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FIRMAS DE FaCES

Cómo muere un municipio / Luis Britto García

Cómo muere un municipio / Luis Britto García

Desdichado pájaro el que deja ensuciar su nido. El ave ciudadana trabaja toda su vida para colgar su morada en costosos árboles llamados municipios o urbanizaciones, y apenas se instala le empiezan a sacudir la mata.

Se pregunta el pájaro ciudadano por qué la agarran con él, y no acierta a explicarse que quieren que vuele para quedarse con su nidal precioso.

Un ave felizmente instalada en su hogar residencial no es negocio para nadie.

Paga impuestos moderados y trabaja y hace compras en otro sitio, porque justamente para no convivir con establecimientos comerciales e industriales compró su terreno o su rama a precio de oro.

¿Cómo obligar a volar de su propiedad a ese pájaro feliz, el residente?
La primera medida es feudalizar el árbol, de manera que las mafias municipales pretendan tener policía, vialidad e impuestos propios sin rendir cuentas a nadie.

Del árbol caído todo el mundo hace leña; del que cae en manos de reyezuelos municipales y especuladores ni aserrín queda.

Se conoce que un municipio o un árbol comienzan a morir cuando los gobernantes especulan y los especuladores gobiernan.

Se advierte que los especuladores gobiernan cuando un área residencial empieza a servir de todo, menos de residencia.

Se sabe que los gobernantes especulan cuando los especuladores mandan como si fueran gobierno.

En los árboles y en los municipios, como en los seres vivientes, brotan tumores, y éstos se multiplican si no se los erradica.

El primer tumor de un municipio es el centro comercial, que confisca espacios comunales para sus instalaciones, convierte aceras en estacionamientos y congela el tráfico en tranca impenetrable.

Con la segura ayuda de gobernantes que especulan y especuladores que gobiernan, pronto los residentes no tienen una urbanización sino un supermercado con urbanización anexa.

La metástasis va convirtiendo viviendas en discotecas y funerarias, edificios en oficinas y hoteles de citas, lotes en estacionamientos y talleres mecánicos.

En el área supuestamente residencial proliferan contra toda ley y toda moral expendios de licores hasta que todo el municipio es un botiquín de lujo. Los residentes que reclaman ante la alcaldía la encuentran envuelta en una sola propaganda de cañandonga.

Si pagara cada alcalde un día de cárcel por las vallas que ilegalmente tolera en su municipio, pasarían más de mil años, muchos más, antes de que lo soltaran.

Si cada alcalde cancelara una unidad tributaria por violación de ordenanza urbanística consentida, bastaría para pagar la deuda pública.

Gobernantes especuladores descubren que se proyecta situar una parada del Metro en medio del municipio, y especuladores gobernantes juran cambiar la zonificación para darle el palo cochinero a los residentes y transformar sus hogares abandonados en mercado turco.

Recurso infalible para desplumar habitantes es el de los tributos. Un alza confiscatoria de los impuestos de frente al cuadrado es descargada sobre los residentes con la amenaza de o pagas o te ejecutamos.

El cobrador de peaje es el modelo ideológico del alcalde que mira a su municipio como cochina a la espera del estacazo. En municipios donde no se tapan huecos, ni se remiendan aceras, ni se limpian cloacas, ni se persiguen delincuentes, acecha siempre la banda de peajeros que hace secuestro express contra los automóviles, cobra rescate e impone al remolcado la ley de la matraca.

Si aún así el residente se niega a abandonar su nido, se lo convierte en rehén de vaporones políticos de gobernantes especuladores.

Digamos que un día los especuladores gobernantes asaltan una embajada y que a la cabeza de ellos irrumpe el gobernante especulador a acabar con el Derecho Internacional antes de acabar con sus vecinos.

Supongamos que otro día los gobernantes especuladores bloquean los bancos y el residente encuentra un piquete policial que le niega acceso a sus ahorros.

Otro día especuladores gobernantes mandan gamberros y policías a cerrar todos los accesos del municipio, e imponen el secuestro express y la quema de sus vehículos a los residentes durante una buena semana.

Cuando los gobernantes cobran peaje los cobradores de peaje gobiernan. Un mal día se les ocurre bloquear la circulación para obligar a bajarse de la mula a todos los infelices que manejen por su guarida, aunque no vivan en el municipio.

Pobre de quien tenga la placa con tal número porque ese día no puede ir a trabajar sin poner su automóvil o su bolsillo en manos de salteadores que atracan en unidades tributarias, y como la sanción es ilegal consignan delincuencialmente causales falsas en la factura de multa.

Para especuladores gobernantes que nunca han trabajado honestamente una hora, es incomprensible que el infeliz ciudadano se desplace para producir, para llevar muchachos al colegio, para hacer diligencias, para los deberes que cumplen quienes no viven de la matraca. Para gobernantes especuladores que se deslizan en raudas flotillas pagadas por sus residentes, éstos no son más que billeteras en tránsito, chequeras en desplazamiento, alcancías que pertenecen a quien les cierre el paso para financiar la próxima campaña electoral.

Cuando un municipio impide circular vehículos por número de placa, invita al municipio vecino a que cierre el paso a los automóviles por color y al distrito aledaño a que impida la circulación según la marca y al contiguo a que los bloquee por año, para ensayar el anhelado paro del transporte que acabe con el país.

Un municipio muere cuando gobernantes que cobran peaje y cobradores de peaje que gobiernan sólo existen para cumplir la misma función que el desperdicio en la cañería: para hostigar a los residentes a fin de que subasten sus hogares y terrenos a promotores de centros comerciales y areperas; para confiscar las vías de comunicación nacionales, desintegrar la nación, esguañingar la integridad territorial, incomunicar la República y convertirla en guarimba perpetua.

A lo mejor alguna autoridad les recuerda que hay gobierno.

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1 comentario

Vicente -

Una pregunta: ¿No puede la autoridad simplemente apelar a la figura del tan cacareado Referendo Revocatorio para que los ciudadanos tomen entre sus manos el rechazo de la gestión municipal? Creo que la inmadurez política y el pragmatismo que conduce las actitudes políticas de nuestros ciudadanos es justamente lo que hizo que naufragara una iniciativa como el RR, reducido a simple paladín de pacotilla inútil, una especie de Chapulín Colorado de la democracia que nadie persiguió y que nadie utilizó. Es difícil educar la gente hacia la descentralización, explicándole que existe algo como un municipio y que el hueco de la calle no es “culpa de Chávez” y sobre todo que pueden hacer algo para oponerse a su alcalde sin tener que ser reprendidos con un asalto feroz del Indecu, del inspector de no sé dónde o del policía de turno mandado, cual película de gangsters, a disuadir al demócrata iluso (estos casos fueron denunciados en las firmas del RR -véase los blogs venezolanos).
Saludos cordiales.
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