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FIRMAS DE FaCES

El fin de la paz petrolera / Armando Córdova Olivieri

El fin de la paz petrolera / Armando Córdova Olivieri

Ya se están manifestando signos evidentes de que la ingenua creencia de que los precios altos del petróleo llegaron para quedarse eternamente se hace cada vez menos sustentable, agregándose con ello, un peligroso y explosivo ingrediente a la crisis política venezolana. Hasta ahora los abultados ingresos petroleros han permitido sufragar una incierta transición hacia un nuevo orden societario en un ambiente de relativa paz social.  

Esta era de elevados precios, cuyo inicio se remonta al año 2000, parece estar siguiendo fielmente un guión determinista. Hoy, siete años después, la comparación fáctica del presente con la evocación del relato bíblico de la profecía de José, interpretando un sueño del faraón Paró,  como el futuro advenimiento de un período de siete años de vacas flacas al término de un similar período de vacas gordas,  le crispa los pelos a cualquiera.  

Sin embargo, hay una importante diferencia entre ambos momentos. En aquella remota  circunstancia, la divina decisión del omnipotente faraón, fue la de prestar atención a las palabras de José, su fiel asesor, las cuales tuvieron el poder persuasivo suficiente para convencerlo en la toma las medidas necesarias para la mitigación del impacto de aquel negro futuro en ciernes. Se ahorro durante la abundancia para enfrentar la eventualidad (hoy reconocida profecía) de una futura carestía y asegurar la cohesión y gobernabilidad del vasto imperio egipcio.  

La situación venezolana no ha sido manejada con el sentido político y responsabilidad del faraón. El madurado esfuerzo de finales de la década de los noventa de crear los dispositivos correctivos para mitigar el negativo impacto de la volatilidad de los precios del petróleo, mediante la instrumentación temprana de un fondo para la estabilización de la capacidad dinamizadora del gasto público, lastimosamente ha sido borrado de un plumazo. 

Adicionalmente a la configuración exógena de factores para una caída de los precios petroleros, tenemos la insalvable inercia demográfica del país la cual, habrá agregado para  la honra de la noble y difícil causa del gentilicio venezolano,  un total cercano a los 4 millones de nuevos venezolanos, desde el comienzo de la era de precios altos del crudo. Es decir con precios altos alrededor de un tope fijo, suponiendo constante el volumen de exportación (independientemente del hecho de que no existan razones para suponerlo), el ingreso per capita mermará sin que podamos evitarlo. 

Pero debemos tener en cuenta que hay un hecho que, paradójicamente, puede convertirse en la tabla de salvación del gobierno venezolano. Los elevados y autocríticamente reconocidos niveles de corrupción e ineficiencia del gasto público. Independientemente que desde la perspectiva política tal circunstancia pueda ser justificada por algunos, hoy, en tiempos de mayor calma relativa, si el gobierno decide enfrentar decididamente la corrupción e ineficiencia fiscal, la paridad real efectiva del bolívar fiscal podrá mantenerse no obstante la verificación de una caída de los ingresos petroleros. 

Pero todo tiene sus costos y riesgos. El anquilostamiento oportunista de una nueva burguesía burocrática, aduladora y traicionera, podrá generarle peligrosas tensiones a Chávez,  cuando ésta perciba la disminución de sus prebendas.

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