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FIRMAS DE FaCES

El cambio social en América Latina / Fidel Canelón F.

El cambio social en América Latina / Fidel Canelón F.

«El zapatismo es un sólido movimiento construido desde abajo… El chavismo, en cambio, es un movimiento aluvional de masas excesivamente vertical, que se ha impulsado desde arriba y que depende en demasía del poder del Estado y del papel del líder.»

Los derroteros del cambio social en América Latina han tenido dos grandes puntos de referencia en la última década: la revolución zapatista en México, liderada por el subcomandante Marcos, y la revolución bolivariana en Venezuela, liderada por Hugo Chávez. Son dos procesos atípicos que tienen grandes coincidencias, pero también grandes diferencias.

Entre otras coincidencias, el movimiento mexicano y el venezolano se caracterizan porque sustentan sus proyectos políticos en el rescate de los valores e ideales de grandes héroes de la historia patria –Zapata y Bolívar, entre otros- en los cuales ven la guía y el ejemplo para rescatar la dignidad nacional y emprender la reorganización profunda de nuestras sociedades, llenas de injusticias sociales. En este sentido, ambos están llenos de ricos elementos míticos y simbólicos que rompen con los discursos típicos de la Ilustración.

A su manera, los dos procesos han roto con las formas típicas de lucha por el poder que han caracterizado a los movimientos revolucionarios en el siglo XX. Chávez emuló a Salvador Allende al conquistar el poder por la vía electoral. El Ezln, por su parte, es un movimiento armado realmente inusual, que dista mucho de los métodos la la guerrilla colombiana –por mencionar la más vieja y fuerte del continente- y que dispara más bytes por Internet que balas por los cañones de los fusiles.

Pese a lo anterior, existen diferencias sustantivas entre ambos procesos. El zapatismo es un sólido movimiento construido desde abajo, desde lo pequeño, con el protagonismo de comunidades de indígenas, campesinos y pequeños propietarios, y tiene por tanto una conformación decididamente horizontal. El chavismo, en cambio, es un movimiento aluvional de masas excesivamente vertical, que se ha impulsado desde arriba y que depende en demasía del poder del Estado y del papel del líder; los intentos por construir una organización social democrática y autónoma han fracasado, entre otras razones, por la ausencia de claridad estratégica, el peso excesivo que han terminado adquiriendo algunas castas burocráticas y militares, y el efecto ablandador y corruptor que sobre la conciencia y la moral revolucionaria ha ejercido el maná petrolero.

El punto débil del zapatismo, por su parte, tiene que ver con la dificultad para visualizarse más allá de los límites del movimiento localista y casi autonomista que ha sido hasta el momento. Al participar el reciente proceso electoral mexicano parece haber comenzado –con mucho pulso y prudencia- una nueva etapa, donde procura disminuir su aislamiento y construir una mayor articulación con los sectores excluidos y los movimientos civiles de avanzada de toda la nación mexicana. Lo que le falta al zapatismo en este punto, lo tiene quizás en exceso el chavismo: una orientación hacia lo nacional por encima de lo local, así como una vocación hacia el liderazgo regional y continental que por los momentos parece exceder la capacidad real del país. Todo parece indicar que el énfasis en una cosa parece terminar en perjuicio de la otra. He ahí uno de los retos que la globalización impone para los estudiosos, activistas y líderes latinoamericanos: encontrar un equilibrio entre estos dos vértices de la lucha política y social.

Últimas Noticias, 31-03-2007.

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