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FIRMAS DE FaCES

¿Estudiantes vs. militares? / Domingo Alberto Rangel

¿Estudiantes vs. militares? / Domingo Alberto Rangel

Los estudiantes, solemos decir, pertenecen a las clases privilegiadas de la sociedad. Pero ese señalamiento sería justo si entre los privilegiados incluimos a la clase media; si quedan limitados a la burguesía, a pequeñísimos estratos de la clase media, la ubicación y clasificación de los estudiantes cambiaría de toda evidencia. 

Hay algo indiscutible, la cultura, sea esta clásica o moderna, literaria o científica es un privilegio o envuelve un privilegio. Detrás de Aristóteles en la Antigüedad debió haber un magistrado o un mercader ateniense que proveyó a sus necesidades mientras éste pensaba o indagaba. Detrás de Albert Einstein debió haber un tabernero o comerciante judío que lo sostuvo hasta la coronación de sus estudios. Para sustraer un par de brazos o un cerebro a las faenas productivas inmediatas hay que disponer de recursos sobranceros. De lo contrario, el núcleo familiar que pretende hacer esa sustracción para que uno de los suyos estudie o se forme, se hundiría en la miseria. 

Los estudiantes de hoy, que marchan contra el comandante Chávez, los de ayer que marchaban contra el general Gómez, los de Venezuela, los de Colombia o los de Japón serán siempre y siempre lo ha sido, privilegiados de alguna manera. Para comprobarlo bastaría asomarse a la posición social de los estudiantes de 1928 que por renombrados serían el término obligado de todas las comparaciones del grupo de estudiantes insurgentes o batalladores de aquel año, sólo Betancourt y Villalba eran plebeyos, los demás pertenecían a la clase media alta. Entre ellos uno o más de uno, digámoslo, tenía apellidos de muy rancias oligarquías, tanto de Caracas como de otras ciudades. 

Este recorrido, medio pedantesco, resulta obligado, sin embargo, porque hay en ciertos sectores, una intención agazapada o evidente de descalificar a los estudiantes de la UCV o de la UCAB, por su extracción social. Claro que muy poco de entre ellos son marginales o proletarios, pero ello en nada los desmerece. Simón Bolívar fue un mantuano y bien conservador, lo cual en nada lo reduce, tal vez por el contrario, lo exalta o califica. Es posible también que entre los estudiantes de las marchas se puedan encontrar algunos parientes de Hugo Chávez o de Pedro Carreño. 

¿La contradicción?

Una de las contradicciones más añejas de la historia, nacida y sin extinguirse aún, es aquella que enfrenta, en una misma clase social, a padres20070610221223-est3.jpg poco cultos con hijos más ilustrados. En la revolución esta diferencia llega a tener manifestaciones más marcadas. Felipe Igualdad, aunque resultó a la postre un desdichado, es el caso más conocido. Aquí en Venezuela parece que algunos vástagos de los prohombres del gomecismo hicieron causa común o participaron en manifestaciones insurgentes o para demostrar estas contradicciones, el hijo del general López Contreras, estudiante de la Escuela Militar se sublevó u murió en la cárcel. 

Pero hay algo más importante que estas divergencias sociales entre estudiantes y autoridades o progenitores, es el papel del estudiantado en la historia del país. Desde 1928 hasta 1952 corren treinta años en que la política en nuestro país fue reflejo, producto u obra de las universidades. En 1936 la muerte de Gómez habría sido un suceso remoto o ignoto de no ser por los estudiantes que se lanzaron a las calles al conocerse la noticia del deceso del tirano. Toda la marejada popular y el clima de intensa agitación reinante a raíz de la muerte de Gómez, derivó de los gritos primigenios que el mismo 19 de diciembre, no bien enterrado Gómez, lanzaron los estudiantes. 

En 1958 el otro tirano del siglo XX fue en gran medida derribado por los estudiantes de las universidades. La agitación callejera, el clima insurgente que derrocaron a Marcos Pérez Jiménez tuvieron su primer chispazo en las aulas universitarias. Y la resistencia frente a otros dos opresores, Betancourt y Leoni, fue empresa ante todo estudiantil. Los estudiantes han sido en nuestras luchas el chispazo que pone en marcha el motor, el primer rayo de luz que al anunciar el día, vence a las sombras. 

Pronóstico

Es probable o casi seguro que las marchas estudiantiles de hoy sea el augurio de una pugna histórica entre militares y estudiantes. No sería el primer enfrentamiento entre ambos. Los últimos años del gobierno de Gómez -1928-1935- fueron el reflejo de ese enfrentamiento. De mi infancia en Tovar quedan dos estampas en mi mente, la del general Juan Pablo Peñalosa, amarrado a la maleta de un automóvil, camino del Castillo de Puerto Cabello, y la de los estudiantes de la ciudad conducidos por unos esbirros a construir una carretera. El gobierno de Pérez Jiménez fue un contrapunteo entre estudiantes y militares. 

Chávez no va a escapar de ese destino, porque el presente régimen está condenado a ser cada vez más militarista y menos demagogo. En la medida en que la crisis nacional se agrave y el sectarismo presidencial se perpetúe, a Chávez no le quedará otra alternativa que apoyarse más en los militares, y éstos no respaldan, sobre todo a magistrados caídos en desgracia. El único sector social que está en capacidad de enfrentar en todos los terrenos, incluso el armado, si hubiese lugar a ello, es el estudiantado. Podrían los estudiantes soportar carcelazos, torturas y otras pruebas si la situación llega a tales extremos. La pelea entre militares y estudiantes viene o vuelve, como en 1928 y 1958. Es ella casi una maldición gitana.

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