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FIRMAS DE FaCES

Ahora, papel y lápiz / Ignacio Ávalos Gutiérrez

Ahora, papel y lápiz / Ignacio Ávalos Gutiérrez

Con el episodio de la Asamblea Nacional cae el telón de la obra estudiantil. Por ahora, claro.  Todavía queda mucho camino pendiente. Pero cayó el telón del primer acto. Toca, así pues, el repliegue para detenerse y ver hacia atrás.  Sacar papel y lápiz a fin de echar los cuentos y sacar las cuentas.  Es la única manera empinarse y poder trazar nuevos mapas, otras rutas. 

El retiro de los  líderes universitarios del parlamento resulta clave en el balance de la etapa inicial. Que hicieron mal en abandonar la tarima, dicen muchos, de uno y otro lado, a través de un menú de opiniones muy variadas. Perdieron la oportunidad de debatir  en cadena nacional. Se mostraron como lo que son, esto es, un movimiento sin ideas, armado en torno a oscuros intereses que se remiten, claro, al imperio y a la oligarquía nacional.  Mataron el tigre y le tuvieron miedo al cuero. Dejaron escapar una magnífica ocasión para denunciar al régimen (favor pronunciar la palabra alargando la “r”). Jugaron mal en el noveno inning y perdieron todo lo que habían lo grado en las dos semanas anteriores.  En fin. 

Sin embargo, a mí me parece que los representantes estudiantiles decidieron bien, abrochando, en ese último, confuso e incómodo lance, la tarea política que se propusieron hacer. Decidieron en congruencia con el perfil que se le quiso dar a las protestas y no se dejaron encajonar en términos de un debate que volvía a partir el país en dos. No se dejaron poner en uno de los polos para encarar al de la acera de enfrente. No permitieron, en fin, que les pegaran en la frente la etiqueta de oposición ni aceptaron la misión de entrompar al gobierno desde las filas obtusas del anti-chavismo. En fin, en medio de una comprensible heterogeneidad, mantuvieron su propuesta y si alguna cosa cabría criticarles es que no fueron capaces de deslindar – no era fácil, hacerlo, desde luego- la defensa del derecho a la libre expresión de la medida tomada con respecto a RCTV. En este caso mezclaron, creo, la gimnasia con la magnesia. 

Difícil imaginar lo que viene ahora. Pero se sabe, de seguro, que lo que queda por transitar es un camino largo y enredado. Se trata, nada menos, que de ir haciendo posible - en términos de sus posibilidades y de sus espacios, ojo -, una agenda para la discusión política que trascienda el pensamiento binario, dominante en estos últimos tiempos.  On, off.  Buenos, malos. Chavismo, antichavismo. Gobierno, oposición. En suma, la realidad venezolana puesta en un blanco y negro aburrido y esquemático, inútil para reflexionar y construir, muy eficaz para confundir y enfrentar. 

En los próximos días asomará su rostro el tema de la autonomía universitaria. Una papa caliente. Un tema en donde el simplismo también deja ver su hegemonía, reflejada en aquellos que la piensan como se pensó hace un siglo, con, apenas, algunos  retoques y los que la conciben como un impedimento grave para la revolución, según lo dejaron ver los estudiantes reunidos en el Teresa Carreño cuando le pedían la intervención de las universidades al Presidente Chávez. Salirle al paso a esta disyuntiva  absurda, puesta en la mesa como si en el medio no hubiese nada, y plantear una discusión que sepa mostrar la enorme complejidad del asunto, es la tarea que se le viene encima al movimiento estudiantil, incluyendo, claro está, a los jóvenes que apoyan al actual gobierno. Una discusión que, desde luego, se ubique en el contexto de la urgente reforma de nuestra universidad, todavía muy apegada a un modelo que ha durado más de lo que debiera, cosa que ocurre, de paso, en otros muchos sitios del planeta, no es, pues, una singularidad tropical. 

Se habla, en este sentido, de llevar a cabo algunos debates. Pero, cuidado: el debate suele ser una metáfora política del boxeo. Con frecuencia tiene lugar en condiciones que remedan al cuadrilátero, y la palabra se usa para golpear al contrario, noquearlo si es posible. Al final hay derrotados, no acuerdos. ¿ Por que no hablar, mejor, entonces, de un diálogo estudiantil  que tenga menos de show político?  

En este país tan fracturado no estaría de más un gesto dirigido a recordar el hábito democrático de reconocernos aunque no pensemos igual. De conversar y escuchar, de airear las discrepancias y comparar las ideas. De calibrar puntos de vista sobre la sociedad y la universidad. De arribar a los consensos mínimos imprescindibles para que la universidad pueda cambiar y funcionar.  

El Nacional, miércoles 13 de junio de 2007.

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