Blogia
FIRMAS DE FaCES

Una fórmula fracasada / Trino Márquez

Una fórmula fracasada / Trino Márquez El “modelo de desarrollo endógeno" se ha traducido en un esquema de empobrecimiento.

El Gobierno optó por el camino más rápido para desestimular la producción interna y generar desabastecimiento y escasez de una gran cantidad de bienes, incluidos varios de la dieta básica: control de precios y de cambio, violación de la ley de la oferta y la demanda, ataque a la propiedad privada, uso del Seniat como garrote vil, demonización de la ganancia y la riqueza, colectivización de la producción agrícola, estatización de las empresas que prestan servicios públicos y aprobación de instrumentos jurídicos punitivos como la Ley contra el Acaparamiento.

Los resultados de esa larga cadena de errores los estamos padeciendo. A pesar de que el Banco Central registró un crecimiento de 10.3% del PIB el año pasado, y que las reservas internacionales están situadas por encima de 33 mil millones de dólares, han comenzado a faltar la carne, los alimentos de consumo masivo, las medicinas, los repuestos automotores, el pan y hasta la crema dental y el papel higiénico. Marchamos hacia el mar de la felicidad, donde bañarse con una pasta de jabón constituye un lujo faraónico.

Empobrecimiento

El "modelo de desarrollo endógeno" propuesto por el Socialismo del Siglo XXI, se ha traducido en un esquema de empobrecimiento nacional y pulverización de los recursos petroleros. El Gobierno, para impedir que la receta estatista que aplica provoque efectos explosivos, tal como ocurrió con "El Caracazo", utiliza las abundantes divisas que posee para retornar con entusiasmo a la economía de puertos. Importa carne, azúcar, maíz, entre otros bienes. El petróleo no se aprovecha como palanca para fortalecer la economía doméstica, sino como fuente para potenciar la producción de otras naciones. Otros son los empresarios y otros los trabajadores que recogen los frutos de la bonanza.

Como parte de esta paradoja tan singular, se aprecia que el Gobierno importa productos de países con economías de mercado, donde el precio de esos bienes no está regulado por el Estado, sino que se fija de acuerdo con la oferta y la demanda. De Cuba ni azúcar se trae. Promueve en el exterior lo que les niega a los empresarios y consumidores nacionales. La seguridad alimentaria de la que tanto habla -que depende de una alta inversión en el campo y elevados niveles de producción y productividad agrícola, fundados en el principio de las ventajas comparativas- está siendo atacada con misiles atómicos por quienes deberían ser sus guardianes.

Pregunta

Convendría que el Gobierno se preguntase por qué en Colombia y Uruguay, desde donde se importa carne, no hay desabastecimiento de ese rubro. ¿Es que acaso la vocación pecuaria de esas naciones es mayor que la de Venezuela? Lo que explica que la carne abunde en esas latitudes y que, sin desatender la demanda interna, se genere un excedente exportable, es que la industria ganadera es privada. Los ganaderos y dueños de grandes hatos, los propietarios de frigoríficos y los vendedores al detal, no son hostigados ni criminalizados por el Estado. Las autoridades no los amenazan con expropiarlos ni estatizar sus actividades.

El Gobierno debería averiguar en cuáles países se genera escasez y desabastecimiento. Encontraría que sólo en aquellos donde el intervencionismo del Estado se exacerba, se acorrala la libre iniciativa y la libre empresa, se espanta la propiedad privada y se pretende desconocer el axioma que rige la oferta y la demanda. En las naciones capitalistas desarrolladas, o que están en vía de serlo, no se habla de especulación o acaparamiento. Estas prácticas se han dado en medio de guerras o hecatombes, no en circunstancias normales. En España, Chile y Suecia, cuyo "socialismo" es permanentemente elogiado por los funcionarios gubernamentales, no existen los controles y las restricciones que se aplican en Venezuela y, en consecuencia, no existe especulación ni acaparamiento.

El Socialismo del Siglo XXI, que propone como remedio clave el estatismo, está provocando una crisis de desabastecimiento inexcusable en medio del mayor y más prolongado auge petrolero vivido por el país. El desarrollo endógeno con sus fundos zamoranos, autogestión, cooperativas, empresas de responsabilidad social y cogestión, no ha servido para mitigar la crisis desatada por las políticas intervencionistas del Gobierno. La expansión continental del socialismo bolivariano en realidad se traduce en extensión y fortalecimiento del capitalismo, sólo que fuera de nuestras fronteras. El "proceso" es candil en la calle y oscuridad en la casa.

El Universal, 09-04-2007.

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

0 comentarios

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres