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FIRMAS DE FaCES

2 X / Arlán A. Narváez R.

2 X / Arlán A. Narváez R. Aunque han transcurrido 53 años y yo sólo tenía 5, todavía recuerdo la primera transmisión televisiva en Venezuela. Fue un evento largamente esperado y aquel día, en el salón principal de Los Cortijos, junto con mis padres, mis hermanas y otro montón de gente, estábamos frente a una caja grande de madera, con puertas abiertas que tenía en el medio algo así como una ventana de vidrio verdoso: la pantalla del televisor.
Como una hora antes, igual que había ocurrido desde días atrás, la pantalla se iluminó y apareció una extraña imagen fija que tenía una serie de círculos concéntricos en el centro, como los de una diana de tiro al blanco, y otras cuatro dianas, en las esquinas de la pantalla. La del centro terminaba con la curiosa efigie de un indio con un penacho de plumas. Aunque se oía música de fondo igual me parecía aburrido y no entendía por qué la gente estaba embebida en aquel cuadro tan soso, hasta que, como por arte de magia, ¡empezó la transmisión!

Realmente no recuerdo cuáles fueron las primeras imágenes televisadas pero muy pronto el televisor se convirtió en parte cotidiana de nuestras vidas, aunque por mucho tiempo y hasta hace relativamente muy poco estaban limitadas las horas de transmisión.

La primera emisora fue la Televisora Nacional, que se sintonizaba en el canal 5. Muy pronto se unieron Televisa, desaparecida en 1960, y Radio Caracas Televisión, hoy RCTV.

De aquellos primeros años me resultan inolvidables muchos nombres y programas, como “Bambilandia” y dos de sus personajes, El Ratón Pérez y el perro Rufo, interpretado por Italo Cesari, hoy distinguido investigador en el IVIC; “El Observador Creole”, primer noticiero televisado, narrado con suma seriedad y solvencia por Francisco Amado Pernía; “El Show de las 12”, a cargo de una de las primeras personas en ganarse el cariño de los televidentes, Don Víctor Saume, que trajo a las pantallas decenas de luminarias nacionales e internacionales; y, por supuesto, los programas de Renny Ottolina, de creatividad y carisma inagotables. Entre los primeritos programas se me quedó muy grabado el sonido y la escena de cierre de uno que presentaba Finí Veracoechea Vaz, primo de mi papá; que terminaba con música de una Polonesa de Chopin mientras Finí, con una brocha, pintaba la pantalla hasta dejar un agujerito en el medio para despedirse y terminar de pintar hasta desaparecer la imagen.

Podría seguir reviviendo imágenes de aquellos primeros años de la televisión venezolana, pioneros, ingenuos y románticos, pero esas memorias excederían en mucho el límite para estas líneas. Bastará con señalar que, como es fácil suponer, una parte considerable de ellos están directamente asociados con RCTV. Hoy estos recuerdos vienen a colación porque vuelve a vivirse una espera semejante a la de aquellas primeras imágenes televisadas, sólo que en esta oportunidad la espera no es para iniciar una época sino para ser testigos de cómo la terminan arbitrariamente.

A RCTV le quedan solamente horas antes de ser silenciada “por ahora”. Resulta necio discutir si es un cierre o una extinción de concesión, lo cierto es que la cierran porque la voluntad soberana de quien se cree dueño del país así lo decidió y así lo ordena. Y de allí en adelante vienen todas las otras excusas para tratar de vestir de legitimidad la medida ante la preocupación nacional e internacional. La verdad verdadera es que él sólo quiere decidir por todos nosotros: si se verá el canal o no, si se fumará o no, si se beberá güisky o no, si se usará tinte y maquillaje o no y todo lo que le venga en su realísima voluntad. Quiere decidir hasta sobre la conveniencia de las toallas sanitarias y los pañales desechables: él cree ser el único que sabe qué es bueno y qué es malo.

En la España de Franco hubo una revista humorística a la que le cerraban la edición cada vez que hacían chistes que no gustaban al régimen. En una oportunidad publicaron un artículo crítico que acarrearía una respuesta de esas y, en el editorial, escribieron estos versos para mostrar su determinación hacia su derecho a expresarse libremente: “Si balín es a balón / como cojín es a “X”/ nos importa dos “X” / que nos cierren la edición” Quisiéramos decir lo mismo el domingo cuando la brocha pinte la pantalla de RCTV por última vez, porque no podrá cerrar el pensamiento, la determinación y el futuro de los venezolanos.
.¡Cosas veredes, Sancho!
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