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FIRMAS DE FaCES

Después del balón / Ignacio Ávalos Gutiérrez

Después del balón / Ignacio Ávalos Gutiérrez

Cayó el telón de la Copa América, levantado durante un mes, un evento que, en el plano futbolístico, se desenvolvió al pie de la letra conforme a un guión trazado por los mejores brujos.  Pero el día del partido final, el balón, empecinado en rodar hacia todos lados, a su aire y sin favoritismos, cambio el libreto e hizo posible que perdiera el que debía ganar, el que había demostrado ser la mejor selección.  Cabe señalar, sin embargo, que, desde siempre, se ha dicho que hay camisetas históricas, muy pocas, un puñado, apenas. Camisetas que deslumbran, que ganan partidos, incluso con jugadores ahí, ahí, que infunden respeto y hasta miedo en los de enfrente. Son, en fin, camisetas que evocan el pasado, que ponen el recuerdo a correr de lado a lado de la cancha, sin ser visto, pero inclinando la balanza al menor descuido del rival. Por eso, creo que el domingo pasado Argentina perdió tres a cero frente a una camiseta, la camiseta veredeamarilla. ¿Quien dijo que las camisetas no juegan? 

Ganó Brasil dándole la espalda a su tradición más hermosa, la que le dejaron como legado Pelé, Garrincha,  Zico, Falcao, Romario y otros muchos, la que, por estos días recogieron Ronaldinho y otros, no tantos. Jugando, me refiero, a punta de tamaño, fuerza, mucha estrategia y mucha defensa, como lo hacen los equipos conservadores - los de derecha, diría Jorge Valdano -, los que piensan sólo en los resultados y soslayan los modos, como si estos no fueran importantes, o, mejor dicho, esenciales. 

En fin, vuelto a la realidad, la que se encuentra al otro lado del balón, de regreso a ella después de un mes de sana evasión futbolera, uno se encuentra con que la pretensión de transformar nuestra Constitución Nacional ha avanzado lo suficiente hasta tomar forma en una versión que circula a título de documento secreto, de lectura confidencial, sacado a la luz pública gracias, se supone, a la indiscreción de algunos de los que trabajan en su redacción, quizá al espionaje realizado por ciertos grupos opositores o, tal vez, según acotan los malpensados, a la idea del gobierno de ponerla a circular – un globo de ensayo, dicen – para ver que reacciones produce, cómo se la toma la gente, si se la traga mas o menos completa, si, más bien, hay que modificar algunos aspectos esbozados allí o empelar una vaselina afectiva a fin de que sea aprobada por la gente. 

La Constitución Nacional - ¿habrá que decirlo ? – es el texto fundamental de la convivencia colectiva. Allí quedan recogidas las normas que regulan el carácter de las relaciones sociales, no es, pues, un simple manual que se pued aprobar así como así.  ¿Le parece a usted, entonces, que los venezolanos tengamos, para conocerlo, que depender de los caminos verdes a través de los cuales se nos puede hacer llegar un documento que, ni siquiera, sabemos si es el que es ?. ¿ Le parece que nos vayamos a enterar a última hora de su contenido final y que lo tengamos que votar en bloque, mediante un diga sí o no, cómo si nos estuvieran preguntando si es bueno para la salud dormir siesta después del almuerzo ? . 

En este caso el modo, al igual que en el fútbol, por cierto, es tan esencial como el contenido. Señala Perogrullo que, en una democracia, las maneras son indispensables.  No se puede ir, por tanto, a un cambio constitucional, por más bueno que sea para el país, si no se lleva a cabo según los procedimientos, casi siempre lentos y fastidiosos, pautados en el sistema democrático, y se prefiere, al contrario la premura disfrazada de urgencias que secuestran el dialogo y la consulta y dejan un asunto tan vital en manos de iluminados que parecieran estar pensando en un traje a su medida, que calce bien con sus pretensiones. 

Harina de otro costal. Hubo cierto forcejeo político dentro del  propio chavismo a propósito de la Copa América. Frente quienes consideraban que lo importante fue realizar el evento, los más radicales, se preguntaban, en cambio, si la misma estaba acorde con el Socialismo del Siglo XXI. Si resultaba congruente, por tanto, haber edificado enormes estadios, y, encima, lujosos (incluyendo, por ejemplo, secciones vip con ascensores y todo), o haber dejado tan amplia participación a las empresas multinacionales y permitido tanto negocio, dentro de un marco de exacerbado consumismo deportivo. Y como éstos, otros reparos por no haber realizado un torneo más austero, de “características más revolucionarias y menos capitalistas”, según me dijo un amigo.

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1 comentario

luis marquez -

si hablamos de camiseta quien nos dice que nuestra camiseta no esta haciendo historia actualmente con el triunfo ala camiseta verdeamarilla.hay que tener esperanza y si lograraremos la meta de ir a un mundial... saludos..
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