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FIRMAS DE FaCES

Razón y revolución II / Luis Marciales

Razón y revolución II / Luis Marciales

Todo conocimiento de las cosas por el mero entendimiento puro o por la razón pura no es más que mera apariencia, y sólo en la experiencia hay verdad. Kant. Prolegómenos 

Retomando la metáfora jurídica, decíamos en la primera parte de este artículo, que en una primera concepción del papel de la razón, esta podía pensarse como el tribunal al cual debe someterse la realidad para seguir sus leyes, llamemos a ese uso determinante. Lo particular empírico -el  hecho- se entiende como un caso de la ley, se subsume a ella. En efecto, la piedra que cae es un "ejemplo" de la ley de gravedad y como ciudadanos estamos "dentro" del marco legal de un país y en él nos definimos como miembros de una comunidad política. La otra perspectiva es la del empirismo, la razón está más bien sometida a lo particular y, sobre todo, los esfuerzos por sistematizar y trascender el dato empírico no pueden pretender el carácter de necesidad y universalidad al que aspiran las leyes de la razón, son meras costumbres. No es casual que John Locke señale lo problemático de hacer ciencia acerca del mundo por lo limitado del conocimiento humano o que en países anglosajones, donde el empirismo ha sido el pensamiento dominante, sea el common law el marco jurídico y no un sistema legal construido racionalmente como el constitucional.

En su carácter determinante la razón organiza lo real, es más, de alguna manera produce la realidad ya que ésta no es ajena a cómo la ordenamos y pensamos. Eso sucede siempre al hacer teoría y praxis. Pero puede degenerar en un modo dogmático, acrítico. Ese mal uso de la razón, que es un mal idealismo, pretendería que el esquema es real y no lo empírico o que la experiencia debe acomodarse, mal o bien a la "verdad" de esa idea. Se trata de una "Hegemonía de los sistemas abstractos sobre los concretos" como escribía el Profesor  Federico Riu[1].

Ese exceso de la razón, al intentar someter lo real a sus bosquejos, sin contar con que es precisamente lo real lo que debe decidir si el esquema funciona o no, ha llevado a no pocos excesos históricos. Generalizando, podemos señalar que de alguna forma la realidad ha sido desdeñada, menospreciada y obligada a entrar en los marcos de la teoría. Así toda la pluralidad, diversidad y singularidad ha sido, por ejemplo, aplastada por las inconmovibles "leyes de historia" en el caso de los socialismo reales o las "leyes del mercado" en las sociedades del capitalismo avanzado. El burdo mecanicismo y determinismo del materialismo histórico de un marxismo manualesco (denunciado ya por Lukács, Sartre y Habermas, por nombrar tres momentos distintos de esa crítica) es un ejemplo de esa rigidez de la razón que ha perdido su contrapeso crítico.

Queremos señalar un uso de la razón que no llegue a producir esos excesos, más atento a lo particular, a lo empírico y heterogéneo. Para ello vamos a referirnos a la Crítica de la facultad de juzgar de Kant. Sí, sorprendentemente Kant logra aquí eludir ciertas críticas de la postmodernidad que acusan a la razón moderna de actuar como una "aplanadora" sobre lo real. Este texto cierra de alguna manera el sistema kantiano, es la tercera de las Críticas y aunque parezca en un primer momento un tratado de estética, es una revisión de todo el sistema. Un texto que tiene, como dice Deleuze, el desenfreno de la senectud.

La concepción de la razón que Kant desarrolla aquí la hace a través del juicio reflexionante. Con el quiere proponer un obrar de la razón distinto al que hace en la teoría o la práctica, donde el juicio es determinante. Este último, como señalábamos arriba, piensa lo singular como un caso de la ley universal. En cambio el juicio reflexionante no tiene una regla preestablecida, es necesario buscarla. Si el juicio determinante va de la ley "hacia abajo" al caso particular, el juicio reflexionante tiene un movimiento inverso de lo particular "lo de abajo" a la ley "lo de arriba". Se trata de buscar leyes o reglas para pensar y organizar lo real, pero ellas no son previas a la experiencia.

En el primer modo tenemos una ley a priori, en el segundo hay que obtenerla de lo empírico. Estas leyes empíricas así producidas darán cuenta de la diversidad y heterogeneidad de lo real. Ello supone dos cosas que son relevantes como antesala de la discusión sobre el socialismo: en primer lugar esa búsqueda no garantiza de antemano su éxito. Al ser dependiente de lo empírico, conseguir una ley para dar cuenta de la multiplicidad no es una certeza sino más bien una apuesta. Es decir, no hay - en la propuesta de construcción del socialismo - ninguna regla, ningún "método" anterior que nos pueda servir (sea por los problemas "estructurales" de las experiencias anteriores o las particularidades históricas y sociales) sino que debemos buscarla y al hacerlo no tenemos ninguna garantía de lograrlo satisfactoriamente. "O inventamos o erramos" decía Simón Rodríguez, pero el invento no garantiza en absoluto que no erremos. Se trata de entender, para Kant, lo irreductible de lo real, lo salvaje que es la experiencia, tener la conciencia de que es un error pensarla domada, obediente a nuestros designios.

En segundo lugar si la búsqueda de esa ley o norma con la cuál deseamos ordenar lo real - y el socialismo implicaría en última instancia un contundente reordenamiento de la realidad en amplios aspectos... tal vez demasiado amplios - no está garantizada, supone entonces, de manera necesaria una actitud de prudencia. Con ello queremos señalar la necesidad de discernimiento, la conciencia de la insuperable distancia que hay entre la realidad y los intentos nuestros de aprehenderla y comprenderla. Entender la necesidad de no subsumir lo real a la ley de una forma mecánica. El Profesor Pablo Oyarzún (a quien hemos seguido en esta interpretación de la Crítica de la facultad de juzgar[2]) lo señala de una forma magistral: "Lo que separa a la prudencia de la imprudencia - y sobre todo de ésa que es la forma más enfática de la imprudencia, la exaltación - acaso estribe principalmente en resistir toda hipóstasis de la idea y toda identificación mesiánica de caso y ley".

Kant ha sido etiquetado como un idealista. Como toda etiqueta, esa imagen nos dice muy poco de la persona y su pensamiento. En su filosofía hay una concepción de la razón que debe conocerse a sí misma, investigar sus capacidades y, sobre todo, saber de sus límites. Como ilustrado apostó - no de una forma demasiado entusiasta - a que los humanos seamos sujetos y no objetos de la realidad, de nuestra historia, pero ello no debe hacernos caer en el error de embriagarnos con las posibilidades del pensamiento. La discusión sobre el proyecto del socialismo - que ha sido apoyada por la mayoría de los venezolanos y por lo tanto es ineludible incluso para quienes se opongan a ella - y sobre todo su implementación, implican una actitud crítica y reflexiva al pensar las relaciones entre nuestras ideas y la realidad. Reflexión que perciba y atienda a la finitud de nuestro pensamiento, la fragilidad y al mismo tiempo la potencia de lo real.


 


[1] RIU, Federico. Historia y totalidad. En Obras Completas tomo I, Monte Avila Editores Latinoamericana, Caracas, 1997.

[2] KANT, Emmanuel. Crítica de la facultad de juzgar. Introducción y traducción de Pablo Oyarzún. Monte Avila Editores latinoamericana, Caracas, 2006.

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