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FIRMAS DE FaCES

El arquetipo de la Posada de los Hobbits / Armando Córdova Olivieri

El arquetipo de la Posada de los Hobbits / Armando Córdova Olivieri

En la dinámica de sistemas se usan los llamados arquetipos para la ilustración de ciertas situaciones notables en la taxonomía del comportamiento de los sistemas. Los arquetipos son algo parecido a las parábolas de las Santas Escrituras.

En esta ocasión, para los fines expositivos de la presente reflexión, me referiré en forma particular al arquetipo tolkiniano de la Posada de los Hobbits.

En algún pueblo lejos de la comarca, allí donde moran los hombres, había una posada donde se hospedaban los peregrinos en su efímera estadía. Un buen día llegó a la posada, un hobbit sediento y cansado atraído por las festividades que anualmente se hacían en ese pueblo durante la primavera. Desde la calle, el bullicio y la música  entraban de manera estridente a la recepción de la posada. Al frente de nuestro personaje, se erguía imponente un enorme mostrador que casi lo doblaba en estatura.

Se le ocurrió que una fría cerveza sería el mejor remedio para calmar su sed y se dispuso a saltar para ver si había alguien detrás del mostrador, mientras gritaba ¡una cerveza!

Brincó y gritó varias veces pero, ni el ruido de afuera, ni la altura del mostrador le permitían apreciar si era escuchado por alguien al otro lado,  hasta que decidió rodearlo para constatar si efectivamente había alguien detrás del mismo y, para su sorpresa y la de usted inclusive, mi querido lector, del otro lado del mostrador había otro hobbit que saltaba gritando ¿cómo la quiere?... ¿cómo la quiere?

Ahora bien, ¿Cuál es la enseñanza oculta en este arquetipo?

En este caso, se trata de una situación, que mientras ninguno de los involucrados haga nada por cambiarla ni se calma la sed y ni se vende la cerveza.

A mi juicio, nuestro país atraviesa por una situación similar a la de la posada: un aparatoso mostrador se yergue entre dos concepciones acerca del futuro de nuestro país y ninguno de sus seguidores está dispuesto hacer algo por mitigar los obstáculos para posibilitar la comunicación. Es necesario que alguno de los involucrados se detenga a reflexionar para actuar en consecuencia. Cabe preguntarse entonces, qué significado tiene la palabra reflexión para cada uno protagonistas de nuestro drama.

Creo que para ambos, siendo ésta muy probablemente la única conclusión común para los dos actores, la reflexión conduciría a la toma de conciencia de los enormes costos sociales que implicaría un eventual fracaso del presidente Chávez. La magnitud y alcance de las funestas consecuencias del escenario planteado son insospechadas por algunos y subestimadas por la mayoría.

Planteado en esos términos, es menester que por el futuro de nuestro gentilicio, hagamos un alto, bajemos el volumen y derribemos el mostrador para vernos las caras frente a frente y reconozcamos en el otro nuestra imagen y semejanza. El bien de ellos,  es el nuestro, y el propio, de otros, independientemente de quien seamos nosotros, porque a fin de cuentas, nosotros somos todos y hago énfasis en que el tamaño de ese “todos” trasciende con enormes creces las fronteras nacionales.

Dicho esto, hagamos ahora la pregunta de qué significa en uno otro caso derribar el mostrador.

Aquí, y ahora si se hace impostergable la toma de partido, sin entrar en detalles acerca de las características particulares del régimen socioeconómico objetivo del cambio sistémico gradualista  que actualmente se ensaya hay algo muy importante de señalar: hasta ahora no se ha evidenciado en forma alguna que estemos haciendo algo por lograr la absolución de nuestro pecado original de nuestra enorme dependencia de la renta petrolera y, me atrevería a decir, que ese rasgo pecaminoso se ha incrementado en forma peligrosa durante los últimos ocho años. Es decir, de una economía de mercado altamente dependiente y distorsionada en su funcionalidad por la renta petrolera, nos dirigimos hacia una nueva forma de organización socio-económica cuyo futuro aún no podemos vislumbrar sino en forma de vagos espejismos ideológicos.

Adicionalmente a lo anterior, hay que mencionar que esa apuesta está siendo financiada con recursos colectivos de acuerdo al criterio y a la voluntad discrecional de una sola persona, sin que pueda evidenciarse uso “eficiente” de los recursos petroleros en términos de las metas que se persiguen. 

De modo que urge una revisión minuciosa y “calificada” seguida de una enmienda en la acción, porque de lo contrario, en forma conclusiva me atrevo a afirmar, que el futuro del planeta está involucrado en el éxito o fracaso de la apuesta de los venezolanos.

(Enviado el 17-02-07.)

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2 comentarios

Africa -

Brillante como siempre

Eduardo Gavotti -

Muy bueno! cuando empecé a leerlo no pensé que más adelante me encontraría con una analogía a la situación actual, que concuerda con lo que he venido pensando ultimamente: hay un problema de reconocimiento muy grande en nuestra sociedad, y nosotros mismos debemos buscar la conexión entre los extremos o de otra manera el entorno se seguirá transformando a favor del rumbo que está tomando el país, el cual es desconocido por muchos a mi manera de verlo, y eso es peligrosísimo. Saludos.
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