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FIRMAS DE FaCES

Europa / Elsa Cardozo

Europa / Elsa Cardozo

El 25 de marzo de 1957, Francia, Alemania, Italia, Holanda, Bélgica y Luxemburgo –los seis que en 1951 habían constituido la Comunidad Europea del Carbón y del Acero- firmaron el Tratado de Roma, creador de la Comunidad Económica Europea. La hoy Unión Europea celebra 50 años con casi 30 miembros.

Superando enormes obstáculos, se ha construido, consolidado y ampliado un espacio político, social y económico inimaginable hace medio siglo. Con muy fresca memoria de los hombres y desconfianzas sembrados en la Segunda Guerra Mundial, no era poca cosa poner en manos de una autoridad común el manejo de materiales de la industria de armamentos, como el carbón y el acero. La larga historia europea de alianzas militares y guerras hacía difícil pensar que ese proyecto, presentado en mayo de 1950 por el ministro francés de Relaciones Exteriores Robert Schuman, permitiera superar rivalidades que, como la franco-alemana, habían hecho naufragar otras iniciativas en el período entre las dos guerras mundiales.

“La paz mundial –sostenía Schuman- no puede salvaguardarse sin unos esfuerzos creadores equiparables a los peligros que la amenazan”. Lo que proponía el visionario canciller ante las ya materializadas amenazas de la Guerra Fría era el fortalecimiento europeo a través de ‘la fusión de intereses indispensables para la creación de una comunidad económica’ que introdujese ‘el fermento de una comunidad más amplia y más profunda entre países que durante tanto tiempo se han enfrentado en divisiones sangrientas’”. Así lo asumieron los seis países que se comprometieron en Roma a sentar las bases de una unión cada vez más estrecha entre los pueblos del continente; a eliminar las barreras que los dividían e impulsar su progreso económico y social; y a mantener, como fin esencial del esfuerzo comunitario, “la constante mejora de las condiciones de vida y de trabajo de sus pueblos”.

Ser la única región del mundo que ha logrado a plenitud las llamadas “cuatro libertades de circulación” (de personas, mercancías, servicios y flujos financieros) no ha sido el mayor mérito de Europa. Lo ha sido, mucho más, su demostrada capacidad de profundización y ampliación de la integración, sobre la base de sus principios originarios: la defensa de la paz y la libertad, junto a la solidaridad con los países en desarrollo.

Hoy, a ningún líder europeo se le ocurriría, ni permitiría, alentar ejes de confrontación regional o extra regional, ni poner en duda los principios democráticos, de cooperación para la seguridad y libertades económicas en los que se sustenta una unión tan empeñosamente construida. Europa sigue siendo la gran referencia de integración.

El Nacional, 18-03-2007.

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