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FIRMAS DE FaCES

Mr. X / Elsa Cardozo

Mr. X    / Elsa Cardozo

Hace sesenta años fue publicado uno de los más leídos y reproducidos artículos sobre política internacional: “Las fuentes de la conducta soviética” (Foreign Affairs, julio 1947). Fue firmado por “X”, como medida de discreción en vista del alto cargo que desempeñaba su autor en el Departamento de Estado. Se trataba del diplomático George F. Kennan (1904-2005), quien desde la embajada en Moscú había enviado a Washington –entre otros muchos informes producidos entre 1944 y 1946- el célebre “Largo Telegrama” sobre el curso que había tomado la Unión Soviética bajo el mando absoluto y represivo del implacable Iosif Vissarionovich Dzhugashvili, mejor conocido como Stalin, su sobrenombre. 

Las diecisiete páginas del artículo publicado en 1947  se convirtieron  en referencia fundamental  de la llamada “doctrina de la contención”. Fue así a pesar de las reiteradas aclaratorias del prolífico Kennan sobre su recomendación de contener a la Unión Soviética dondequiera que “usurpase los intereses de un mundo pacífico y estable.” El agudo observador explicó una y otra vez ante sus detractores que la amenaza soviética en aquellos años no era militar sino fundamentalmente política e ideológica.  

Contención y Guerra Fría se convirtieron por medio siglo, desde aquellos años finales de la década de 1940, en claves de la política mundial. Para el señor X, frenar los afanes expansionistas del Kremlin sólo sería posible a partir de una cabal comprensión de las raíces ideológicas y circunstanciales de su totalitario gobierno interior y de su agresiva política de seguridad interna e internacional. El marxismo-leninismo traducido por Stalin a la más extrema intolerancia y al control personal del poder desde el Partido y los cuerpos represivos, iba acompañado por una política exterior de “fortaleza asediada”, fuertemente militarizada, de la que no era posible esperar más que un duro antagonismo. Kennan la definió como una actitud internacional perturbadora por su “secreto, falta de franqueza, duplicidad, recelosa desconfianza, y una básica hostilidad de propósito”.Tras el antagonismo esencial se encuentra la “infalibilidad del Kremlin”, es decir, el control sobre la información, la verdad y la historia misma;  con una peculiar noción del tiempo, recurso abundante para un proyecto de largo plazo manejado por un líder todopoderoso y vitalicio; y con un supremo desprecio por la vida misma del proletariado, sometido a las exigencias de “su” dictadura. Como para releer a George Orwell (el seudónimo de Erick Arthur Blair, en los mismos años). 

Cuarenta años después, en “La contención entonces y ahora” (Foreign Affairs, primavera de 1987), Kennan contrastaba la prominencia político-ideológica de la amenaza soviética en 1947, con su significado esencialmente militar de la década de los ochenta.  Ahora lo que había que frenar era la carrera armamentista, a la vez que otros problemas mundiales cada vez más necesitados de contención: los horrores en África, los fundamentalismos religiosos, el terrorismo y la crisis ambiental global. El señor X nunca perdió su perspicacia, su capacidad para analizar el presente en sus propios méritos, sin perder la perspectiva de la historia rusa y estadounidense. Finalmente, no estaba equivocado cuando anotó que el socialismo stalinista contenía las semillas de su propia destrucción.

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