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FIRMAS DE FaCES

Los años del petróleo / D. F. Maza Zavala

Los años del petróleo / D. F. Maza Zavala

«Hay que combatir la idea de que es posible que lleguemos a ser un país pobre. En mi opinión tenemos apenas 20 o 25 años para evitar ese riesgo.»

Ha sido y es generosa la tierra venezolana, en el suelo y en el subsuelo. La riqueza natural se ha transformado en riqueza económica mediante la explotación por el trabajo ayudado por la tecnología. Noventa años de historia del petróleo han marcado para siempre la historia nacional. Todavía queda por delante una larga temporada en que el petróleo seguirá  haciendo historia. En parte han sido años de lucha persiguiendo dos objetivos relacionados: la integración real de esta actividad a nuestra economía y la capitalización igualmente real de sus proventos para lograr el desarrollo integral de la nación. Se han obtenido éxitos parciales en esa lucha casi secular: se ha estabilizado la industria petrolera (el subsuelo es propiedad inalienable de la nación venezolana) y se ha aplicado alguna proporción del ingreso petrolero al mejoramiento del país y de la población. No es posible negar que algo se ha hecho para abrir camino al desarrollo: infraestructura física, saneamiento del territorio, crecimiento de la población, surgimiento de las ciudades, aumento de la esperanza de la vida de los venezolanos, ampliación de la capacidad de defensa de la salud y de la formación humana, establecimiento de industrias básicas y manufactureras, progreso agrícola, entre otras realizaciones.

Otros indicadores expresan contradictoriamente las aplicaciones del ingreso petrolero: la hipertrofia del Estado, la formación de un parque automotriz desproporcionado a las necesidades de la población, la multiplicación de celulares, la acumulación de activos financieros e inmobiliarios de residentes venezolanos en el exterior, la desigual fortuna entre sectores de la población con extremos de pobreza y riqueza, el acceso desigual a la preservación de la salud, a la educación, al bienestar en  suma. Y los inquietantes déficit de nutrición, vivienda, sanidad ambiental, seguridad social, seguridad física de personas y bienes.

El petróleo continúa entregando medios para la transformación del país. En lo que va de siglo el promedio anual de divisas petroleras ingresadas al Estado -en la situación actual hay que entenderlo así, por que el Banco Central es sólo un perceptor parcial– se cifra en 30.000 millones de dólares, lo que ha permitido la expansión de la importación en un promedio anual del periodo de 20.000 millones de dólares, así como de otras aplicaciones en el exterior, además del servicio de la deuda externa. Se han hecho inversiones financieras en títulos extranjeros; se ha adquirido armamento militar y vehículos privados y públicos en cantidades espectaculares; sin embargo, la inversión real en capacidad productiva ha sido escasa tanto la pública como la privada, por lo que la brecha entre la demanda de bienes y servicios y su oferta interna se han ampliado.

La población sigue creciendo y también sus necesidades; hay dos maneras principales de proporcionar los medios de su satisfacción: aumentando el potencial de producción en el país e importando lo faltante. Estos medios deben ser complementarios y no es conveniente que la recurrencia a la importación ocasione el desplazamiento de la producción interna o la ausencia de ésta. La afluencia de divisas petroleras proseguirá en cantidades considerables este y los próximos años, lo que plantea la exigencia de su mejor utilización. La abundancia reclama prudencia, juiciosa administración, previsión, análisis de alternativas, teniendo en cuenta que el futuro es un reclamo, que las nuevas generaciones tendrán derecho a mejores condiciones de vida y sobre toso a la seguridad económica y social. Hay que combatir la idea de que es posible que lleguemos a ser un país pobre. En mi opinión tenemos apenas 20 o 25 años para evitar ese riesgo.

El Nacional, 04-07-07.

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1 comentario

Anónimo -

No estoy de acuerdo que el aumento poblacional sea necesariamente una consecuencia del desarrollo, sobre todo cuando la mayor parte de esa población adicional ha vivido en la miseria típica de los países menos desarrollados.
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