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FIRMAS DE FaCES

Inversión social y sostenibilidad / José Gregorio Vieira

Inversión social y sostenibilidad / José Gregorio Vieira

Desde hace un tiempo importante se ha superado la visión tradicional de definir a los distintos recursos y capitales que se utilizan para la atención de las necesidades de los sectores mayoritarios de la población como Gasto Social. Hoy se habla con absoluta propiedad de “Inversión social”, lo cual da desde el punto de vista conceptual, una noción que permite comprender que dicho proceso no está dirigido a la creación de riquezas y lucros particulares. Por el contrario, con profunda fundamentación, se habla de “Inversión social”, en la medida que la misma debe permitir la creación de un “Capital Humano” y la satisfacción del conjunto de necesidades sociales por los que atraviesan los sectores excluidos de una adecua distribución de la riqueza Nacional. En consecuencia, hablar de dicho término significa garantizar el inicio y avance de una estrategia de desarrollo social sostenida y no meramente coyuntural.

Es sólo en ese contexto que podemos hablar de “Sostenibilidad Social”, es decir dicho en otros términos, se trata de comprender que las acciones sociales que realmente intentan actuar sobre las causas y no sólo sobre las consecuencia, requieren de un cuadro de estrategias que permitan de manera real, alcanzar los objetivos deseados con altas posibilidades de que las transformaciones generadas vayan más allá de los momentos donde se realizan las inversiones. Dichas estrategias deben implicar de manera necesaria, un conjunto de procesos culturales, educativos, organizativos, técnicos y éticos, que posibiliten que una vez culminada la inversión, los cambios y avances perseguidos se consoliden y mantengan en el tiempo.

Es en el marco de esta reflexión que nos permitimos señalar con marcada preocupación, la lógica que en la práctica está plasmando el gobierno Nacional en materia de lo que, haciendo un gran esfuerzo, pudiéramos llamar política social. De principio señalamos que los objetivos declarados en las llamadas misiones sociales, son a nuestro entender correctos, ya que tienen que ver realidad de nuestra población. Sin embargo, es evidente y grave la incoherencia manifiesta entre lo formulado y lo que se ha venido realizando. Todos los que queremos una Venezuela más justa no podemos estar en contra de mejorar y garantizar el acceso de los alimentos, mejorar la atención en salud, promover acceso a la educación alfabeta y no – alfabeta, y la procura de la generación de empleo.

Es por ello el origen de las presentes notas. Buena parte de la realidad de la mayoría de las ”misiones” está caracterizada por la presencia aberrante de aspectos tales como: el uso del clientelismo político, la ausencia de articulación entre los módulos de atención primaria y los hospitales especializados, quienes al final deben recibir a las personas con situaciones de salud graves y se consiguen grandes colas en las emergencia luchando por no morir en las mismas, la seria y profunda confusión entre educación y adoctrinamiento, ausencia de planes de empleos productivos y permanentes, el impulso de un discurso que promueve las acciones sociales como un “Favor” del Presidente de la República y no más bien como el reconocimiento de que estas medidas representan derechos sociales, promoción de la cantidad a costa de graves debilidades en la calidad y sobre todo, una actitud de los funcionarios públicos en muchas de las misiones, que en vez de agilizar los procesos, los retardan y siembran un sentimiento de subestimación de nuestro pueblo humilde y una sensación de que “eso es lo que hay”, que profundiza la falsa idea de las insignificantes dádivas para las mayorías, mientras se consolidan las nuevas élites de poder, sus privilegios y posiciones en “nombre del pueblo”, de quien se dice estimar y tratar mejor que en el pasado. En consecuencia, Todo esto siembra serias dudas sobre si, en efecto, se está emprendiendo un genuino proceso de transformación. ¿Acaso no estamos en presencia de una continuidad de prácticas tradicionales, claro con más dinero, pero con nuevas élites, colores, símbolos y discursos. 

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