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FIRMAS DE FaCES

Ojos que no ven... / Armando Córdova Olivieri

Ojos que no ven... / Armando Córdova Olivieri

La primera frase del popular refrán hace alusión a la falta de percepción mediante uno de los dispositivos fisiológicos más importantes y sofisticados del cuerpo humano, anticipando una lapidario corolario. Nuestro cuerpo está repleto de estos mecanismos perceptores que nos convierten en el servomecanismo terrestre más completo. Los servomecanismos son procesos sistémicos en los cuales está presente la retroalimentación del comportamiento dinámico de sus elementos, con información proveniente de su propia interacción con el medio. Sólo cuando comprendemos esta cualidad de los sistemas, es cuando podemos aspirar poder influir sobre ellos con la finalidad de conducirlo hacia determinadas situaciones fijadas como objetivo. El ser humano ha utilizado su propia fisiología para, emulándola, extender su alcance y poder sobre el planeta. Dentro de ese baúl de juguetillos de la humanidad podemos citar como ejemplo de la creación humana, los nefastos misiles autodirigidos. Se trata de sistemas de propulsión que transportan una carga explosiva para hacerla detonar en un lugar alevosamente preciso. En términos muy simples, una vez lanzado el misil, éste procesa segundo a segundo su trayectoria real y la compara con una trayectoria óptima y virtual, para, utilizando esa información, realizar en forma continua y quasi infinitesimal, la corrección necesaria para que la trayectoria real sea lo más perecida a la virtual con la mayor precisión posible. ¿El resultado? Ya lo sabemos. Un centenar de seres humanos vuela en mil pedazos dejando el más desolador de los paisajes.

Sin embargo nada es absolutamente malo. Este virtuosismo humano en el dominio de sus principios fisiológicos para el logro de sus objetivos, es en si mismo, un servomecanismo. Me refiero a que esa misma lógica es la que precisamente puede arrojar esperanza sobre el devenir la permanencia armónica de los seres humanos sobre el planeta. Claro, para que esto deje de ser una ficción, es necesario que reproduzcamos en lo posible la capacidad que tenemos para corregir el rumbo en función de la trayectoria ya corrida. Así, resulta imprescindible que ubiquemos, en los lugares adecuados, los sensores idóneos, para el registro de la trayectoria ya recorrida. El segundo paso es el de darle vida a esa información mediante su procesamiento, para finalmente decidir qué hacer para recuperar la senda trazada previamente. Sin sensores no hay logro consciente de metas.

De modo que,...querido lector, ojos que no ven,... ni que lo fajen chiquito.

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