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FIRMAS DE FaCES

El frente antiinflacionario / D. F. Maza Zavala

El frente antiinflacionario / D. F. Maza Zavala

El Ministro de Finanzas, Rodrigo Cabezas, anunció la puesta en práctica de un conjunto de medidas y disposiciones tomadas en coordinación por el Ejecutivo Nacional, el Banco Central de Venezuela y, en ciertos aspectos, la Asamblea Nacional, para combatir el impulso inflacionario que ha tomado fuerza desde el segundo semestre del año pasado, y que parece continuar el presente año.

Tales propósitos son indispensables, aunque es bueno decir que la lucha contra la inflación debe ser preocupación permanente de los poderes del Estado, aunque la ley le asigna principal responsabilidad al BCV.

También es conveniente indicar que ese frente debe comprender las instituciones representativas del sector privado y de la sociedad civil, en un país como Venezuela, en que estos factores participan en proporción determinante en todos los aspectos de la vida nacional.

Las medidas anunciadas en términos generales comprenden las de orden monetario, fiscal, financiero, administrativo, social y de la economía real (producción, inversión, ahorro, consumo, empleo), sin dejar de lado el régimen cambiario.

La inflación es un fenómeno multifacético, complejo, mimético, si se quiere, aunque algunos factores son más incidentes que otros. Por su inmediata influencia y observación, se sitúa en primer lugar la elevada liquidez monetaria, que se atribuye al nivel considerable de ingresos petroleros –por intermedio del gasto público y de la industria del ramo- y al control de cambio que implica un cierto represamiento de medios de pago.La liquidez potencial –fondos líquidos o liquidables poseídos por entes públicos y depositados en instituciones financieras y en el Banco Central, sin incorporarse al circulante- es una variable a tener en cuenta en el análisis de la inflación.

El crédito al consumo tiene un efecto secundario en la dinámica monetaria del país, así como el aumento de la demanda de los consumidores, estimulado por mayores ingresos derivados de los programas sociales del Gobierno y el empleo de fuerza de trabajo.

Las imperfecciones manifiestas del mercado, que dificultan y hacen más costoso el abastecimiento de bienes, así como el deficiente funcionamiento de los servicios, contribuyen al fenómeno que se trata. No está de más mencionar los brotes especulativos que siempre están presentes, favorecidos por la escasez de ciertos productos.

No obstante lo anterior, hay que hacer énfasis en que el desequilibrio fundamental entre la oferta y la demanda de bienes y servicios, de índole estructural en nuestra economía, es la causa real, en última instancia, de la inflación.

Este desequilibrio se atenúa mediante la importación, y es facilitada por la apreciable disponibilidad de divisas extranjeras y la persistencia de un tipo de cambio fijo nominal en el mercado controlado.

Pero sucede que, precisamente, la importación restringe el crecimiento de la producción interna y, de cierto modo, debilita la disposición a fortalecer las fuentes propias de la oferta de bienes.

Por tanto, uno de los propósitos del frente antiinflacionario, de largo alcance, debe ser la promoción de la producción, así como el oportuno y suficiente abastecimiento del mercado en bienes esenciales.

No debe subestimarse la conveniencia de una campaña comunicacional de orientación e información a los consumidores, que incorpore estímulos específicos al ahorro y la racionalización del gasto en orden a la jerarquía de las necesidades.

El Nacional, 14-02-07.

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