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FIRMAS DE FaCES

¿Bolívar fuerte? / Arlán A. Narváez R.

¿Bolívar fuerte? / Arlán A. Narváez R.

La fanfarronería propia de este régimen ofrece una reconversión monetaria hacia algo que llaman “bolívar fuerte”, sin embargo, el desprecio que siente y manifiesta por la economía, se expresa en el desmantelamiento de las instituciones económicas y del aparato productivo que, entre otros monstruos, le da vida y fuerza a la inflación y a la desconfianza, dos de los más terribles males que hacen sumamente débil a nuestro signo monetario, por encima del aparentemente alto nivel de reservas internacionales, sea cual sea la realidad de ese nivel.

Las reservas internacionales suelen verse como expresión de la fortaleza de una moneda; en Venezuela han sido tradicionalmente el principal respaldo del dinero emitido por la autoridad monetaria y un seguro para nuestras futuras importaciones.
Simplificando, puede decirse que las reservas internacionales tienen su origen cuando los pagos que recibimos del exterior, especialmente por concepto de la venta de los bienes resultantes del esfuerzo productivo de los venezolanos, son mayores que los pagos que hacemos al exterior por los bienes que importamos; esta situación genera una diferencia que se conoce como superávit que, de un año a otro, pasa a engrosar las reservas. Se llaman así porque se utilizarán en el caso que nuestras ventas no sean suficientes para cubrir nuestras compras del exterior.

En entrega anterior explicamos que el avance de la inflación interna neta no ha sido compensado con una corrección de la tasa de cambio, de forma que en éste se presenta una sobrevaluación que se expresa en un abaratamiento relativo de los bienes del exterior y en un encarecimiento de los nuestros para nuestros potenciales mercados externos y que esta combinación afecta negativamente a nuestros productores, contribuyendo a alejar la solución inflacionaria porque destruye las posibilidades de la oferta. La expresión concreta de ello ha estado en la duplicación de nuestro nivel de importaciones, de 16 millardos de dólares, en 1998, a cerca de 34 millardos en la actualidad, mientras que nuestras exportaciones no petroleras prácticamente no han variado en el mismo período.

En cualquier otro país una situación semejante a ésta, tasa de cambio fija con sobrevaluación, importaciones crecientes y exportaciones estancadas ya hubiera acabado con las reservas internacionales, pero aquí, el chorro de ingresos petroleros que no cesa de recibir Venezuela, alentado por los altos precios del hidrocarburo, crea la ilusión de un alto nivel de reservas, con la ayuda de un estricto control cambiario que reprime la demanda de dólares y, en consecuencia el uso de las reservas.

La inflación ha erosionado el poder adquisitivo del bolívar y, al ser mayor que la tasa de interés nominal (la que dice pagar el sistema financiero), se come también el ahorro de los venezolanos, haciendo que nuestra moneda pierda una de las funciones fundamentales que debe tener el dinero, como es la de reserva de valor: La garantía de que un bolívar ahorrado hoy pueda servirme dentro de un año para comprar lo mismo que compraría hoy. Al destruir la inflación esta función es perfectamente lógico que los trabajadores quieran proteger sus ahorros, producto del sudor y esfuerzo productivo a lo largo de su existencia, saliendo de los bolívares para adquirir otro instrumento que preserve tal valor; ésta es una de las explicaciones de porqué los 7 millardos de dólares de los bonos de Pdvsa se colocaron en cuestión de minutos. Esto no es precisamente una muestra de fortaleza sino por el contrario, de suma debilidad.

Agregue usted a lo anterior que, como se ve en el estancamiento de las exportaciones no petroleras, los dólares que van a las reservas no derivan realmente de de “la venta de los bienes resultantes del esfuerzo productivo de los venezolanos” (ver arriba) sino del albur de los precios petroleros. Súmele a ello el manejo discrecional y nada trasparente de las reservas, que pasan “de un bolsillo a otro”, como explicó públicamente el antiguo administrador de la cantina de Elorza.

De forma que, con el pomposo y grandilocuente nombre de “bolívar fuerte” se pretende explotar la figura del Libertador en sus mejores días, para esconder una realidad monetaria que se corresponde realmente con el Bolívar de sus últimos días en San Pedro Alejandrino, débil, enfermo desahuciado e impotente para superar sus penurias. ¡Cosas veredes, Sancho!

2001, 16-05-2007.

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