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FIRMAS DE FaCES

La doctora San Blas, el doctor Claudio Mendoza, la libertad de pensamiento y el delito de opinión / Amalio Belmonte

La doctora San Blas, el doctor Claudio Mendoza, la libertad de pensamiento y el delito de opinión / Amalio Belmonte

“La investigación  de la verdad científica, emancipada  de los intereses  prácticos  de la vida cotidiana, debería ser sagrada para cualquier  poder estadual, y es de sumo interés para  el  mundo  que a los sinceros servidores  de la verdad  se les deje en paz y tranquilidad” (Albert  Einstein, carta que denominó Fascismo y Ciencia, dirigida al ministro Roco, encargado por Mussolini  para  exigir a los científicos, profesores e intelectuales, fidelidad al sistema fascista).

Recientemente la Dra. Gioconda San Blas fue incorporada a la  Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales. Es la primera mujer que recibe este reconocimiento  que dignifica a la  Academia venezolana. Su discurso de orden recogió muchos de los  retos y amenazas que vive el país. Dedicó especial énfasis a  las  políticas  oficiales relacionadas con la educación, propiciadoras del pensamiento único y la ideologización forzada, expresadas a través de distintos programas,  que incluyen, ahora, el denominado “Motor Moral y Luces de la Revolución“, para crear el fundamento ideológico del gobierno como alternativa ante los supuestos antivalores de la educación burguesa (Adán Chávez dixit), para corregir los efectos negativos sobre la  conciencia nacional, de acuerdo al discurso de los voceros gubernamentales.

Apreciamos en las palabras de esta distinguida académica venezolana el reconocimiento a los inmensos aportes del esfuerzo generado por las universidades y centros de investigación para consolidar la masa crítica de la ciencia producida en el país, contraviniendo la prédica oficialista que propugna una ciencia popular, para lo cual serían prescindibles el trabajo sistemático, los méritos y las competencias. Una ciencia con “pertinencia oficial” o una educación para formar los valores del Socialismo del Siglo XXI, no requiere esas cualidades y procedimientos.

La Dra. San Blas ilumina los desafíos que tienen los centros  productores de  conocimientos  y sus argumentos refutan la precariedad e inconsistencia de las políticas oficiales, puestas de manifiesto en las últimas intervenciones públicas del Ministro Adán  Chávez cuando niega el papel de la educación para elevar socialmente a las personas y al colectivo social, por cuanto ello sería otra “desviación pequeño burguesa”.

Un hecho muy elocuente de las dificultades que comienzan a observarse en los medios académicos, ocurrió en el Instituto de Investigaciones Científicas  (IVIC) cuando la directiva de ese organismo destituyó al doctor Claudio Mendoza, destacado y respetado físico venezolano, de la jefatura del laboratorio de Física de Computación por haber emitido declaraciones sobre la posibilidad que tendría Venezuela para fabricar una bomba nuclear. Esta opinión, en palabras de Máximo García Sucre, director del IVIC, les  llevó a la conclusión de que el doctor Mendoza nos les merecía confianza: “Tenemos  derecho a escoger la gente con la que vamos a trabajar, por lo demás no quiso recapacitar”. Se instaura así el delito de opinión en la academia venezolana, para amedrentar el pensamiento crítico y la libertad de conciencia.

Adelantándose a este irrespeto contra  la excelente trayectoria de uno de los más destacados físicos del país,  dijo la doctora Salas en enero de este año: “Me angustian los oscuros nubarrones que se ciernen contra la indispensable y enriquecedora libertad de expresión y cátedra, niebla que lentamente, pero sin pausa, parece estar penetrando estos rincones académicos y universitarios para impedir que de ellos emerjan ideas y pensamientos diversos, a ser libremente contrastados con el solo auxilio de la razón.” Rechaza, como eminentes colegas suyos en el pasado, la pretensión de desconocer y descalificar la contribución de la Academia y de los científicos venezolanos con el país. Tampoco admite someter  la producción conocimientos, cultura y tecnología a los dictados de un Estado omnipotente que, en nombre de valores superiores, pretende condicionar la libertad  académica, la libertad  de cátedra y la misma autonomía universitaria: “Ya desde las más altas esferas del poder se nos amenaza explícitamente y sin remilgos con un inevitable conflicto con los centros del saber. Hablamos de la necesidad de hacer ciencia pertinente, es decir, aquella orientada hacia las necesidades inmediatas del país, siempre y cuando los fríos datos experimentales no resulten políticamente impertinentes, es decir, opuestos al contenido del discurso oficial“.

La comunicación del gran  Albert Einstein al Ministro encargado de la ciencia del  régimen de  Mussolini coincide en su fundamento con el discurso de la doctora San Blas, y valora su empeño por defender el derecho de los científicos a tener y defender sus propias convicciones, sin otra exigencia distinta a su probidad intelectual.  

El discurso completo de la Dra. San Blas se encuentra en:    http://www.sanblas-mycology.org/presentaciones/academia

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