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FIRMAS DE FaCES

El ejemplo de Taiwán / Arlán A. Narváez R.

El ejemplo de Taiwán / Arlán A. Narváez R.

Uno de las principales motivaciones que me llevaron a estudiar economía fue el deseo de poder contribuir a la solución de los graves problemas y carencias que sufre la mayoría de los venezolanos. De allí que mi vida profesional, así como la de muchos de mis colegas, ha estado concentrada en tratar de entender el funcionamiento económico y social con miras a razonar y poder ofrecer opciones reales para superar la exclusión y la pobreza de tanta gente, más aún, para colaborar en el surgimiento y sostenimiento de una economía para una sociedad con creciente nivel de bienestar y satisfacción de las más amplias necesidades.

Como todo venezolano me pregunto: ¿por qué hay tanta miseria y necesidades en un país con tantos recursos y posibilidades? De hecho hay una reflexión que no puedo apartar de mi mente y a la cual ya he hecho referencia en estas páginas: el premio Nóbel de Economía Gunnar Myrdal, en la conferencia que dictó en el Banco Central de Venezuela en 1975, desarrolló la idea de que nuestro país satisfacía todos los requisitos que la teoría del desarrollo señalaban como necesarios para lograrlo y que el fracaso sería imperdonable. ¿Qué hemos hecho mal que seguimos hundiéndonos en el abismo de continuos fracasos? 

En mi búsqueda intelectual he estudiado diversas experiencias y modelos, hasta que en el año 2001 recibí una beca para un curso en Taiwán sobre “Financiamiento de Empresas Fundamentales para el Desarrollo” (parte de la literatura da ese nombre a la pequeña y micro empresa y a las cooperativas). El curso y mi minucioso escrutamiento de la experiencia, realidad y asombrosos logros de esa sociedad a favor de sus habitantes, me aportaron valiosos elementos en mi búsqueda de opciones para Venezuela.

Taiwán es pequeña en extensión, casi del tamaño de nuestro Estado Barinas, no tiene petróleo, ni hierro, ni oro, ni otras materias primas valiosas en los mercados internacionales. Es azotado por terribles tifones dos o tres veces al año y por movimientos telúricos. Aún así, hace 40 años podía considerarse como un país pobre ya que tenía grandes carencias económicas y sociales y, hasta hace 20 años, sus indicadores económicos estaban por debajo de los de nuestro país; sin embargo, hoy se ha constituido en una de las 15 economías más importantes del planeta, a la par de haber alcanzado elevados niveles de bienestar y atención social, particularmente en educación, salud y vivienda.

 Debo confesar que, hasta mi visita, estuve dominado por el prejuicio que me llevaba a pensar que los indicadores de su éxito eran hechura propagandística de los defensores de modelos liberales o que sus resultados podían explicarse por la ayuda financiera internacional. Mi estadía en Taiwán dedicó algún tiempo a tratar de encontrar donde o cómo maquillaban la miseria, hasta que la solidez del bienestar que han logrado alcanzar me convenció que se trataba de logros reales, los que desearía para Venezuela. En cuanto al rol de la ayuda extranjera bastará con decir que ésta no llegó a ser ni una décima parte de los ingentes proventos que ha percibido nuestro país por concepto petrolero y, análogamente, es muy, pero muy inferior a los enormes subsidios y transferencias que recibió Cuba de la URSS y ahora de nosotros. 

Taiwán no solamente asombra por la rapidez con la que logró superar la pobreza y la exclusión de sus ciudadanos, también lo es por la forma como se ha abierto al mundo en desarrollo para compartir e intercambiar su experiencia, bien en inversiones directas en otros países, bien en programas de asistencia económica y social.

En materia de inversiones es paradójico constatar que Taiwán es, tras los EUA, la segunda fuente de inversiones en China Continental. Esta información resulta a simple vista difícil de asimilar a la luz de la separación y difíciles relaciones políticas que han llevado por más de 50 años, pero deben ser comprendidas a través de un prisma diferente, donde el bienestar y las necesidades de sus poblaciones predominan por encima de inútiles antagonismos ideológicos.

En cuanto a ayuda para el desarrollo, en Centroamérica, el Caribe y África, muchos países son beneficiarios de sus programas de asistencia y financiamiento para el desarrollo. Nosotros mismos, aunque no tenemos relaciones diplomáticas formales con Taiwán, hemos sido por mucho tiempo beneficiarios de becas y otras ayudas para el desarrollo profesional de nuestro capital humano que, además de los cursos en si, se enriquecerá con la vivencia de su exitosa experiencia en beneficio de sus grandes mayorías. ¡Cosas veredes, Sancho!

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