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FIRMAS DE FaCES

La venganza de la ramera / Ignacio Avalos Gutiérrez

La venganza de la ramera / Ignacio Avalos Gutiérrez

I. Hace más de tres décadas los climatólogos lo dijeron por primera vez, pero el mundo les creyó como se les cree a los adivinos: un poquito, por si acaso y por no dejar. O como a los que anuncian el estado del tiempo: aunque digan que va a llover al día siguiente, nadie siente la necesidad de salir con su paraguas.  Sin embargo, con el paso de los años los estudios de los investigadores se fueron afinando poco a poco y las consecuencias, por otro lado, se hicieron más visibles, la naturaleza lucía desacomodada, como si estuviera de mal humor.  Hubo conferencias, reuniones y acuerdos de distinta índole, siempre con olor a  letra muerta. Las dudas hacían de las suyas: se confrontaban teorías, se cuestionaban cifras y se ponían en remojo las conclusiones a fin de suavizar temores y  urgencias. Mientras tanto cada país prefería preocuparse del crecimiento de su respectivo PIB, ¿ a quien diablos le importaba el dióxido de carbono?. 

II. Hoy en día, la mala noticia despuntada por los adivinos de entonces ha sido confirmada. Luego de  un largo y extenso trabajo, 2.500 científicos de más de 130 países, involucrados en el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático, han concluido en su cuarto informe, que, si nos quedamos de brazos cruzados, a mediano plazo se elevará la temperatura planetaria promedio entre 2 y 4,5 grados, lo cual parece poco, pero es muchísimo.  Las consecuencias, avisan, podrán ser muy graves, dicho sea sin exagerar. En suma, tendremos un planeta sombrío, mal amueblado para la vida, sobre todo, ¿habrá que advertirlo?, en los países pobres.   La opinión de estos investigadores, dada a conocer la semana antepasada, indica –y seguramente es ésta su aseveración política de mayor trascendencia -  que el recalentamiento del planeta es, sin duda, un hecho imputable a la acción humana.

III. Cómo podría haber escrito Marx, un fantasma recorre el mundo, el fantasma del dióxido de carbono. La naturaleza, a través de los científicos, nos dado a conocer, así pues, su ultimátum. Corremos o nos encaramamos, tal es el mensaje que los terrícolas parecieran estar entendiendo.  En el Foro Económico Mundial de Davos, un escenario que por lo general le presta atención a otras cosas, la contaminación debida al petróleo, al gas y al carbón encabezó la lista de los temas importantes en la actualidad ( a pesar, por cierto, de que una reciente encuesta revelaba que el 60% de los ejecutivos de las principales empresas del mundo no se siente especialmente preocupada por este asunto).  Y hasta el propio Presidente Bush, siempre reacio a tragar el tema, ha aparentado entrar por el carril de las preocupaciones medioambientales, aún cuando muchos quisieran verle gestos  convincentes, como eliminar los subsidios masivos otorgados a la industria petrolera, apenas un ejemplo entresacado de una larga agenda de asuntos pendientes. Lo cierto es, pues, que hay ahora una mayor conciencia global respecto a la gravedad del problema y es indudable que el Protocolo de Kyoto, el más  grande esfuerzo hecho hasta ahora para poner ordenar el desorden, ha tomado un segundo aire.

IV. Tan lejos como el año 1620 Francis Bacon escribió que la misión de la ciencia era convertir al hombre en el dueño del universo.  Criticando a los griegos (“su sabiduría abunda en palabras, pero anda escasa en hechos”), el influyente intelectual inglés no miraba a la naturaleza como algo sagrado, sino como una “ramera colectiva” y proponía “sacudirla hasta sus cimientos” con el fin de “expandir los límites del imperio humano hasta hacer realidad todas sus posibilidades”. De estos lodos nos vienen, así pues, estos polvos contaminados de dióxido de carbono. El vaticinio de los científicos nos pone por delante, entonces, una tarea gorda : no se trata sólo de ponerle filtros a las chimeneas, sino de cambiar la lógica desde la que nos aproximamos al medio ambiente. Así las cosas, la responsabilidad de los terrícolas debe abarcar ahora al cuido de toda la biosfera ya que existe la posibilidad de poner en peligro la vida futura en el planeta.  Concebir la naturaleza como un patrimonio común que deben heredar las futuras generaciones es el mandato de una nueva ética que rebasa las relaciones interhumanas inmediatas y se proyecta hacia el futuro.  Asoma, según algunos filósofos, una “etica del entorno”. Llegar a un consenso mundial  para el custodiar el ambiente no es cosa sencilla. Para muchos se trata del mayor desafío que se le presenta al sistema político internacional y en donde la decisión colectiva es necesaria, a sabiendas de que las acciones que hoy se reclaman  solamente verán resultados a mediados de siglo. Es que, como se sabe, el dióxido de carbono no conoce de fronteras, ni geográficas, ni generacionales.

HARINA DE OTRO COSTAL / Hoy en día la vida transcurre dentro de un montón de contraseñas.  Sin ellas uno anda perdido. Las hay para muchas cosas, imprescindibles todas : para entrar al computador y acceder al correo electrónico, para sacar dinero del telecajero o constatar por teléfono si con lo que tenemos en la cuenta llegamos hasta el final de mes, para desbloquear el celular, para comprar por Internet, para leer algún periódico o revista a través de la web, para abrir  candados de maletas, puertas o cajas fuertes. Cada quien debe, así pues, inventarse sus distintas claves, alrededor de una decena, conforme a una doble exigencia básica, casi contradictoria.  Las mismas deben ser fáciles de recordar, pero a la vez difíciles de precisar por parte de algún haker interesado en husmear en nuestra privacidad o expropiar nuestros ahorros.  Los expertos nos recomiendas, además, que nos las aprendamos de memoria, y las cambiemos cada cierto tiempo, uno nunca sabe, dicen, si alguien te esta cazando. Así las cosas, un amigo mío dice que las personas de mala memoria están fregadas en esta época, lo cual no deja de ser paradójico: estamos viviendo una revolución tecnológica  dirigida a reforzar nuestras capacidades intelectuales.

El Nacional, 14 de febrero de 2007

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