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FIRMAS DE FaCES

Carta al Ministro Carreño / Ignacio Ávalos Gutiérrez

Carta al Ministro Carreño / Ignacio Ávalos Gutiérrez

Le escribí hace poco, recién se había encargado del Ministerio, abordando el tema de las cárceles venezolanas.  Lo vuelvo a hacer ahora a riesgo de hacerme fastidioso, que vaina con ese tipo, dirá Usted, en esta ocasión para tratar de saber que va a pasar, al fin, con la reforma policial.  La Comisión Nacional nombrada por su antecesor, Jesse Chacón, encargada de elaborar una propuesta al respecto, rindió su informe final, después de nueves meses de trabajo.  Piensa uno que ahora toca eso que en los predios burocráticos llaman la implementación, fea palabra, prima hermana de ofertar, accesar y tantas otras que hemos tomado del inglés a fin de lucir más técnicos y modernos. Pero, da la impresión, Ministro, de que no va a ocurrir nada, y lo peor de todo es que no se sabe por qué, disponemos, apenas, de rumores que nos producen una mezcla de angustia con desencanto.

 

El documento elaborado irá, entonces, a la gaveta, según costumbre nacional implantada desde Colón hasta nuestros días. Nos quedaremos, pues con los cuerpos policiales tal y como están, no obstante coincidir todos los diagnósticos en que en su transformación reside una de las tareas más cruciales con vistas a solucionar el problema  de la inseguridad en el país.  Después de doce ministros, incluyéndolo a Usted, cada cual con su discurso, sus promesas (ahora si, compatriotas, se los juro, ténganme fe, por favor),  sus comisiones y sus propuestas, y después de estos ocho años de gobierno, la policía es, con toda seguridad, una de las poquísimas instituciones que no se ha sido tocada, ni siquiera por encimita, ni siquiera con el pétalo de una rosa.

 

Así las cosas, Ministro, no se si me equivoque al creer que, por lo que se está viendo, queda en suspenso la esperanza que despertó entre los venezolanos el nombramiento de la mencionada Comisión. Me refiero a la esperanza de poder ir teniendo una mejor policía, parte de un paquete de medidas que podrían ir haciendo posible una sociedad más tranquila y pacífica que la que ahora tenemos. Y no me diga, Ministro, que procederá a juramentar otra Comisión para que genere otro cuerpo de recomendaciones, porque, sin ánimo de ser dramático, en nuestra sociedad la mecha se acorta y la bomba se encuentra cada vez más cerca de estallar.

 

Usted sabe que, como dice cualquier manual de sociología, la vida colectiva reposa en la premisa de que solo el Estado puede administrar y ejercer la violencia y que los particulares no pueden dirimir sus conflictos ni a balazos ni a puñaladas, nadie esta autorizado, pues, a tomarse la justicia por su propia mano. En fin, se trata del A,B,C de  la vida en común aunque, así andarán las cosas por estos tiempos, que a veces da la impresión de que nos esta empezando a resultar extraña esa regla de oro de la convivencia humana.

 

Cierto, Ministro Carreño. A la chita callando, sin darnos cuenta, ha ido mermando entre nosotros esta  creencia tan fundamental e indispensable. Nos hemos hecho de la vista gorda ante la multiplicación de los cuerpos privados de vigilancia, frente a las talanqueras que resguardan a la mayoría de las urbanizaciones en no pocas ciudades del país, frente al creciente numero de venezolanos portando rifles y pistolas, frente a los grupos de exterminio o a los llamados grupos de autodefensa, todo ello en medio de una lista larga, desgraciadamente larga, de absurdos que toman rostro de normalidad. En efecto, poco a poco nos estamos habituando a ello, y lo que me parece mas grave, aclimatando al discurso sobre la necesidad de defendernos, todos de todos y que Dios nos agarre confesados o, mejor aún, armados hasta los dientes. 

 

En la raíz del contrato social que regula las relaciones colectivas, una de las cláusulas mas importantes tiene que ver, así pues, con el monopolio estatal de la violencia, norma  imprescindible e irrenunciable, de allí la necesidad de contar con una buena policía. Se sabe desde siempre, en esto la historia no arroja la menor duda, que en con relación a la violencia, la libre competencia es suicida.  No deja hueso sano en la sociedad y las fracturas se hacen casi eternas. La restauración de tal monopolio, se torna, así, en una de nuestras primeras urgencias. Hay, pues, que desactivar las condiciones que hemos ido regando por aquí y por allá, a sabiendas de de que la violencia es una derrota general, haciéndolo sin aguajes, conscientes de que nos jugamos mucho, todo.

 

Harina de otro costal. Antes hizo que se hiciera la guerra en Irak, saltándose a la torera todas las normas, sin que nadie le reclamara nada de nada, al contrario.  Ahora, hace poco, se brincó las reglas a fin de darle una mejor remuneración a su novia y lo van a destituir de la Presidencia del Banco Mundial, hay, inclusive, quienes hablan de cárcel por su falta. No se si es idea mía, pero en este mundo a veces no hay sentido de la proporción.

El Nacional, miércoles 16 de mayo de 2007.

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