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FIRMAS DE FaCES

Si yo fuera el Presidente Chávez / Ignacio Avalos Gutiérrez

Si yo fuera el Presidente Chávez / Ignacio Avalos Gutiérrez

I.

     Estaría contento por lo del domingo, aunque no haya llegado hasta los diez millones de votos.

      Muy contento por haber logrado una victoria sin sofocos, cantada con bastante antelación por las empresas encuestadoras más serias.

      Muy contento por haber ganado en todos los estados, incluso en el Zulia.

     Pero no me creería que tengo al país agarrado por el mango.

      Ni que hay Chávez para rato.

      Tampoco que el 2021 empieza a quedar demasiado cerca para mis proyectos. 

II.

     Admitiría que las cifras no dan para la arrogancia.

     Reconocería que le gané la batalla a un adversario débil.

     Un adversario que sólo logó organizarse a última hora, faltando apenas tres meses y pico para el día de las elecciones.

     Un adversario que tenía sobre su espalda el fardo de casi ochos años de desaciertos, unos cuantos muy gruesos.

     Un adversario sin identidad, sin símbolos, con un mensaje político casi limitado a una tarjeta de débito, señal de que no termina de leer al país en la perspectiva de los eslabones más débiles de nuestra sociedad.

     Un adversario con un candidato que tenía, sobre todo, características de tractor.

     Reconocería, entonces, que en esas condiciones el cuarenta por ciento de la votación no es tan poca cosa.

     Me daría cuenta, asimismo, que el sesenta por ciento tampoco es tan mucha cosa.

     Pensaría en la posibilidad de que, como dicen en el fútbol, se trate de un resultado mentiroso : a pesar de lo que deja ver la aritmética electoral, yo no estoy tan fuerte ni ellos no se encuentran tan débiles. 

III.

     Advertiría mucha heterogeneidad entre quienes me apoyan, muchas motivaciones distintas, discrepancias profundas y lealtades muy variables

     Me daría cuenta del apoyo que muchos me dan por última vez, considerando que ocho años es demasiado tiempo para seguir firmando cheques en blanco.

     Del apoyo, por ahora, de los que se han empezado a desilusionar, los que sufren el desempleo, la inseguridad, la falta de vivienda, los que no entienden la corrupción en un gobierno que dijo lo que dijo de ella al comienzo de su gestión

     Del apoyo a regañadientes de mucha gente que hubiese votado por la oposición si hubiese  visto en ésta algo más que la tarjeta Mi Negra.

     Estaría conciente, así pues, de que para no pocos electores estoy empezando a representar la condición de mal menor. 

IV.

     Sabría que en algún momento el pueblo me pasará la factura que ahora pagan sólo mis ministros, la hora esta cerca, ya se ven los primeros indicios.

     Miraría con preocupación las manifestaciones populares en contra del gobierno, cada vez más numerosas y por lo general promovidas por sectores chavistas.

     Tomaría en cuenta la fuerte discrepancia de una gran parte del la sociedad, incluídos muchos de mis partidarios, con respecto a las tesis que rodean el proyecto del “Socialismo Siglo XXI”.

     Observaría con cuidado el rechazo a mi autoritarismo, a mi lenguaje agresivo, a la idea del partido único, a la re-elección indefinida, de nuevo incluso entre mis partidarios.

     Estaría conciente de que mi liderazo, si bien continúa teniendo razones afectivas importantes, tiene bases cada vez más clientelares y que esto lo vuelve más débil.

     Volvería a mirar las razones por las que el pueblo votó por mi en el año 98, creo que las estoy relegando.

     Bajaría un poco el tono revolucionario : no se compadece con la situación de un país que en estos años no ha modificado un ápice la distribución de la riqueza, según yo mismo lo declaré en una entrevista.

     Tendría muy en cuenta lo que me dijo Lula : en el segundo gobierno los electores se vuelven muy exigentes, perdonan menos.

     Aunque suene paradójico, este triunfo electoral debería tomarlo como ocasión para reflexionar y cambiar, no debe entenderlo que voy bien por donde vengo. 

V.

     Admitiría que el grueso de la oposición tomo, sin dudas, el cauce democrático.

      Valoraría el hecho de que Rosales haya llegado hasta el final, a pesar de que yo mismo apostaba a que se retiraría, tratando de darle un manotazo al tablero y dejaría de lado la pendejada de seguir señalando a esta oposición electoral como golpista.

      Recordaría que, si bien la democracia es el gobierno de las mayorías, se caracteriza por su respeto a las minorías.

      Sabría, por tanto, que no tengo excusa para no hablar con esa minoría tan grande, para no consultar con ella, para no negociar con ella, esto es, para no hacer todo lo que en un régimen democrático hacen normalmente el gobierno y la oposición.

      Me preguntaría si no sería bueno que esa casi mitad del país tuviera la posibilidad de expresarse políticamente, que no fuera una olla de presión, y si, en este sentido, no sería un gesto inteligente explorar todos los mecanismos posibles para  que ello se diera.

      Estaría persuadido de que desde el punto de vista político, el país no puede seguir siendo el mismo después del tres de diciembre. 
 

Profesor de la Escuela de Sociología. El Nacional, 6-12-2006.

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