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FIRMAS DE FaCES

¿Qué pensarán Didalco y Martínez? / Ignacio Ávalos Gutiérrez

¿Qué pensarán Didalco y Martínez? / Ignacio Ávalos Gutiérrez

Se debe a la ignorancia de la gente, se escucha a guisa de explicación en algunos círculos intelectualmente correctos. A su condición premoderna. Al consuetudinario facilismo del populacho, siempre a la búsqueda de la papita pelada. A su propensión natural a ser seducido por candidatos demagogos. A la incapacidad mental para orientarse hacia el logro, rasgo infaltable en la cultura de la pobreza. A la obsesión, casi convertida en segunda naturaleza (vainas del inconciente colectivo), por un-caudillo-salvador-de-la-Patria. El menú de interpretaciones es, pues, variado con respecto al crecimiento experimentado por la izquierda latinoamericana, durante la última década, pero, al final, confluye, sin remedio, en la convicción de que los pobladores de esta parte del mundo somos, qué se le va a hacer, unos eternos equivocados. 

Pero, por qué no ensayar explicaciones de otra índole, las que apelan a la terquedad de los números característicos de la realidad de los países de la región, los cuales configuran un retrato preocupante, resultado de graves y antiguos desacomodos estructurales y funcionales sobre los que se asienta la vida social. La nuestra es la segunda región más pobre de la tierra y la más desigual desde el punto de vista del la distribución del ingreso, según lo muestra un conjunto de estadísticas que le mete miedo a cualquiera, sin necesidad de ponerle la lupa para explicarlo, hasta el detalle, en sus causas y efectos. 

La izquierda, así pues, avanza en nuestros países La izquierda, digo, vista como opción que promete el cambio, más allá de sus diferencias en cuanto a orígenes, contextos, pedigree político, enfoques o radicalismo en sus propuestas de gobierno. La izquierda, en fin, como un anhelo colectivo, tal vez difuso, sólo eso, que, sin embargo,   ya es mucho.  

Una izquierda, sigo, que todos queremos suponer alejada de vieja izquierda, la que produjo el socialismo real, la que fracasó históricamente, según  quedo certificado y notariado, en la caída del muro de Berlín. Una izquierda  reformista, democrática, plural, con multiplicidad de bases sociales y agendas políticas, organizada en torno a los valores de siempre  - la igualdad, la libertad y la solidaridad -, pero entendidos desde las posibilidades y los escollos que ofrece el siglo XXI. 

Esta nueva izquierda está en pañales.  Resulta difícil sostener que es, ya, una alternativa al modelo neoliberal que nos gobernó, ajustes más, ajustes menos, a lo largo de los últimos años. O para creer que pueda estarlo, en sus líneas más gruesas a la vuelta de la esquina, como si en materia de fenómenos sociales hubiese algo similar al café instantáneo. La tercera vía mostró claramente la vocación democrática de la izquierda mundial, así como sus desacuerdos con las políticas neoliberales, pero no logó armar y ponerle cara de factible a una alternativa para la superación del capitalismo en la globalización.

La nueva izquierda, además de un afán colectivo, como ya dije, es, por los momentos, un mero abanico, más o menos amplio, de iniciativas  con diverso grado de madurez y alcance, visibles en distintos países, tanto a nivel nacional, como regional y local, las cuales apuntan en la dirección de procurar sociedades más equitativas, más democráticas, más respetuosas de lo diverso, más equilibradas desde el punto de vista ambiental.  

Estas cosas las escribía hace alrededor de dos años, cuando la propuesta del “Socialismo del siglo XXI” no figuraba, aún, en el centro de la agenda política venezolana.  Las retomo por las iniciativas anunciadas por el gobierno el pasado diciembre, de la Ley Habilitante para abajo (o para arriba).  Las retomo, así mismo, por la manera tan fácil como se prescindió la semana pasada de Didalco y Martínez, los gobernadores que militan en Podemos, al discrepar de lo que piensa el Presidente Chávez, respecto al tema del partido único.  ¿Qué pensarán ahora Didalco y Martínez? ¿Pensarán que la mencionada propuesta sigue siendo un invento a la venezolana o un remedo “aggiornado” del socialismo real?  ¿No pensarán que se está resucitando un dilema entre transformación socialista y democracia, como si las maneras democráticas -me refiero a su lentitud, a su cuidado por las formas, a su respeto por las minorías- fueran un impedimento para los cambios que urge hacer? 

Así las cosas, si los vientos ideológicos soplan como parece que están soplando entre nosotros (re-elección indefinida, Comisión de Planificación Centralizada, Reforma Constitucional y otras menudencias), ¿no pensarán Didalco y Martínez, y perdóneseme  la arbitrariedad mía tratando de ponerme en su pellejo, que lo que la nueva izquierda tiene por delante es la tarea de idear y abrirle paso a una alternativa política que sea post-neoliberal, cierto, pero, también, post-socialista? 

El Nacional, 25-04-2007.

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