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FIRMAS DE FaCES

EVA / Ignacio Ávalos Gutiérrez

EVA  /  Ignacio Ávalos Gutiérrez

I. El Presidente Chávez desempolvó el término.  Lo saco de la gaveta donde lo tenían guardado y lo regresó a la agenda política nacional.  Recordó, así pues, que el imperialismo no es cuento, menos si nos referimos, en los días que corren, al imperialismo norteamericano, cuyo ADN manda a invadir, intervenir, presionar, boicotear, fisgonear, según lo aconseje la protección de sus intereses a lo largo y ancho del planeta, algo que se tiene bien sabido en América Latina, su patio trasero, según se dijo alguna vez  con excesiva franqueza geopolítica.  No es bueno, así pues, chuparse el dedo e imaginar al planeta como gobernado por carmelitas descalzas, apoyadas por la ONU en lo que se refiera a los asuntos administrativos. Como tampoco lo es, hay que indicarlo también, convertir al imperialismo en una obsesión estratégica, según parece haberlo hecho nuestro gobierno, además de comodín útil para explicar fallas y omisiones que tienen  otras causas.           

II. Eva Golinger ha investigado con denuedo el entrometimiento norteamericano en los asuntos internos de Venezuela durante el mandato de Chávez.  Uno no puede menos que justificarla y comprenderla, sobre todo en estos tiempos de Bush, quien ha demostrado ser capaz de casi todo –verbigracia Irak -, sin la sombra de una sola duda, pues tiene el pulso firme de los que se creen elegidos de Dios. Eva tiene, así pues, denuncias que ya suman varios kilos de páginas, unas de cal y otras, hay que señalarlas también, de arena. Así, la semana pasada, sin emplear casi ninguna vaselina argumental ni documental, acusó a treinta periodistas venezolanos – entre ellos, por cierto, a algunos que simpatizan con el gobierno-, de recibir becas o financiamientos por parte de instituciones norteamericanas, señalando, como conclusión, que han servido de instrumento para la injerencia de Estados Unidos en la vida local. 

Aparentemente, se trata de una imputación que carece de seriedad. Y, además de sus precarios fundamentos, tiene sabor a cacería  policial y es la muestra, de paso, de un ejercicio no muy serio del periodismo, consistente en satanizar a cualquiera que tenga relaciones con organizaciones norteamericanas, como si éstas fueran todos iguales, todas perversas y conspiradoras, ninguna demócrata y progresista. 

Siguiendo cuesta abajo en la rodada, como se diría en lenguaje de tango, la Comisión de  Ciencia, Tecnología y Medios de Comunicación de la Asamblea Nacional, acordó citar, para interrogarlos, a los treinta periodistas de Eva. Pero, afortunadamente, la diputada Desiree Santos Amaral, integrante de la Junta Directiva del parlamento se le atravesó en el camino y declaró que  “…la idea no es poner contra la pared a nadie y menos en este sentido, a los periodistas, yo ví una lista que se ha entregado y me parece que se pone al escarnio público a un grupo de personas a las cuales se les señalan como que han estado infringiendo una ley o los códigos de ética".  Veamos, dice uno mirando al cielo, si la cordura política de Santos Amaral puede hacer que la mencionada Comisión desista de su propósito.   

III. Al tiempo, por cierto, que Eva hace sus nuevas denuncias y el Gobierno venezolano continúa plantándole cara, a veces con razón y otras muchas sin ella, al gobierno norteamericano, el Ministro Carreño hace gala de su desconcierto respecto al problema de la seguridad y se distrae indagando cuántas porciones de socialismo debe tener, para que sea aceptable, la reforma de la policía propuesta por una comisión nombrada  por su antecesor, Jesse Chacón. Mientras tanto, la violencia toma ribetes espeluznantes en algunos barrios del país, sobre todo caraqueños. Espeluznantes por lo que asoman las estadísticas, las cuales engordan de semana en semana y, así mismo, por los niveles de atrocidad y salvajismo que se observan en  los crímenes que se cometen.  Espeluznantes, digo, pero ¿que otra cosa cabía esperar de un revoltijo que se viene embotellando desde hace tiempo, cuyos principales ingredientes son paracos, narcotráfico, grupos de autodefensa y policías corruptos, en medio de un cuadro en donde el Estado de Derecho es, sólo, una ficción?.  

IV. Así las cosas, y si fuera dado que te preguntaran lo que opinas, uno cambiaría, entonces, pelo a pelo, el empeño gubernamental puesto en el enfrentamiento épico contra el imperialismo norteamericano, por  una mayor voluntad en la lucha cotidiana contra la violencia en las zonas más pobres de Venezuela.        

El Nacional, miércoles 8 de agosto de 2007.

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