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FIRMAS DE FaCES

El machismo vivito y coleando / Ignacio Avalos Gutiérrez

El machismo vivito y coleando / Ignacio Avalos Gutiérrez

Mire que ha corrido agua por debajo de los puentes, lavando prejuicios y necedades que ya no caben, se figura uno, en la cabeza, ni en el corazón, sobre todo, de una persona medianamente razonable de esta época. Sin embargo, todavía se ven cosas que no se deberían ver. El machismo, por ejemplo. A pesar de mucha declaración de derechos humanos, de mucho movimiento feminista, de mucha masculinidad rasgándose las vestiduras, es un muerto que aún goza de buena salud. En no pocos lugares del planeta se sigue creyendo que el clítoris es un detalle pecaminoso en la anatomía femenina, que la mujer no tiene por qué ir a la escuela, que su derecho al voto ya es demasiada concesión en materia de prerrogativas políticas o que las golpizas conyugales que recibe son incidente relativamente menor, mientras en otros lados, más "civilizados", la discriminación pareciera ser parte de un código no escrito y se practica con hipocresía, tirando la piedra y escondiendo la mano.

No obstante lo anterior, a uno le parece que debiera haber ciertos ámbitos sagrados, vetados al machismo en cualquiera de sus formas.  La ciencia, es uno de ellos.  Pero resulta que allí también se cuecen habas, a pesar de la racionalidad, la objetividad, la imparcialidad y demás yerbas, valores con los que los investigadores se llenan la boca para predicar. La usurpación, por parte de los hombres, del trabajo de las mujeres, así como su devaluación y silenciamiento, han dejado su marca en la evolución científica de la humanidad.

Examinada desde el punto de vista del género, la historia de la ciencia da, pues, mucha vergüenza. Del cajón de las arbitrariedades se puedan sacar infinitos casos. Algunos de muy vieja data.  El de la física Lisa Meitner, por ejemplo, quien participó junto a Otto Hahn en aspectos fundamentales del desarrollo de la energía atómica y mientras a éste la daban el Premio Nobel (1945), la obra de aquella pasaba por debajo de la mesa. Otros no son tan antiguos: en la década de los sesenta, en varias universidades norteamericanas, algunas linajudas como Harvard y California, no permitían que las mujeres se graduaran en física o en astrofísica. Algunos casos son, en cambio, muy recientes, como el reseñado en un informe europeo relativo a dos investigadoras suecas denunciando que, en algunas universidades de su país, un hombre tenía el doble de las probabilidades de una mujer para obtener alguna beca post-doctoral, debido a que los evaluadores le asignaban, a la mera condición masculina, una puntuación equivalente a la que se otorga por tener veinte publicaciones en revistas de prestigio. O como otro, aún más fresco, de enero del año  2005: el ex presidente de la Universidad de Harvard afirmó en una conferencia que existen diferencias innatas que explican por qué pocas mujeres logran éxito en las carreras de ciencia y matemáticas, ventilando un argumento que se creía en desuso.

La caja de los atropellos es, como digo, inmensa. En pocas palabras, las investigadoras (aproximadamente un cuarto del total de los científicos del planeta) ocupan proporcionalmente muy pocos puestos de mando, sus trabajos a menudo se evalúan peor, obtienen menos fondos para sus proyectos y menos becas para estudiar, abandonan más temprano su carrera y están peor remuneradas que sus colegas hombres. No debe sorprender, entonces, que las mujeres obtengan muy pocos galardones, y, para muestra, basta con señalar que de los 513 premios Nobel de física, química y fisiología o medicina concedidos desde 1901, solamente 12 fueron a manos de mujeres y dos recompensaron a Marie Curie, quien, de paso, nunca fue aceptada en la Academia de Ciencia de Francia porque, según cuentan, ya viuda mantuvo relaciones amorosas con un hombre casado.

Según los expertos, un popurrí de causas fabrica esta discriminación en el mundo científico y una de las que más pesa es, sin duda, la enorme dificultad que encaran las mujeres, a diferencia de los hombres, para conciliar el trabajo con la vida familiar, tal como lo aseveran infinidad de informes.

En Venezuela la situación esta dibujada conforme a parecidas injusticias.  Baste señalar, para no hacer el cuento largo, que después de siete décadas de existencia, apenas este año llegó por primera vez una mujer (Gioconda San Blas, a quien dedico estas líneas) como Individuo de Número a la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales, señal de que, entre nosotros, el machismo también se encuentra vivito y coleando.

 

Harina de otro costal

A propósito del tema del partido único, Ismael García, secretario general de Podemos, declaró, apretando los dientes, que no compartía el modelo soviético, que estaba contra el pensamiento único, que no se puede acorralar a la oposición y que había que preservar el carácter democrático del proyecto revolucionario. Ojala pueda Podemos hacerse escuchar.

El Nacional, miércoles 7 de marzo de 2007.

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