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FIRMAS DE FaCES

El iracundo no deja... / Judith Valencia

El iracundo no deja... / Judith Valencia

... que la nostalgia se convierta en tristeza

Sólo quien no vive niega el sentido preñado por Marx, los marxismos y marxistas al mundo contemporáneo. Haz la prueba. Detén al hombre y/o la mujer que transita ante ti, toma un eco de sus flujos vitales y de la sombra de sus prácticas y encontrarás rastros de lo que la cultura occidental ha derivado de Marx, los marxismos y marxistas. El espíritu de los tiempos de “un siglo y tanto” quedó preñado de la visión de mundo que insurgió nutrida de la síntesis que Marx elabora de su tiempo. Su presencia está expresa en el andar de la humanidad contemporánea.

Hacemos elaborando pensamiento con los fantasmas que habitan el imaginario colectivo, creando una atmósfera que impregna de sentido las prácticas sociales de cada tiempo. El habitante del mundo actual no entiende lo que ve, oye, lee, si niega la presencia de la novedosa visión de mundo que Marx sintetiza. Es innegable la huella indeleble que marca las relaciones sociales mundiales de este fin de siglo.

Hay quienes se sorprenden al leer el pensum de estudios de la Escuela de Economía de la Universidad Central de Venezuela. Lugar destacado ocupan en la Cátedra de Economía Política: Crítica de la Economía Política y Marxismo Contemporáneo, cursos que comienzan con la lectura del Manifiesto Comunista. Desde allí abarcan la redondez de la Tierra, hechura del Capitalismo:

…La gran industria creó el mercado mundial, ya preparado por el descubrimiento de América.Implantada la gran industria y abierto los causes del mercado mundial, se conquista la hegemonía política y crea el moderno Estado representativo.

Redujo todas aquellas innumerables libertades escritas y bien adquiridas a una única libertad: la libertad ilimitada de comerciar.

Sustituyó un régimen de explotación, velado por los cendales de las ilusiones políticas y religiosas, por un régimen franco, descarado, directo, escueto, de explotación.

La época de la burguesía se caracteriza y distingue de todas las demás por el constante y agitado desplazamiento de la producción, por la conmoción ininterrumpida de todas las relaciones sociales, por una inquietud  y una dinámica incesantes.

La necesidad de encontrar mercados espolea a la burguesía de una punta a otra del planeta. Por todas partes anida, en todas partes construye, por doquier establece relaciones.

La burguesía, al explotar el mercado mundial, da a la producción y al consumo de todos los países un sello cosmopolita.

Ya no reina aquel mercado local y nacional que se bastaba a sí mismo y donde no entraba nada de fuera; ahora, la red del comercio es universal y en ella entran, unidas por vínculos de interdependencia, todas las naciones.

Lo que acontece con la producción material, acontece también con la del espíritu.

La burguesía va aglutinando cada vez más los medios de producción, la prioridad y los habitantes del país. Aglomera la población, centralizada los medios de producción y concentra en manos de unos cuantos la propiedad.  Este proceso tenía que conducir, por fuerza lógica, a un régimen de centralización política. Territorios antes independientes, apenas aliados, con intereses distintos, distintas leyes, gobiernos autónomos y líneas aduaneras propias, se asocian y refunden en una Nación única, bajo un gobierno, una ley, un interés nacional de clase y una sola línea aduanera.

Los obreros, los pobladores, el pauperismo, crece, se desarrolla en proporciones mucho mayores que los ricos y su riqueza. Dormías. Despierta. El mundo da cuenta de una prueba palmaria de la incapacidad de la burguesía para seguir gobernando la sociedad  perversa del capital, que asfixia la felicidad de vivir en humanidad...

Los estudiantes, introduciéndose en Marx, en los marxismos y marxistas, con la lectura del Manifiesto esclarecen:

·         Que no podrían entender el derecho privado que legitima la propiedad de la riqueza sin conocer el proceso social que condujo a la institucionalización del salario.

·         Que no podrían entender el diseño económico del mundo presente sin saber de la fuerza internacional que perfila los albores del imperialismo.

·         Que no podrían entender la estrategia política mundial de la segunda posguerra sin conocer el lugar que ocupan el reparto de los territorios y el control disciplinado de los pueblos.

·         Llegan a saber que no podrían comulgar con novelas, versos y canciones, sin conocer de los conflictos sociales como confrontación entre visiones de mundo. Ni entender el malestar de la cultura que porta el hombre subversivo.

El acontecer de la cultura occidental se hace incompresible sin reconocer que Marx, los marxismos y marxistas develan las entrañas de las relaciones sociales que le dan sentido. El proceso social tenido como conflicto desdice de lo natural.

La estrategia de poder puede enmudecer la existencia de la visión que Marx sintetiza. Subjetivamente para la humanidad es un mandato imposible de cumplir porque no hay decisión posible que borre la memoria social. Una vez acontecido y develado no puede declararse inexistente. El silencio humano tiene un sin fin de lecturas.

Marx, los marxismos y marxistas no sólo son imprescindibles para entender el devenir de la cultura capitalista, sino que sin ellos imposible captar la atmósfera que disolvió el “mundo socialista”. Acontecer que se convierte en sustrato histórico. Acontecer que despeja el entendimiento permitiendo practicar una emancipación con plenitud de sentido. El presente cultural abre un porvenir que conjuga diversas situaciones. Quienes hemos nutrido prácticas y pensamientos derivando de Marx, oponemos al quehacer ante quienes declaran su muerte, teniendo presentes que el pensamiento lo es de la práctica.

El Manifiesto Comunista está allí. No hay intención política de largo aliento que esconda su presencia en el acontecer. La historia oficial junto al pensamiento único puede darlo por muerto, pero lo-que-ya-fue-ya-es. Toda práctica queda atrapada en el imaginario. Si no fuera por el lugar de la imaginación, el inconciente como producción de deseo no inventara día a día manera de vivir en el ensueño de libertad. El hombre común puede no saberlo a ciencia cierta, pero lo lleva dentro.

Y tan lo lleva dentro que recrea la revuelta. Los iracundos habitan en los territorios más diversos de ese mundo. Hoy aquí, mañana quién sabe.  El iracundo no que deja la nostalgia se convierta en tristeza porque suelta a Tanatos poniendo a la humanidad en éxtasis, el hombre deambula y sucumbe.  Debemos pulsar porque el silencio haga bulla reinventando el goce de vivir la práctica de la libertad.

Lector: a menos que mi subjetividad nada tenga que ver con la tuya, presiento que la atmósfera está llena de virus que contagian.

Nota: Este material fue escrito con motivo de la celebración de los 150 años del Manifiesto Comunista.

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