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FIRMAS DE FaCES

¡El traje nuevo del emperador! / Armando Córdova Olivieri

¡El traje nuevo del emperador! / Armando Córdova Olivieri

Existe un gran vacío en la discusión acerca cuáles son los valores estéticos de la revolución bolivariana. Éste es un tópico en el cual el autor confiesa sus bajos limites de dominio formal, pero que, motivado por la sospecha de que la percepción de lo bello y de lo feo de nuestro entorno nacional, es decir, cuáles son los valores estéticos que deben ser difundidos y apoyados por el Estado en consistencia con el proyecto de revolución bolivariana, parece estar siendo direccionado, con el fin de satisfacer y halagar el criterio presidencialista en esta materia. Si esto es cierto, corremos el grave peligro de que se nos pretenda inculcar la estética de alguien que ha dado muestras de estar mal asesorado, muy probablemente, debido el manejo inadecuado de la presunción de que aquello que hoy apreciamos como bello o feo, es producto de la deformación que el imperio capitalista nos ha producido a través de la transculturización. Al menos ese es el discurso que se aprecia en algunos autores oficialistas que tratan este tema en particular. En principio es.

Estoy de acuerdo con la idea de que  hay que estar muy alertas con la transculturización, pero para colmo de males, esperando una lección esclarecedora por parte del gobierno, vemos en la práctica, que los valores estéticos que se promueven, son precisamente aquellos considerados por los expertos de uno y otro bando ideológico, como lo peorcito de la cuarta república.

Me refiero específicamente, a la soberana ridiculez que significó el acto de inauguración de la Copa América, el pasado 26 de junio, presenciada por la tele-audiencia nacional e internacional, nada mas y nada menos que, vía  televisión digital. Adicionalmente, el hecho viene aderezado por el caldeado ambiente de discordia ideológica acerca de qué es libertad de expresión.

Ahora bien, una vez expresado mi punto de vista me tomaré la libertad de refrescar textualmente una reminiscencia infantil que, en forma arquetípica, bien ilustra la situación aquí planteada. Así las cosas querido lector, pido disculpas de antemano por la osadía de abandonarlo de aquí en adelante, en las plácidas manos de Hans Christian Andersen:

“Los ayudas de cámara encargados de sostener la cola bajaron las manos al suelo como para levantarla, y avanzaron con ademán de sostener algo en el aire; por nada del mundo hubieran confesado que no veían nada. Y de este modo echó a andar el Emperador bajo el magnífico palio, mientras el gentío, desde la calle y las ventanas, decía:

-¡Qué preciosos son los vestidos nuevos del Emperador! ¡Qué magnífica cola! ¡Qué hermoso es todo!

Nadie permitía que los demás se diesen cuenta de que nada veía, para no ser tenido por incapaz en su cargo o por estúpido. Ningún traje del Monarca había tenido tanto éxito como aquél.

-¡Pero si no lleva nada! -exclamó de pronto un niño.

-¡Dios bendito, escuchen la voz de la inocencia! -dijo su padre; y todo el mundo se fue repitiendo al oído lo que acababa de decir el pequeño.

-¡No lleva nada; es un chiquillo el que dice que no lleva nada!-¡Pero si no lleva nada! -gritó, al fin, el pueblo entero.

Aquello inquietó al Emperador, pues barruntaba que el pueblo tenía razón; mas pensó: «Hay que aguantar hasta el fin». Y siguió más altivo que antes; y los ayudas de cámara continuaron sosteniendo la inexistente cola.*


* Andersen, Hans Chirstian. El Traje Nuevo del Emperador (Keiserens Nye Klæder). En “Cuentos de hadas contados para niños”, Copenhague 1837.

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1 comentario

AFRICA -

A veces vamos desnudos por dentro y por fuera y no nos damos cuenta
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