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FIRMAS DE FaCES

Tres fotos / Elsa Cardozo

Tres fotos / Elsa Cardozo

En la vieja foto, en clásico blanco y negro, aparecen informalmente ataviados cinco presidentes centroamericanos: Oscar Arias, José Napoleón Duarte, Vinicio Cerezo, José Azcona Hoyo y Daniel Ortega; hay muchos militares detrás. 

Fueron retratados el 25 de mayo de 1986 después de firmar en la ciudad guatemalteca del Cristo Negro, Esquipulas, un acuerdo arduamente negociado que habría sido muy difícil de lograr sin el decidido apoyo de otros países latinoamericanos. 

En una segunda imagen, a color, tomada el 7 de agosto de 1987, vemos más formales en el vestir, pero más relajados y casi sonrientes, a los mismos mandatarios, sin acompañamiento militar de seguridad, después de suscribir en Ciudad de Guatemala el “Procedimiento para establecer la paz firme y duradera en Centroamérica”, texto promovido por el presidente Arias, mejor conocido como Estipulas II. 

Veamos otra fotografía, una anterior, tomada el 17 de julio de 1983. Con el paisaje de Cancún al fondo están, sin pose, los presidentes Belisario Betancourt, Miguel de la Madrid, Ricardo de la Espriela y Luis Herrera Campíns a seis meses de creado en una isla panameña, por sus cancilleres, el Grupo de Contadora. Los rostros expresan lo mismo que la declaración final del encuentro: preocupación por la escalada de violencia, los incidentes fronterizos, la presencia de asesores extranjeros y la injerencia de Washington y La Habana, alentadora de la confrontación militar y el armamentismo. También leemos en imágenes y palabras la determinación para promover y facilitar, en cada uno de esos ámbitos, los compromisos regionales que configuraron la primera propuesta comprehensiva de paz y cooperación, antecedente y piso para los acuerdos de Esquipulas I y II. 

A veinte años de Esquipulas II es oportuno recordar el esfuerzo de Oscar Arias y valorar el examen de lo regionalmente cumplido, que la fundación que lleva su nombre está por presentar. Pero también es necesario reconocer la significación del acompañamiento del Grupo de Contadora, a partir del 9 de enero de 1983, y de su ampliación desde el 28 de julio de 1985 con el Grupo de Apoyo. 

Ocho países latinoamericanos –Colombia, México, Panamá y Venezuela, a los que se sumaron Argentina, Brasil, Perú y Uruguay- apostaron entonces por la solución pacífica, regional y sin interferencias externas, de una confrontación armada que se agravaba en los mismos años en los que otras situaciones críticas acechaban al vecindario en el ambiente de la “nueva Guerra Fría”: las de Grenada y Las Malvinas junto a las del endeudamiento externo; todas con el trasfondo del grave estancamiento económico de la “década perdida”, pero también de nuevas oportunidades para la solidaridad democrática. 

Todo indica que el próximo 7 de agosto no habrá foto de grupo para comentar. Paradójicamente, no ayuda el hecho de que dos de los presidentes que gobernaron durante el conflicto y participaron en su solución hayan regresado al poder. 

No parece posible, ni sensato, olvidar los esfuerzos que fueron necesarios para superar la pérdida de más de 300.000 vidas, los traumas de cerca de 2 millones de refugiados; la destrucción física, la polarización y la desconfianza sembradas a lo largo de una década de confrontación. 

Es momento para conmemorar y celebrar, valorar logros, reconocer errores y omisiones, prevenir retrocesos. 

El Nacional, 05-08-07.

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