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FIRMAS DE FaCES

La aventura venezolana / Ignacio Avalos Gutiérrez

La aventura venezolana / Ignacio Avalos Gutiérrez

Durante la Semana Santa fui con mi familia hacia las playas de oriente. Viajé durante varias horas por carreteras desiguales, unas en buen estado, otras no tanto, combinadas por trozos de una autopista a medio hacer, llamada antes Rómulo Betancourt, hoy en día re bautizada con el nombre de Francisco de Miranda, una autopista que lleva alrededor de dos décadas construyéndose, sin que al final sepamos, en verdad, por cuáles razones ni por culpa de quienes se ha demorado esta eternidad. El trayecto, por cierto, luce como la puesta en escena para una exhibición del modernísimo y lujoso parque automotor nacional, paradoja de un proyecto político que anda en busca del desarrollo de un modelo social ajeno a las desmesuras del consumismo ostentoso. 

La ruta esta plagada de alcabalas, entre otras cosas para velar – en lo que se observa es difícil enterarse de que manera - por el cumplimiento de la ley seca, promulgada a la carrera, ejemplo de una política pública bien intencionada, montada sobre una premisa correcta (la influencia del alcohol en los accidentes de tránsito), pero que representa, apenas, un parche mágico colocado en un problema antiguo y complejo que amerita cirugía mayor. No nos extrañe entonces, si la tragedia de estos días termina dejando como saldo una aritmética análoga a la de tantas otras veces.  

Uno se entera, sin embargo, de que la medida no sólo busca preservar la vida de los ciudadanos, sino que pretende, también, he allí su toque moral, “ayudar en la construcción del hombre nuevo, pues ¿quien ha dicho que el socialismo es asunto de borrachitos” ¿?, según la prédica de un dirigente emeverrista del Estado Anzoátegui. Por su parte, algunos sectores radicales de la oposición (radicalmente confusos, me refiero), han reaccionado, cual perrito de Pavlov, afirmando, que “se trata una muestra más del autoritarismo de este régimen, deseoso de conculcar nuestro sagrado derecho a la bebida”, opinión que escucho en el radio del carro, al tiempo de que me pregunto, de paso, como diablos a un régimen así (uno se lo imagina todopoderoso, ¿no?), se le escapa el ex gobernador de Yaracuy usando un boquete del aire acondicionado de la prisión en donde se encontraba, para después subirse a un taxi y viajar al extranjero, desde donde nos comunica que esta bien, no se preocupen, les mando saludos a todos, los quiero, chao, chao. Un episodio más, éste, de la crisis carcelaria venezolana, la cual pareciera imposible de resolver, a pesar de que las autoridades dicen y dicen que están a punto de lograrlo. Pero, lo peor es que se trata, así mismo, de un hecho, junto a otros muchos, demasiados, que levanta la sospecha de que el gobierno es, cada vez más, en más cosas, una ficción. 

Nuestro viaje a oriente es la constatación, a través de detalles que parecen menores, de esto que digo.  Poblaciones sucias, como si nunca nadie les pasara la escoba. Un lanchero que te lleva  de paseo mar adentro, con la mano derecha en el timón y la izquierda en su sexta cervecita, casi a la vista de las autoridades encargadas del Operativo Semana Santa 2007. Playas atestadas de gente, sin un vigilante a la vista y cada prójimo ligando no le vayan a robar la cartera. Un casino informal – apenas una tabla rústica haciendo las veces de ruleta, montada sobre cuatro palos de madera -, que funciona en el Paseo Colón de Puerto La Cruz, administrado por un gordito que a cada rato metía y sacaba del bolsillo una paca gruesa de billetes, señal de su éxito entre los turistas que se dan cita en el malecón, mientras los policías, ubicados cerquita, se dedicaban a observar los pechos bronceados de las transeúntes. Los precios de todo, inclusive el de la caña, oscilando más o menos como les da la gana. Los cuentos sobre la inseguridad que te echa casi cualquier persona con la que hablas. El enredo del transporte público en todas partes. Etcétera, un largo etcétera. 

Cómo descifrar, entonces, a un gobierno que anda tras la idea del partido único, la reelección indefinida, una asamblea que no rezongue, el  liderazgo indiscutible y demás apretones de tuerca a la democracia, envueltos, además, en una narrativa épica que persigue  lavarles la cara, mientras, por otro lado, se muestra inerme en la tarea de poner orden y concierto en aspectos esenciales para la convivencia ciudadana, dejando que la vida nuestra de cada día se vaya volviendo, en muchos sentidos, una aventura, con ciertos visos peligrosos de desmadre, sobre todo en los sectores más pobres   

Harina de otro costal. El candidato derechista francés, Jean Marie Le Pen, ha propuesto la masturbación femenina como método de control de la natalidad. Es, me parece, como prohibir la circulación de vehículos en la próxima Semana Santa venezolana, a fin de que los ciudadanos no se maten en las carreteras.  

El Nacional, 11-04-2007.

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