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FIRMAS DE FaCES

Socialismo del siglo XXI. ¿Opción para Venezuela? / Luis E. Lander

Socialismo del siglo XXI. ¿Opción para Venezuela? / Luis E. Lander

La caída del Muro de Berlín en noviembre de 1989 y el colapso de la URSS un par de años después parecieron cancelar la opción socialista en el mundo. Al menos así lo pensaron, y piensan, sus más encarnados opositores. Pero, como tantas veces, la terca realidad se nos muestra más compleja. Durante los años siguientes a aquel “triunfo definitivo” del capitalismo siguieron sin ser satisfechas necesidades básicas de enormes masas de población empobrecida en distintas regiones del planeta, incluidos bolsones en el corazón mismo de los países más desarrollado. Más aún, a lo largo de la década final del siglo pasado, cuando fueron dominantes las políticas de ajuste estructural de orientación neoliberal promovidas por agencias internacionales como el FMI y el Banco Mundial, en vez de amainar como proclamaban que ocurriría los promotores de aquellas políticas, la pobreza se profundizó y la desigualdad entre los más ricos y los más pobres se amplió a niveles intolerables.

Un significante vacío 

            La aspiración y el convencimiento expresado en la consigna central del Foro Social Mundial de que “otro mundo es posible”, vuelve a colocar en el debate, teórico y práctico, la urgencia de definir y construir alternativas a la organización de la sociedad dominada por el capital como hoy la conocemos. Alternativas que para muchos debe prefigurar la sociedad poscapitalista, la utopía que oriente la lucha por ese otro posible mundo mejor. El presidente Chávez ha decidido llamar a la alternativa impulsada por el proceso que él lidera en Venezuela, Socialismo del siglo XXI.

            Pero, ¿qué debemos entender por eso? ¿Qué tan acabada es la propuesta que se nos ofrece? En una gran medida la propuesta del Socialismo del siglo XXI, es todavía ilustrativo del concepto que Ernesto Laclau llama significante vacío. Es decir, una propuesta que por su débil y vaga definición, se presta a que cada quien la interprete, más o menos, a su libre albedrío. Por ello gente con posiciones bastante diferentes ante la vida pueden adherirse entusiastamente a la propuesta sin procesar, por ahora, esas diferencias. Es en esa vaciedad relativa de contenido que reside la fortaleza, pero también la debilidad, de la propuesta que nos hace el presidente Chávez. Debatir amplia y democráticamente la propuesta permitirá irla llenando de contenido. Es un debate al cual tanto simpatizantes, como adversarios y hasta los indiferentes, de la propuesta debemos sentirnos convocados, ya que en su definición se juega el futuro de Venezuela.

            Pero, matizando lo dicho, la propuesta no es del todo vacía. El socialismo tiene cerca de dos siglos de historia. En esos dos siglos son muchas las noblezas e infamias hechas en su nombre. El socialismo ha movilizado por décadas luchas heroicas de pueblos oprimidos en demanda de mayor justicia social, basados en la solidaridad y vocación igualitaria. Pero también, en contraste, bajo el nombre del socialismo gobernaron regímenes totalitarios violadores de elementales derechos humanos, como los de Europa Oriental, que, luego de la caída del Muro de Berlín, implosionaron sin apoyo ni lamentación alguna de los pueblos que vivieron aquellas experiencias. El concepto de socialismo inexorablemente carga con esa hermosa y/o terrible, pero siempre pesada, herencia.

Alternativa al capitalismo 

            La propuesta del Socialismo del siglo XXI se nos presenta con dos vertientes. Por una parte se nos presenta como socialista, es decir, como una alternativa al capitalismo. No se trata solamente de superar algunos de los rasgos más perversos de inequidad y exclusión vividos como resultado de los programas de ajuste estructural de orientación neoliberal, la propuesta convoca a construir una sociedad no capitalista ─poscapitalista─ con mayor justicia social, promotora de mayor solidaridad y un desarrollo económico colectivo. Pero por otra parte, se nos presenta como del siglo XXI, con lo que se quiere afirmar que se propone como una superación del socialismo de los siglos XIX o XX. Se trata entonces de construir, en el campo de las ideas pero también en la vida cotidiana de cada uno de nosotros, una alternativa a la sociedad capitalista que, aprendiendo de los errores, fracasos y hasta desastres del pasado, logre avanzar hacia un mundo mejor.

 Socialismo democrático 

            Parece hoy incuestionable que la emancipación social es radicalmente incompatible con cualquier forma de totalitarismo político. Las experiencias socialistas fallidas del siglo XX muestran que su fracaso emancipador se debió, entre otras cosas, a su falta de democracia política. El Socialismo del siglo XXI debe, tiene, que ser democrático para desplegar su potencial emancipador. Es éste uno de los aspectos cruciales que el debate debe resolver con nitidez para la sociedad venezolana. Pero nuevamente aquí, ¿qué es lo que entendemos por democracia? A lo largo de los años recientes de aguda polarización política, el concepto mismo de democracia ha estado en abierta disputa. Superar el modelo de democracia nacido del llamado Pacto de Punto Fijo, colapsado por la cuantiosa acumulación de aspiraciones insatisfechas, es todavía una tarea pendiente.

             El presidente Chávez, en su discurso en diciembre ante el CNE con motivo a su proclamación para el período 2007 – 2013, afirmó que el socialismo que se propone significa “en lo político más democracia”. Aunque se habla de cambiar la constitución para facilitar y fortalecer el avance de la propuesta socialista, pienso que hay artículos claves para la democracia que deberían permanecer inalterados. El artículo 2 asienta que: “Venezuela se constituye en un Estado democrático y social de Derecho y de Justicia, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico y de su actuación, la vida, la libertad, la justicia, la igualdad, la solidaridad, la democracia, la responsabilidad social y en general, la preeminencia de los derechos humanos, la ética y el pluralismo político.” El artículo 62 por su parte sostiene que: “Todos los ciudadanos y ciudadanas tienen el derecho de participar libremente en los asuntos públicos, directamente o por medio de sus representantes elegidos o elegidas. La participación del pueblo en la formación, ejecución y control de la gestión pública es el medio necesario para lograr el protagonismo que garantice su completo desarrollo, tanto individual como colectivo. (...)”. Y para refrescar un artículo adicional, en el 63 se dice: “El sufragio es un derecho. Se ejercerá mediante votaciones libres, universales, directas y secretas. La ley garantizará el principio de la personalización del sufragio y la representación proporcional.” 

            El modelo de democracia contenido en nuestra constitución vigente logra articular armónicamente avances cruciales en la participación y protagonismo de los ciudadanos, profundizando la democracia, con aspectos también cruciales e igualmente válidos de representación. La democracia debe garantizar la ampliación creciente de los derechos políticos, sociales y económicos ejercidos por todos los miembros de la sociedad, con la consecuente reducción de las desigualdades sociales. Mejorar los niveles de formación e información redunda en optimizar la calidad de la democracia. Pero la democracia es también un conjunto de reglas destinadas a facilitar las decisiones políticas, como el voto universal y secreto, la preponderancia de la mayoría, el respeto a las minorías con su representación proporcional y la libertad para el ejercicio de derechos de expresión, reunión y opinión para todos. No debe olvidarse que estos aspectos “formales” de la democracia son también conquistas resultado de arduas luchas de sectores populares. El derecho al voto de las mujeres, los analfabetas o las minorías étnicas es en muchas partes del mundo de reciente fecha, teniendo en sus orígenes la lucha por el voto universal connotaciones anticapitalistas. El derecho al voto para los negros en estados del sur de EEUU, por ejemplo, fue conquistado por el movimiento por los derechos civiles de Luther King y Malcolm X en la década de los sesenta del siglo pasado.

            La construcción de una sociedad socialista democrática, con pluralismo político y radical respeto a los derechos humanos, es una experiencia inédita y por ello de difícil concreción. Es con el ejercicio pleno de la política, como actividad de los ciudadanos interviniendo con su opinión y decisión en los asuntos públicos, que lograremos llenar a la propuesta de Socialismo del siglo XXI de contenidos con los que podamos identificarnos todos.

Enero, 2007

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