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FIRMAS DE FaCES

Comentarios sobre el programa contra inflacionario / Andrés Santeliz G.

Comentarios sobre el programa contra inflacionario / Andrés Santeliz G.

1.      En una economía de ingresos medios bajos, como es Venezuela, en la que más de la tercera parte de los hogares se encuentra por debajo de la línea de pobreza y más del 10% de las familias están en situación de pobreza extrema, no tiene fundamento la afirmación de que la inflación es el resultado del exceso de dinero. En consecuencia, no deben esperarse resultados favorables, sobre el nivel de los precios y el abastecimiento interno, de la aplicación de remedios neoclásicos concebidos para economías desarrolladas y con pleno empleo de los factores de producción (inexistencia de factores ociosos) En Venezuela la desocupación está en el orden del 10% y la tasa de informalidad es muy superior al 40% de la ocupación.

2.      En Venezuela el problema es el déficit de bienes, especialmente de alimentos y productos de consumo básico e insumos para su producción. La producción y las importaciones están muy por debajo de sus niveles de equilibrio de pleno empleo. La razón principal de esto es la baja productividad del trabajo y los bajos salarios promedios, pues determinan un mercado interno de reducidas proporciones.

3.      La baja productividad es, en mucho, el resultado de la baja dotación de capital por trabajador. La informalidad contiene, en parte importante, a un sector en el que se produce sin capital. Los sectores en los que operan los rendimientos crecientes a escala (agricultura y manufacturas principalmente, pero no exclusivamente) se ven afectados negativamente por la baja dimensión del mercado pues obtienen rendimientos proporcionalmente muy bajos. Por eso, en ellos, la remuneración a los factores (capital y trabajo) es baja y se ahuyentan la inversión y el empleo.

4.      Desde luego, esta situación se manifiesta como presencia de recursos ociosos (altas tasas de desocupación e informalidad y empleo redundante en los sectores en los que operan rendimientos constantes a escala y son bajos los requerimientos de capital: fundamentalmente comercio al detal y servicios personales) En el caso del acervo de capital, el deterioro acumulado desde 1978 y el ajuste aplicado por las empresas para adaptarse (reducir el tamaño de planta mediante la ausencia continuada de la inversión de reposición) a mercados cada vez más reducidos la situación es distinta. En determinados segmentos se aprecia plena utilización del capital instalado pero una oferta insuficiente para abastecer al mercado doméstico y, sobre todo, persistencia de baja inversión neta.

5.      El remedio es, entonces, promover la expansión de las inversiones, la recuperación de los salarios y el fomento del empleo (son de ayuda las políticas sociales, de inclusión y de redistribución del ingreso) Para esto es necesario, entre otras cosas, ajustar el tipo de cambio nominal. El déficit de gasto respecto del ingreso en moneda extranjera hace crecer las reservas internacionales y su contrapartida (proporcionalmente al tipo de cambio nominal), los bolívares. Si, al mismo tiempo, se restringen la inversión, se regulan parcialmente los precios y las importaciones, inevitablemente se elevan los precios internos promedios y escasean los bienes de consumo básico. El diferencial entre la inflación interna y la internacional es el ajuste del tipo de cambio real. Así, o se corrige el tipo de cambio nominal o se auto corrige el real. Lo recomendable es, entonces, apreciar el tipo nominal. Especialmente conviene facilitar la actualización de la tecnología y el incremento en el acervo de capital.

6.      Medidas como las que se están tomando, de frenar la venta de divisas de PDVSA al BCV o la creación de cuentas especiales en moneda extranjera en la tesorería nacional son de maquillaje y no sustantivas. Lo mismo debe decirse de las operaciones de mercado abierto aplicadas por el BCV para retirar liquidez y de la elevación del encaje bancario no remunerado.

7.      Caso especial son las facilidades otorgadas para fugar divisas. Esa fue la decisión tomada por Leopoldo Díaz Bruzual (el búfalo) antes de la debacle del viernes negro y que propició la fuga de US $ 18 millardos; casualmente la cifra es parecida a la de los activos transferidos por el BCV y PDVSA al FONDEN. Propiciar la fuga del capital cuando se tiene como problema principal el déficit de inversión es un error grave. La emisión de papeles en dólares pagaderos en bolívares, el aumento de los cupos para viajeros y compras de Internet y las estatizaciones de empresas son, desde ese punto de vista, un contrasentido.

8.      La reducción de la desocupación y la informalidad, el freno al crecimiento de los precios internos y a la escasez de bienes requiere de más inversiones de capital. Los trabajadores y la productividad demandan más y mejores medios de producción. Debe abaratarse su importación y la producción doméstica de estos, en donde ello sea posible. A la inversión privada debe añadirse la inversión pública, especialmente en los sectores donde hay déficit de bienes: alimentos y manufacturas. Pero sin olvidar que para que operen los rendimientos crecientes a escala debe, simultáneamente, estimularse la expansión del mercado interno mediante el incremento del salario (la apreciación del tipo de cambio nominal ya avanza en esa dirección) y el empleo. Medidas injustas, como el ajuste insuficiente de la unidad tributaria, que afectan el valor real del bono de alimentación de los trabajadores y elevan el tipo impositivo efectivo, deben evitarse.

9.      Hay que dar garantías a los derechos de propiedad, no solo evitando las estatizaciones y nacionalizaciones no esenciales, sino permitiendo el ajuste de los precios. El acaparamiento se combate con la reglamentación contra el monopolio (combatir la explotación de la posición de dominio, especialmente) y la promoción de la competencia industrial. Eso facilita la tarea de la promoción de las inversiones. El problema actual no se resuelve con la sustitución de agentes privados por públicos sino mediante la incorporación de nuevos y más activos agentes de producción (apoyo a la microempresa, las cooperativas y otras formas novedosas de organizar la producción: el desarrollo endógeno como desarrollo local)

10.  No se puede perder de vista que los precios tienen una doble función y la cumplen simultáneamente: son distribuidores del ingreso y asignan recursos a la producción. La ley de la demanda, en lo fundamental, informa que el precio depende de las preferencias de los consumidores y de su dotación inicial de renta. Los mecanismos para afectarlos serán, entonces, la incidencia sobre las preferencias y la distribución y redistribución del ingreso.

11.  De paso, ese es el principal argumento frente a quienes defienden la tesis de la sobre valuación del bolívar, pues parten de la llamada ley de un solo precio (el tipo de cambio Big Mac) Esa ley, para cumplirse, implica que no se cumpla la ley de la demanda. Amen de que la evidencia empírica la desmiente cuando en un mismo país (USA por ejemplo) un mismo bien tiene diferentes precios (precisamente, el Big Mac en Florida es más barato que en New York o Pensilvania) En este momento las importaciones no desplazan producción nacional, son un complemento derivado de la deficiencia de la producción interna, la que a su vez resulta del déficit de capital por trabajador.

12.  La reducción de la alícuota del IVA no producirá, necesariamente, un efecto de atajar la escalada de precios y el déficit de abastecimiento. Ese resultado dependerá, por un lado, de cómo se financie el aumento del déficit público, de la magnitud del retraso en la introducción de los nuevos impuestos y de la calidad de estos. Por otro lado dependerá de cómo se atienda la mayor demanda, es decir, de la promoción de inversiones y las facilidades de importación.

13.  Cosa similar puede decirse de la reforma monetaria. Ella, en sí misma, no puede producir efectos contra inflacionarios en una economía en la que no existe un amplio rechazo a la moneda en circulación, cosa que sí ocurre en economías afectadas de hiperinflación. Los costos de la reforma son puntuales, por lo que no pueden empujar hacia arriba, de manera sistemática, al índice de precios. 

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