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FIRMAS DE FaCES

Los obstáculos del nuevo socialismo / Javier Biardeau R.

Los obstáculos del nuevo socialismo / Javier Biardeau R.

El reformismo social-liberal, el estalinismo anti-democrático y la falsa inocencia ideológica del pragmatismo 

Para el diseño de los socialismos radical-democráticos en el siglo XXI, nos  encontramos en un paisaje rodeados de obstáculos ideológico-políticos de diverso signo. En otro lugar los llamamos los “dinosaurios” y “minotauros”. Ruinas ideológicas del siglo XIX y XX por aquí, peligrosas opacidades del despotismo, por allá. Pareciera haber poco espacio para la creación heroica, para el inventar del Maestro Simón Rodríguez.  

Aquí precisaremos más estas metáforas, dado el porvenir de un debate que supera el “mande comandante” por una parte; es decir, el automatismo de la consigna y la lealtad al “cesarismo/bonapartismo progresivo”, y por otra parte, las certezas de caducas caligrafías de pensamiento revolucionario, de frases hechas y teorías dogmatizadas.  

Cuando los batallones se constituyan, los voceros de designen, los delegados aparezcan y por fin, aparezcan el campo de fuerzas de las ideas, nos encontraremos frente a estos obstáculos y veremos que sale de allí. O sale algo parecido al nuevo siglo XXI y a la singularidad histórica de una nueva experiencia instituyente, o será la “compulsión a la repetición”; es decir, una amalgama de autoritarismo, oportunismo y regresión intelectual; es decir, la expulsión de cualquier idea de intelectual colectivo de la doctrina de aparato, y por tanto un retorno sin escalas, paradas o estaciones de descanso a lo peor del siglo XX. 

En primer lugar, el reformismo social-liberal.  

Se trata de aquellos planteamientos que no van mas allá de una reiteración de las tesis de la socialdemocracia reformista, desde la postura clásica de Bernstein (Socialismo democrático), pasando por el abandono de la democracia social a cualquier referencia rigurosa al programa de investigación de Marx (el planteamiento de Marx ha muerto), actualizada con cierto revisionismo a lo “Habermas” (revisión de la Izquierda) hasta llegar a la Tercera Vía de Giddens/Blair, toda esta constelación ideológica demuestra un claro compromiso con el reformismo social-liberal y con la defensa del capitalismo democrático de bienestar. Nada de revolución, nada de transformación y cierta alergia a la desmesura de las reformas radicales. Arrinconados en una defensa minimalista de la democracia liberal, el horizonte de ha bloqueado y estrechado hasta tal punto que no se puede distinguir esta tónica de la tesis del T.I.N.A. (No hay alternativas al capitalismo). Su norte es el Estado social europeo, sin tomar en cuenta los rasgos histórico-estructurales de las formaciones sociales de la periferia dependiente en el sistema-mundo, su heterogeneidad estructural, social y cultural, con un notable silencio frente a la geopolítica imperial, los problemas del desarrollo desigual, contradictorio y combinado del capitalismo mundial, sobre el carácter específico de los conflictos en indo-afro-latino-américa, con los consecuentes dinamismos discrónicos, con las polarizaciones, fracturas, opresiones y exclusiones. La visión reformista liberal adolece del euro-centrismo de los enfoques modernizadores dualistas y apunta a una izquierda moderna occidental como valores refugio del socialismo democrático. El déficit de democracia occidental es su obsesión institucional. Una izquierda sin sujetos populares, con ciudadanías social-liberales, pero desmemoriados de campos culturales nacional-populares. 

En segundo lugar, el estalinismo antidemocrático.  

En nombre de un “marxismo-leninismo” en clave burocrática, esta segunda constelación ideológica prefigura el retorno del colectivismo oligárquico, del estatismo, de la planificación central, de la nomenclatura, la dictadura del aparato y la nueva clase, así sea bajo el paraguas del cesarismo revolucionario, de un nacionalismo orgánico y esencialista. Aquí la referencia central es la dogmática del marxismo soviético, su culto al hismat y a la diamat, su enclaustramiento intelectual y su incapacidad para pensar el siglo XXI.  

Los centinelas ideológicos abundan en esta constelación separando el grano de la paja en el “régimen de verdad”, la degradación de la acción política a policía pura y simple, cultores de un elitismo revolucionario que marca su distancia ante el comportamiento plebeyo y espontaneista de las masas, que deben ser dirigidas, encauzadas y “concientizadas” llevándoles la verdad desde la antorcha celestial de una dialéctica mal digerida hasta el “sentido común” alienado y alienante. Marx hablaba del comunismo grosero y del comunismo democrático, como tipos diferenciados del comunismo positivo. Aquí nos encontramos con  una mezcla de comunismo grosero, en el plano socioeconómico, y de despotismo oligárquico, en el terreno político-cultural, caracteriza a esta segunda constelación que tiene muchos dolientes en la familia de las izquierdas de aparato, derrotadas política y militarmente, pero seguras de haber atrapado las esencias verdaderas de todas las cosas. Para ellos, el socialismo del siglo XXI es el del siglo XX, pero sin algunas desviaciones que se explican a su vez por las condiciones objetivas. En fin, la responsabilidad humana ha desaparecido y lo que queda son las leyes objetivas del desarrollo social. Fuerzas productivas, lucha de clases, condiciones objetivas y amenazas imperiales configuran la cuadratura de un círculo sagrado en el cual, cualquier diferencia no es más que una conspiración contrarrevolucionaria. 

Una tercera constelación ideológica es mucho más difusa y borrosa que las anteriores. Es la inocencia ideológica del pragmatismo.  

Del “para que tanto discurso”, lo importante son los resultados, la eficacia, eficiencia y efectividad del cálculo estratégico, de la racionalidad instrumental, que no tiene nada que ver con la racionalidad práctica. Esta corriente considera el socialismo del siglo XXI como un recurso retórico, como un emblema práctico, una suerte de marca comercial y publicitaria para configurar una psicología de masas. En esta constelación se mezclan sin pudor la jerarquía, el mando, la disciplina y la obediencia no deliberante con cierto lexemas de la tradición de izquierda, evaporadas sus connotaciones semánticas mas problemáticas para el actúo-luego existo. Nada de contorsiones dialécticas como en el estalinismo-burocrático, o de límites bienpensantes como en el social-liberalismo, se trata de colocar en el vagón de cola de la transformación a cualquier seña de pensamiento crítico, de cualquier innovación de la “teoría revolucionaria”, de cualquier pensamiento divergente. No se trata de “prohibido pensar”, pero si de “que aburrido pensar”. En esta constelación ideológica, las frases de izquierda son palabras-terminales, son las palabras con las cuales se asegura y justifica cualquier acción-decisión, siempre que no se pregunte: ¿y eso que significa? Sencillamente eso no se pregunta porque no hay respuestas. Pregunta desafortunada, estimado. El socialismo del siglo XXI es el socialismo del siglo XXI. Podríamos elaborar una serie infinita de frases con un algoritmo basado en pocas reglas combinatorias. Todo depende de las circunstancias. Tautologías y autismos por doquier, diseminación de estereotipos y eslogans. Lo fundamental es lo que se mueve tras estos ecos ideológicos, los crudos intereses de  grupos de poder económico, político, jurídico, militar y mediático. 

Frente a estos, y seguramente, otros obstáculos, el Nuevo Socialismo del siglo XXI requiere de una ruptura política y epistemológica con todo lo que represente dogmatismo, monolitismo ideológico, pensamiento único, colonialismo, simplificación, censura y razonamiento apodíctico. Una necesaria inmersión en las revoluciones epistemológicas y políticas del siglo XX, en el pensamiento complejo y en la descolonización del pensamiento heredado del canon moderno, modernizador y desarrollista. Los saberes contra-hegemónicos, poli-logiciales, los multi-versos liberadores, una convergencia de corrientes revolucionarias iconoclastas encarnan, entonces, la imprescindible conexión entre Socialismo y Emancipación, sin la cual, la utopía concreta pondría a la orden del día aquella sentencia: “los sueños de la razón engendran monstruos.”

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