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FIRMAS DE FaCES

El mensaje y el traje / Elsa Cardozo

El mensaje y el traje / Elsa Cardozo

Escribo estas líneas con una mezcla de asombro, orgullo y respeto que inspiran los estudiantes venezolanos que, con una reacción atrevida y pacífica, espontánea y organizada, candente y centrada, han salido a la calle a pedir respeto a la libertad de expresión y por el de expresarse ellos mismos cívicamente. 

Mucho queda por analizar, decir y escribir acerca de las razones y significados sociológicos, políticos e históricos de un fenómeno que marca un hito, posiblemente entre un antes y un después, en nuestra vida política venezolana. 

La claridad de principios y propósitos estudiantiles va acompañada por una asombrosa versatilidad de movimientos e impresionante capacidad persuasiva. 

El mensaje de respeto a la expresión plural que los jóvenes, mayormente universitarios, plantean desde lo que propio de su formación –el valor de la autonomía y la diversidad en el pensamiento- es compartido desde su peculiar perspectiva por la diversa y vasta mayoría de venezolanos en desacuerdo con el cierre de Radio Caracas Televisión. Se está creando un ámbito común desde el que todos resienten, cada cual a su manera, la pérdida de libertad; esa que es tan temida por los regímenes autoritarios: los de izquierda rancia, obsesiva en su obsesión igualadora desde la ineficiencia económica, el pensamiento único y el partido-gobierno; los de la derecha militarista, represiva en su obsesión por imponer el orden y eliminar cualquier disidencia. Dos extremos que se tocan por aquí, sobre nosotros. 

Aun en un panorama desalentador y lleno de peligros y provocaciones a la violencia, nuestros estudiantes no se han dejado desanimar, ni mucho menos distraer de sus principios y propósitos: el tema que los convoca es la libertad de expresión. 

Y esto no es sólo importante como mera táctica de lucha en el corto plazo, es parte del mensaje de una nueva generación. 

Lo que ha estado ocurriendo desde el 28 de mayo es el llamado de atención sobre temas a los que por acción u omisión se les ha estado sacando el cuerpo, nacional y regionalmente, no obstante los abundantes protocolos, cartas, declaraciones y discursos. 

En efecto, las necesidades y los derechos civiles y políticos de la gente han quedado relegados a un plano secundario en nombre de las innegables urgencias de la pobreza, la desigualdad y la exclusión, a las que unos consideran el caldo de cultivo para los radicalismos, mientras que otros las van instrumentando –antes que atendiendo para resolverlas- con fines políticos de control. En realidad, más que la pobreza y la exclusión –o junto a ellas- son las fragilidades institucionales democráticas las que han abierto la puerta a gobiernos como los de Chávez, Morales, Ortega o Correa. 

Lo que nuestros estudiantes traen de regreso es el reclamo porque los derechos civiles y políticos –al atentar contra la libertad de expresión- quedan heridos de muerte. El mensaje a propios y extraños recuerda al del espontáneo y asertivo muchacho de uno de los cuentos de Hans Christian Andersen: el relato del emperador, tan preocupado por su apariencia e imagen, que gastaba gran parte de sus ingresos en lujosas y llamativas vestimentas. 

Descubierto el engaño del traje que no era tal, la actitud soberbia del monarca desnudo y sus acólitos no hizo más que exponerlos al desprecio público en el reino y más allá de sus confines.

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