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FIRMAS DE FaCES

Diplomacia / Elsa Cardozo

Diplomacia / Elsa Cardozo

El anuncio público del veterano diplomático y canciller de Brasil de que se dirigiría al embajador venezolano en su país, para decirle que debía “respetar ciertos límites en la terminología", invita a revisar algunos textos sobre la diplomacia y los diplomáticos.

François de Callières, secretario de Luis XIV y autor del que fue considerado manual de los diplomáticos del siglo XVIII –Negociando con Príncipes (1716)–, presentaba un razonamiento contundente: si para construir un hermoso edificio un país busca siempre a sus mejores arquitectos, ¿por qué no buscar a sus mejores negociadores para representarlo en el exterior?;  si para la defensa de una nación se invierten años en formar paso a paso a un ejército profesional, ¿por qué no ser igualmente sistemáticos para evitar tener como representantes a “hombres de mediocre inteligencia… convirtiéndose por obra y gracia de las circunstancias en negociadores en países sobre los cuales todo lo ignoran”? De Calllières y, doscientos años más tarde, el también experimentado funcionario del servicio exterior francés Jules Cambón –El diplomático (1926)–  coincidieron en colocar a la integridad moral como la más importante virtud de un embajador. En La Diplomacia (1939), el clásico estudio del inglés Harold Nicolson, se leen las virtudes que asegurarían la “influencia moral” necesaria para el ejercicio profesional de tan importante oficio de Estado: veracidad, precisión, calma, buen carácter, paciencia, modestia y lealtad.

Éstas y muchas otras lecturas acompañaron, con seguridad, a los cancilleres y diplomáticos venezolanos que, con los decretos ejecutivos de 1916 y 1936, impulsaron la profesionalización del servicio exterior a través de la búsqueda de los mejores talentos y del inicio de los cursos para formar sistemáticamente, paso a paso, al personal diplomático y consular. La Ley del Personal del Servicio Exterior de 1961 significó un gran avance en el camino para contar con los mejor capacitados, y para hacerlos funcionarios de Estado, leales a los intereses del país que gente de amplios conocimientos y grandes virtudes se propuso construir, con un hermoso edificio en mente.

Tres reformas sucesivas de la Ley del Personal del Servicio Exterior resumen el derrumbe de los años recientes: 2001, reducción de las exigencias para ingresar a la carrera; 2005, entrega de todas las jefaturas de misiones a embajadores políticos; 2007, limitación del procedimiento de ingreso a una evaluación de la lealtad al proyecto político del gobierno. Y es este último el gran problema: que el edificio proyectado es feo e inestable; en él, no caben todos los venezolanos. Hace falta mucho más, pues, que terminología y pulimento.

El Nacional, 01-04-2007.

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