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FIRMAS DE FaCES

Kid Zamurito / Arlán A. Narváez R.

Kid Zamurito / Arlán A. Narváez R.

Kid Zamurito es un boxeador descubierto, entrenado y representado por personas que, aunque les gusta el espectáculo, los aplausos y el ambiente, no saben nada de boxeo, de forma que para poder disfrutar eso no les queda más remedio que tratar de hacer algo con el Kid, improvisando con lo que su desconocimiento en la actividad les permite.
Como sólo les interesa el espectáculo en sí, la preparación para las peleas se basa en la filosofía de uno de sus pensadores más reconocidos, Eudomar Santos, “como vaya viniendo, vamos viendo” y, en general en una anticipación de lo que habrá de esperarle al púgil en el ring, palo y golpes herejes “p’a que se fortalezca” y una dieta basada en fororo, funche y yuca que, según la abuela Inés, nutren y arrecian el carácter.
En el cuadrilátero, Kid Zamurito no ve luz, recibe golpe y golpe sin piedad y al finalizar cada round, en la esquina el entrenador lo sigue abollando para que no pierda el ritmo, mientras el manager utiliza un montón de recursos para paliar el dolor y contener la sangre, de forma que aguante “como un macho”; cuando está demasiado deforme por los aporreos y manchado por la sangre, también le aplican una de “reconversión”, o sea, lo maquillan y le cambian el pantalón por uno con tres ceros menos, perdón, sin sangre.
Al final, con el Zamurito abatido en el piso, el manager declarará invariablemente a la prensa que el arbitro estaba vendido y que lo perjudicaron porque fueron victimas de prejuicios racistas orquestados por los enemigos del pueblo que quieren aprovecharse de sus desventuras.
Regresando a otra realidad, las cifras de inflación correspondientes al mes de junio siguen pulverizando la fantasía del bolívar fuerte, mostrando una nueva aceleración de los síntomas de una economía enferma, en esta oportunidad con un incremento del 1,8%, para un acumulado semestral de 7,8% y un registro de junio de 2006 al de este año de casi 20% (19,4%). Para un médico el mensaje es inequívoco, si sigue subiendo la fiebre, si siguen empeorando los síntomas, el paciente sigue enfermo y hay que atacar las causas del mal, y en la terapéutica, con toda seguridad, no estará prescrito ponerle ropa nueva, a no ser lo que recomiende el aseo personal.
Muchas veces hemos señalado en esta columna que la inflación solamente podrá ser abatida (y por ende acercarnos a la fortaleza real del bolívar), por una parte, estimulando la producción y especialmente la inversión productiva, y por la otra, racionalizando el gasto público y especialmente limitando el gasto improductivo.
A pesar de lo inequívoco de esta fórmula, las políticas del régimen en cuanto a la oferta parecen estar a cargo del manager de Kid Zamurito: controles, restricciones y amenazas a la iniciativa privada, nacionalizaciones intempestivas e injustificadas, asociaciones con regímenes autoritarios e identificados con el terrorismo mundial y pleitos y desplantes con nuestros socios o potenciales asociados a nivel internacional.
En cuanto al gasto, su desborde e indisciplina han tenido hasta ahora la “fortuna” de crecientes precios petroleros (al final del primer semestre de este año el precio promedio de nuestro petróleo fue 4 dólares mayor que el del año pasado) que, convertidos en ingresos fiscales, han ocultado a los ojos del ciudadano común la magnitud del despilfarro y dilapidación de los recursos que debieron haber servido para promover efectivamente desarrollo en el país. Sin embargo, el tamaño de la irresponsabilidad en el gasto comienza a asomarse en el insólito déficit fiscal que se acumula: ¡se gasta más y más rápido de los que ingresa!
Para mayor gravedad, el régimen encontró un artilugio para burlar la Constitución y satisfacer la improvisación y el narcisismo del teniente coronel, dándole la posibilidad de gastar a su antojo. Nuestra Carta Magna, con la finalidad de eliminar la improvisación y de propiciar la planificación y justificación productiva del gasto público, establece, en su artículo 314, prohibición al gasto no presupuestado; para burlarse de ello el régimen subestimó el presupuesto de ingresos calculando el petróleo a 29 dólares, de forma que todo lo que excede a esa cantidad, una suma casi equivalente, no está sometida a tal prohibición y solamente requiere para gastarse que los asambleístas obedezcan la orden de levantar la mano y aprobarlo. Muy ingenioso pero desastroso para la salud de la economía.
En fin, estamos como Kid Zamurito. ¡Cosas veredes, Sancho!

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