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FIRMAS DE FaCES

Del trueque a la barbarie / Emeterio Gómez

Del trueque a la barbarie / Emeterio Gómez

Regresar a la forma en que los hombres prehistóricos resolvían sus necesidades

El primero y el menos grave de los cuatro errores en que incurren Haiman El Troudi y Juan Carlos Monedero -en los tres párrafos suyos que citamos el domingo pasado- atañe al trueque. Agradezco a los lectores que han respondido por el mail detectando dicho error; y me disculpo por no poder responderles individualmente; mi disponibilidad de tiempo, gracias a Chávez, se ha reducido a cero.

El párrafo

Reproduzco completo un párrafo del cual cité sólo algunas frases: "Allí donde se produce directamente para el consumo, donde los productos no ingresan a un circuito comercial, puede decirse que esta producción no cae dentro de la esfera capitalista. Por ejemplo, las formas de trueque, que tanta relevancia tuvieron en algunos contextos (véase como muestra la crisis económica argentina), son especialmente lesivas para el capitalismo, pues rompen con su lógica¿ pues en situaciones de relativa complejidad pueden generar efectos óptimos en comparación con las formulas capitalistas de mercado" (Empresas de Producción Social, pág. 117).

Hay dos errores -cada uno más grave que el otro- en ese párrafo. Antes que nada, el trueque es una restricción profunda al desarrollo de las fuerzas productivas; es decir, a la capacidad de producir bienes y servicios ¡¡la única forma de combatir la pobreza!! Que es a su vez el objetivo sagrado de Chávez. Regresar al trueque es regresar a la barbarie. En sentido estricto: regresar a la forma en que los hombres prehistóricos resolvían la necesidad de aprovechar las inmensas ventajas del comercio.

Marx mismo -citado por El Troudi y Monedero- es muy duro para con el trueque: hay que superarlo, hay que impulsar el desarrollo de las fuerzas productivas, porque sólo así es posible alimentar a la Humanidad y, sobre todo, a los más pobres. Nada de lo cual excluye que, eventualmente, como en el caso argentino, se apele a él. Tratemos de imaginar lo que sería una economía mundial como la de hoy, un mercado global, centrado en el trueque.

Pero este primer error -por grave que sea- es irrelevante. Porque atañe a la esfera de la experiencia, esto es, del mundo empírico. Porque no se ubica en el plano de la lógica. En el mundo empírico usted puede cometer errores ¡¡y aferrarse a ellos!! Cualquiera puede decir: "okey, yo acepto un desarrollo menor de las fuerzas productivas, acepto un nivel de producción muy inferior al que podríamos tener, o sea, yo prefiero que los pobres pasen hambre, con tal de no caer en la alienación capitalista". Usted puede ¡¡preferir!! una cosa o la otra.

En el plano de la lógica, los errores no son así, ¡son inapelables! Contradicciones radicales frente a las que no se puede preferir nada. Usted no es libre para aferrarse a un error lógico¿ a no ser que quiera hacer el ridículo. Planteamos a los lectores -y a los cursantes de los lunes- el siguiente problema: trate de identificar la inapelable contradicción lógica contenida en este fragmento: "Allí donde se produce directamente para el consumo, donde los productos no ingresan a un circuito comercial¿ Por ejemplo, las formas de trueque, que tanta relevancia tuvieron en algunos contextos¿".

¿Cómo harán Monedero y El Troudi para que su trueque no sea un intercambio comercial, es decir, para que toda la producción se consuma directamente? ¿Cómo harán para que aquél no genere un valor de cambio? ¿Será que -entusiasmados por el inmenso poder que Chávez tiene- quieren cambiar el significado milenario de la palabra trueque?

El Universal, 18-02-07.

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