Blogia
FIRMAS DE FaCES

Caracazo / Dice un amigo mío / Ignacio Avalos Gutiérrez

Caracazo / Dice un amigo mío / Ignacio Avalos Gutiérrez I.

Ese día desnudó al país que veníamos siendo durante largo rato. Enseñó las costuras de su régimen político. Rompió los vidrios de la democracia vitrina, envidia en la región latinoamericana.  Dejó colgando de la brocha  su pretensión de sociedad armónica, sin conflictos que prendieran las alarmas. Reveló, más allá de las estadísticas que manosean los expertos, la pobreza, en carne y hueso, de una gran parte de sus habitantes. Puso al desnudo, en fin, la debilidad del Estado y la precariedad de la mayor parte de las instituciones. Fue, pues, como si ese día nos hubiésemos dado cuenta de que vivíamos en una país deficitario en muchos sentidos, con numerosas facturas pendientes, acumuladas a lo largo de más de dos décadas de deslizamiento económico, con apenas unos picos de bonanza, debidos, sobre todo, al hipódromo petrolero.

Fue, ese, hace diez y ocho años, el día del "caracazo", sorpresa mayúscula para una élite complacida que no tuvo ojos para ver ni oídos para escuchar cómo, en el subsuelo de la vida nacional, cobraba forma una gran queja colectiva y nos íbamos convirtiendo en un país inquieto y revuelto, un avispero, falto de maneras a fin de digerir sus conflictos, a veces escondidos bajo la alfombra.

Durante la década de los noventas no ocurrió ningún hecho que no fuera para ahondar lo que se puso de manifiesto el "día que bajaron los cerros", dando forma a una revuelta espontánea y silvestre, la cual no  figuraba, para nada, en el pronóstico de un gobierno que en ese momento se ocupaba de convocarnos al "Gran Viraje" según las recetas económicas al uso, concebidas por organismos internacionales y creídas infalibles para lograr el desarrollo.  Así, a partir de entonces, el bipartidismo se hundió para siempre jamás, las organizaciones políticas entraron en crisis e hicieron agua los pactos basados en la conciliación de las élites a través de los cuales se dirigió al país, al tiempo que el mensaje de la anti-política sumaba incontables adeptos por todos lados, los medios de comunicación se lanzaban a la arena política, al gobierno se le hacía difícil gobernar, en fin, no en balde  hubo dos intentos de golpe de estado, la destitución de un Presidente y el desplazamiento progresivo del "establishment" político, en medio de un grave malestar social.

II.

Hace dos semanas el Ministro Cabezas propuso un paquete de medidas económicas, el cual incluía  el aumento de la gasolina.  Un amigo mío, opositor de la especie de los radicales, dice que el anuncio le hace recordar el sacudón del 27 de febrero de 1987, un fantasma que, con sobrados motivos, sigue rondando por todos los rincones de la vida nacional.  Es que, como tú sabes, aumentar la gasolina en Venezuela es asunto delicado. Evoca muchas ideas, algunas ciertas, otras no tanto, sobre el país, es una medida que resulta muy dura de tragar emocional y políticamente, cualquiera exige que se le explique por que diablos si somos un país petrolero debemos pagar el combustible como si no lo fuéramos.  Cree, pues, que aún hoy en día no terminamos de  recoger los vidrios rotos durante esa violenta jornada y sugiere que podría tener lugar, ahora, una protesta similar a la de entonces.

No lo creo, le digo, el curso de la vida social no es tan predecible, mientras pienso, sin embargo, que el gobierno enfrenta actualmente problemas que comienzan a gravitar de manera importante en el día a día del venezolano (el costo de la vida, el desabastecimiento, la inseguridad ... ). Ciertamente, la gestión del Presidente Chávez ha quedado muy atrás respecto a su propio discurso y, no obstante mejorías indudables en diversos planos, los grados de pobreza, exclusión y desigualdad continúan siendo inadmisibles, además de que la corrupción regresa a la opinión pública como un tema irritante. En su segundo mandato la gente será más exigente, le dijo el Presidente Lula.  La esperanza se devalúa, también la confianza, al tiempo que el proyecto socialista no alcanza para mantener la ilusión ni la fe, es una abstracción revolucionaria que no pareciera conectar, en la percepción colectiva y tampoco en los hechos, con la falta de empleo o la crisis de la vivienda.  Uno siente que la retórica se está tragando al gobierno.

III.

El Presidente Chávez tiene, desde hace tiempo, un frente abierto con los sectores sociales altos y medios.  Los ignora, entendiendo, equivocadamente, que forman parte del sector derrotado en las elecciones y que puede prescindir de ellos. Pero, por otro lado, pudiera ser, y hay razones gruesas para pensarlo, se le esta abriendo otro frente, representado esta vez por las demandas de los sectores populares, demandas de otra naturaleza, formuladas en buena medida, además, desde las propias entrañas del chavismo. Son sectores que, desde luego, no puede ignorar.  ¿Cómo, entonces, va el gobierno a procesar tales reclamos ?. ¿Cual será su talante político para hacerlo? 

No creo en la réplica del caracazo, sugerida por mi amigo, pero de seguro protestas va haber como no las ha habido durante estos últimos ocho años y el cauce que tomen tendrá que ver con la forma como se les de respuesta a las preguntas anteriores.

HARINA DE OTRO COSTAL

El caso pica y se extiende.  Es como esos batazos que rebotan cerca de la línea de cal y se tuercen hacia la zona faul del campo, convirtiéndose en extra-bases.  La destitución del investigador Claudio Mendoza, como jefe del laboratorio de física computacional del IVIC, continúa levantando roncha, no solo en el medio científico.  Sigue sin parecer convincente ni razonable la argumentación que respalda la medida. Sigue, en consecuencia, pareciendo, todavía, una decisión que contradice las prácticas democráticas y, así mismo, los cánones que rigen en los ámbitos de la ciencia.

Tal vez, piensa uno, el Ministro Navarro debiera hablar.

El Nacional, miércoles 26 de febrero de 2007.

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

0 comentarios

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres