Blogia
FIRMAS DE FaCES

Un espacio para oír los argumentos de los otros / Iria Puyosa

Un espacio para oír los argumentos de los otros / Iria Puyosa

Idealmente, en el debate para la elaboración de leyes y de políticas públicas debe predominar el uso argumentos racionales. Este deber ser no es factible en la atípica coyuntura política que se vive en Venezuela. La institución legislativa nacional no cuenta con representación de los diversos partidos o factores políticos que existen en el país, debido al retiro de la casi totalidad de las organizaciones opositoras en las elecciones para la AN. Además, la Asamblea Nacional ha delegado la mayor parte de sus funciones de legislación y formación de políticas públicas a la Presidencia de la República. Estas dos circunstancias, conjuntamente con el esquema de conflicto político polarizado, han llevado a que la argumentación racional prácticamente no exista en el debate público sobre la reforma constitucional.

La aprobación de una nueva constitución sin que sea debatida en un espacio de deliberación política sólo podría sustentarse en la apelación emocional al apoyo popular como fuente de legitimidad. Como contraparte, es previsible la intensificación de manifestaciones de descontento político en la calle. ¿Hay opciones que permitan que se conduzca el proceso de reforma constitucional con una base política más plural para evitar que se agudicen problemas de gobernabilidad que ya comienzan a ser evidentes? En esta nota, propongo que la universidad convoque un espacio de debate alternativo sobre los temas en la agenda de la reforma constitucional.

Ese espacio debe caracterizarse por la participación de actores con el mismo poder formal pero con posiciones e intereses políticos diferentes. Esto facilitaría las condiciones para que se debatan públicamente los argumentos políticos (y técnicos, cuando sean pertinentes) de las tendencias que existen en el país. Un espacio que incluya las diversas tendencias de oposición y las diversas tendencias dentro del chavismo. Empezar por asumir esa diversidad de opiniones, superar la polarización, ya sería un avance.

El propósito de ese debate sería simplemente hacer públicos los argumentos políticos de las distintas tendencias sobre los temas que conforman la agenda de la reforma constitucional. Permitir que los ciudadanos podamos sopesar las distintas posiciones sobre los puntos de conflicto con respecto a: balance de los poderes públicos, reelección presidencial, rol de los partidos políticos, sufragio, descentralización/desconcentración, rol de los militares en la vida pública, derechos laborales, seguridad social, distribución de la renta petrolera, modelo de desarrollo económico, formas de propiedad, modelo educativo, derecho a la información, libertad de expresión, participación ciudadana en la formulación de políticas públicas, etc.

El propósito del debate es entender los distintos puntos de vista, propiciar el consenso. Los participantes en este espacio de debate público deben comprometerse a intentar comprender los argumentos del interlocutor, no tratar de deslegitimarlo por la vía de la descalificación personal, no desfigurar sus intenciones, ni tratar de invalidar su discurso con juicios de valor y falacias.

¿Quiénes serían los participantes en ese espacio de debate? En principio, el debate debería estar abierto a todos los miembros de la comunidad académica (estudiantes y profesores) que consideren que pueden hacer aportes para impulsar el consenso en alguno de los temas que conforman la agenda de la reforma constitucional. Quizás puedan establecerse canales para invitar a ese debate a líderes comunitarios, representantes gremiales, miembros de grupos civiles con intereses en los asuntos que se discuten y especialistas que trabajan fuera del ámbito académico. También para ellos los requisitos fundamentales para la participación serían el compromiso de presentar los argumentos propios claramente y tolerar las opiniones de otros participantes.

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

5 comentarios

Audy Francisco uyosa -

Un placer ver a los catedráticos universitarios sentar precedentes sobre aspectos que involucran a todos. Espero pronto poder compartir argumentos y contrastar opiniones personalmente con la moderadora. Saludos cordiales.

Vicente -

Se me ocurre que una forma de “obligar” a que se tome en cuenta el espacio universitario de discusión es obteniendo una apertura de la parte del Estado antes de iniciar las discusiones. Es decir, si se puede hablar con gente “curada” y pesada del gobierno, puede que el peso de los logros en esas discusiones tenga más facilidad para incidir. ¿Por qué no invitar ministros y diputados, aclararles las reglas del juego discursivo que señalas, y así empujarlos al consenso? Creo que a partir de un solo punto en común ya se podría comenzar a construir consenso y si este consenso va seguido por la firma de un documento, la validez en la esfera social sería mayor. Puede ser una forma de romper el ostracismo universitario que tiene a esta institución lamentablemente alejada del debate actual.

Kira -

La universidad debiera ser el espacio idóneo para discutir una nueva constitución. Y el espacio ideal para establecer un verdadero diálogo y no una contraposición y confrontación de ideas sin resultados productivos.
Ojalá la iniciative se concrete y de los primeros pasos de la vuelta a escucharnos los unos a los otros.

Iria Puyosa -

Precisamente debido al problema de la polarización y la deslegitimación de los interlocutores políticos con descalificaciones personales infundadas es que la propuesta insiste en que se convoque a participar en este espacio diálogo a personas de todas las tendencias políticas.

Efectivamente, la mayoría de los docentes de la UCV son de oposición (creo que igual ocurre en las universidades nacionales autónomas en su conjunto), pero también existen profesores y estudiantes chavistas. Más importante, existe un amplio espectro de tendencias y posiciones sobre asuntos específicos que son materia del debate constitucional tanto entre quienes son de oposición como entre los chavistas y entre quienes se niegan a aceptar ser categorizados como de uno u otro polo.

El éxito de un espacio de debate universitario sobre la reforma constitucional dependerá de que esa diversidad de opiniones sea representada en el diálogo. El compromiso efectivo con el pluralismo es la única manera en que podemos abrir un verdadero espacio para generar consenso. Si de entrada no se logra el pluralismo, fracasará el intento.

Si logramos un debate basado en argumentos y un consenso fundamentado en el intercambio de ideas entre personas de distintas tendencias políticas, obtendremos propuestas con suficiente legitimidad para ser escuchadas por el resto del país y consideradas por quienes tienen el poder formal para aprobar la reforma constitucional.

(Me confieso habermasiana, Vicente. Gracias por contribuir a que este sea un espacio para el diálogo, como deben ser las bitácoras)

Vicente -

Creo que planteas una interesante iniciativa que me atrevería a decir tiene un poco de Habermas cuando él habla de espacios neutros de discusión que deberían ser vehiculados por las Universidades y los Media.
Pero tengo una pregunta que me parece constituye la traba fundamental. El discurso político venezolano parece ser filtrado por dos categorías macro: Chavismo versus Oposición. Es decir, el venezolano, para entender cualquier discurso político, debe pasarlo por el entramado antes mencionado para clasificar el discurso como pro o contra, ya sea en política nacional o en cosas tan distantes como la guerra de Irak (gobierno en contra, oposición a favor, etc.).
Estos “a priori” se han vertido sobre todas las instituciones, lo cual justifica cualquier discurso (“lo absolvieron porque el TSJ es chavista”, etc.) y deslegitima el contenido. Es la conocida Falacia Ad Hominem.
Ahora, mi pregunta: Ya que todos los espacios incluyendo las Universidades y los Media, han sido absorbidos por esta dicotomía, ¿cómo podemos esperar que un consenso en la UCV tenga el peso discursivo para incidir sobre la esfera pública? ¿Cómo evitar la crítica, “la UCV es de oposición y por eso es que elaboraron esos análisis”?
Creo que los pesos discursivos están cada vez más del lado del poder, lo cual genera esta capacidad para bofetear cualquier crítica con argumentos ad hominem (es de la CIA, trabaja para el enemigo, imperialista, etc.). ¿Cómo convencer un poder anquilosado y algo miope que los argumentos pueden ser serios e interesantes a pesar de no estar completamente de acuerdo con lo que ellos plantean?
Gracias por el intercambio.
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres