de quien, más allá de la técnica, se sabe a sí mismo, no sólo intérprete de un compositor, sino recreador él, en este tiempo, de su majestuosa voluptuosidad. La Orquesta es el asombroso ensamblaje de jóvenes que en su poder de convicción, en su entrega a la canción, la intensidad de sus fuegos, son capaces de abordar cualquier obra con la misma pasión y seducción. Se rompen los mitos de las tradiciones. N Poetas, prosistas, provocadores Todos hemos escuchado, alrededor de esta sociedad globalizada, la feroz crítica contra el “Pensamiento único”, etiqueta que se encuentra especialmente dedicada a caracterizar una imagen particular del “neoliberalismo”. Muchas veces quien levanta el índice acusador contra la imposición de este “Pensamiento único”, tiende a dirigir una mirada, entre comprensiva y halagadora, incluso hagiográfica, hacia los regímenes que existen en Cuba, Corea del Norte o Irán; incluso se ha visto casos en los cuales las arengas contra el pensamiento único son lanzadas desde capitales tan representativas como La Habana o Pyongyang. ¿De qué estamos hablando? |