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FIRMAS DE FaCES

Póngale la cola al burro / Armando Córdova Olivieri

Póngale la cola al burro / Armando Córdova Olivieri

Seguramente todos conocen el famoso juego de “póngale la cola al burro”. Si, ese mismo en el que a uno le vendan los ojos y luego, sin poder ver, intentas ponerle la cola al burro de un afiche colgante. Mientras más cerca del lugar correcto se logre ubicar la cola de fieltro, mayor será tu puntuación en el juego. La estrategia para ganar el juego es muy sencilla: te acercas al afiche y tanteas con tus manos sus dimensiones. Luego pones a trabajar tu cerebro intentado dirigir con tus manos la cola hacia donde tu cerebro calcula que ésta pudiera ubicarse. Sin duda que se trata de un juego muy ingenioso y esa será la razón por la que todos conocen al singular pasatiempos.

 

Imaginemos una versión del juego en la que en vez de un burro, tenemos un  mapamundi y que la imaginada tarea consiste en ubicar la cola del burro en el lugar geométrico que sirva de centro de gravedad de los bloques económicos del mundo globalizado. Les apuesto a que se llevarán una sorpresa al constatar que, al quitarnos la venda de los ojos, la cola del burro esta puesta sobre Venezuela.

 

Esa solapada condición de nuestro país, dotadora de innumerables ventajas competitivas no reveladas, no ha sido comprendida cabalmente por ninguno de nuestros gobernantes. De ello da cuenta el famoso eje Orinoco-Apure propuesto por el Ministerio de Planificación y Desarrollo, sin mencionar los recientes anuncios de  un gasoducto transamazónico, que por cierto, ¿alguien sabe que paso con esos proyectos? ¿Acaso se trató de otros de los  gallineros verticales de este gobierno? Yo si recuerdo con claridad la esencia del planteamiento del eje Orinoco apure: Un eje vertical atravesaba el mapa de Venezuela como criterio de ubicación para las apuestas de inversión gubernamental de la fase inicial de este gobierno, bajo la ingenua pretensión de una autarquía nacional, renunciando a priori a los  privilegios de nuestra condición de estar ubicados en el ombligo del mundo, en un lugar geográfico en el cual es posible establecer un corredor que una al océano Atlántico con el Pacífico, es decir, el sueño de un corredor bi-oceánico y muy probablemente el primer sueño de Bolívar: Colombia y Venezuela  unidos como aliados estratégicos para conquistar terceros mercados.

 

Muchas personas consideran inviable tal alianza esgrimiendo el argumento de la guerrilla colombiana como obstáculo. Yo por el contrario creo, que solo una alianza de este tipo, podrá sacar a Colombia, y a nosotros con ella, del pantanal en el que se metió hace mas de medio siglo. Solo es necesario que las partes involucradas se sienten a trialogar en calma, con fines diferentes al político, sin la necesidad de que se abandonen las posiciones representadas.

 

Ya Brasil le puso la cola al burro  invirtiendo en un segundo puente sobre el río Orinoco para no llegar tarde al festín y, nosotros, que somos los dueños de la fiesta, ni siquiera sabemos por qué tocan los músicos en el templete.

     
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