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FIRMAS DE FaCES

Misión de los educadores hoy / Ocarina Castillo D'Imperio

Misión de los educadores hoy / Ocarina Castillo D'Imperio

«La educación cambiará si lo hace el profesorado»
«Las cosas no sólo son interesantes porque sí, sino porque nos afectan de algún modo en la vida cotidiana. Esto es necesario tenerlo en cuenta para saber estimular en el alumnado el interés por la ciencia.» (Manuel Toharia)

No es fácil ser un buen maestro en el mundo de hoy. Esta dificultad obedece a razones de diversa índole: por una parte la existencia de procesos como la globalización y el desarrollo de la sociedad del conocimiento, que nos colocan ante un mundo en permanente incertidumbre, en el que los paradigmas otrora seguros y estables, hoy se presentan sometidos a confrontaciones e impugnaciones. Por otra, el desarrollo de las ciencias, en particular las relativas a la información y comunicación, nos colocan en un mundo instantáneo, en el que asistimos en medio de la mayor inmediatez y desconcierto a los más inusitados sucesos; la innovación tecnológica avanza a tal velocidad que la obsolescencia de equipos, instalaciones y herramientas tan sólo es comparable con la de los conocimientos, cuya vida útil se estima hoy en cinco años. De tal manera que para  nuestros niños y jóvenes resulta inconcebible un mundo sin computadoras, Internet, juegos electrónicos, celulares, iPods, TV por cable y otras finezas propias de la cultura “ON- OFF”. 

Los avances de las neurociencias en las últimas décadas han ampliado significativamente el panorama respecto a  nuestras potencialidades, abriendo nuevos espacios y posibilidades para la innovación y la creación. Los descubrimientos del funcionamiento y las funciones de ambos hemisferios cerebrales, la existencia del “cerebro triuno” y del sistema de inteligencias múltiples, la interacción constante entre los procesos de autoconciencia y los sistemas cognitivo y afectivo, la importancia que se otorga a la estimulación precoz y al aprendizaje temprano, el conocimiento de las posibilidades con las que contamos para almacenar y procesar información aunados a los hallazgos respecto a la localización de los procesos de la percepción, son avances que retan nuestra función como docentes, en la medida en que redimensionan las posibilidades del espacio y del acto pedagógico.

También en lo que pudiéramos llamar el “paradigma del aprendizaje” se han introducido nuevas significaciones: se insiste en la educación para la vida y a lo largo de la vida; de aprender a aprender, a desaprender y a emprender; de educación integral; de aprendizaje centrado en competencias y en el estudiante y de aprendizajes significativos; se reivindica la interacción entre el espacio de formación (llámese escuela, liceo o universidad) y su entorno más próximo.

Por otra parte la realidad social nos exige una mirada atenta a muchos de sus más apremiantes problemas: la desigualdad y la exclusión, la cultura de la violencia, el surgimiento de actitudes como la improvisación, el arrojo y la viveza por encima de otras como el  trabajo, el cultivo del conocimiento y la paciencia; al impacto cultural que ejercen todos estos cambios científicos, tecnológicos y humanísticos en niños y jóvenes. En este contexto, también los jóvenes reclaman el tránsito de una educación centrada en una concepción “bancaria” e informativa, a otra más comprehensiva y formadora, en relación con los problemas y el mundo de hoy.

Invocamos entonces una educación más centrada en los valores que en los procedimientos, más comprometida con la responsabilidad social y la formación de ciudadanos que dispongan de las herramientas necesarias para la conciliación, el ejercicio del liderazgo responsable, el respeto a la disidencia y el cultivo del pensamiento crítico.

Para cumplir con semejante tarea es necesaria una redefinición de las funciones y actitudes de los formadores, la cual -desde nuestra perspectiva- debe atender a los siguientes aspectos:

·        La comprensión del sistema educativo como un continuum, una totalidad cuyas partes son interdependientes y vinculantes.

·        La definición del educador no como un transmisor de informaciones, sino como un “pasante de sentidos” (1), un mediador entre la interioridad del individuo, sus valores y el mundo que lo rodea; entre saberes y conocimientos ya sean éstos científicos, humanísticos, artísticos o espirituales; un articulador de lo “esencial” en los diferentes tipos de conocimiento: el criterio de verdad y la rigurosidad metodológica en el caso de la ciencia,  la búsqueda afectiva,  sensorial y comunicativa en el caso del arte y la trascendencia y la interioridad en la dimensión espiritual.

·        Ser un educador que aprende, es decir en permanente interrogante, en búsqueda de respuestas y de nuevas preguntas, que no se paraliza ante la duda y la incertidumbre, sino que es capaz de motivarse y de motivar a descubrir y se interesa en la actualización, renovación y reciclaje de conocimientos.

·        Que sea capaz de sintonizarse con las sensaciones, emociones, afectos, palabras y  códigos culturales de los jóvenes y de la comunidad en la que vive, para comprenderlos y para actuar, en el entendido de que el fin último de la educación es la transformación.

·        Un docente que se acerque a la realidad con una mirada desde la complejidad y no desde la simplificación falseadora, que propicie los enfoques interdisciplinarios y que comprenda que los curricula de hoy están llamados a favorecer el diálogo de las disciplinas, la transversalidad de los conocimientos, la flexibilidad y el trabajo colectivo así como la apertura a las nuevas tecnologías.

·        Pero muy especialmente se requieren docentes que sean “pedagogos de ciudadanía”, que a través del ser y sobre todo del “hacer” dicten cátedra sobre los valores, la convivencia, la democracia, el diálogo, la ecología y la integridad, que asuman que la educación es un espacio intercultural, interreligioso,  interétnico, un  lugar de encuentro y diálogo para aprender a vivir. Que ante el individualismo y la masificación sepan abrir cauces para la solidaridad y la esperanza, para decirlo en palabras del filósofo Olivier Reboul,  la educación se nutre de valores y ellos “... son lo contrario de la indiferencia”.

NOTAS:

1/ René Barbier: El Educador como “passeur de sens”. Comunicación al Congreso Internacional ¿Cuál Universidad para mañana? Hacia una evolución transdisciplinaria de la Universidad, Locarno, Suiza, 1997.

Coyoacán, febrero 2006.

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1 comentario

anai -

TE AMO JESUS
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