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FIRMAS DE FaCES

Pluralismo político / Arlán A. Narváez R.

Pluralismo político / Arlán A. Narváez R.

Aun cuando la propuesta de reforma de la Constitución ha acaparado sustancial atención y cobertura de los medios, no deja de ser preocupante la actitud general que ha asumido y proyecta el régimen sobre este asunto tan trascendente para la esencia misma de la Nación.

Para empezar, la propuesta en sí desvirtúa el carácter y la significación de una Constitución para un país, vale decir, su carácter de documento esencial, definitorio, de lo que es y deben ser su vida, sus instituciones y las relaciones entre quienes lo conforman o habitan en él. Por esto las Constituciones suponen una responsabilidad y un compromiso muy serio para que sirvan como referencia y compromiso de lo que es ese país, tratando de garantizar a sus ciudadanos la mayor estabilidad posible en cuanto a tal definición, en el más amplio horizonte temporal posible, en un pacto con ellos que garantice la más amplia e inclusiva pertinencia ciudadana, en su diversidad de intereses y pensamiento. Desde este punto de vista resulta hasta irresponsable proponer reformarla a menos de 8 años de su puesta en vigencia, con la misma ligereza con la que uno se cambia de camisa, sin haber dado siquiera tiempo ni debida oportunidad para que lo establecido actualmente fructifique.

Más preocupante aún es el abuso de todas las artimañas y manipulaciones emocionales con las que el régimen ha tratado de ganar la voluntad del pueblo para que respalde el proyecto de reforma constitucional, banalizándola para hacer ver como si se tratara simplemente de apoyar o no reivindicaciones laborales o beneficios para los trabajadores informales.

En medio del intento de engaño al pueblo ha sido claro, sin embargo, el abierto reconocimiento del teniente coronel y de la presidenta de la AN en cuanto a que con esta reforma se está proponiendo a los venezolanos un nuevo "modelo de país". Dice el adagio jurídico "a confesión de parte, relevo de pruebas", en esto no hay añagaza y es exactamente lo mismo que planteamos quienes nos oponemos a la reforma: ¡supone un país distinto al que tenemos ahora!

El problema está, primeramente, en lo expresado en los párrafos anteriores; luego, que el procedimiento iniciado viola la propia Constitución, porque cambios de tal entidad requieren Asamblea Constituyente; pero más importante aún, porque muchos de los cambios son abiertamente inconstitucionales al violar 2 artículos vitales de la Constitución vigente, el 2 y el 6, que consagran inequívocamente el pluralismo político entre las características y valores del Estado y del Gobierno de Venezuela.

En efecto, el proyecto de reforma contraviene y vulnera el pluralismo político al excluir la posibilidad de su ejercicio mediante la definición como "socialista" de aspectos esenciales de la esencia y vida nacional (ver artículos 16, 70, 113, 158, 168, 184, 300, 318 y 321, que contienen en 12 oportunidades tal exclusión). El problema no está en el socialismo en si (en "si es bueno o es malo") la violación se produce al privilegiar una sola visión política en descarte de todas las demás posibles, algo que ni siquiera los adecos llegaron a hacer cuando tuvieron amplias mayorías en las elecciones, en el Congreso o en los poderes públicos en general.

En este sentido, lo que se intenta hacer hubiera sido equivalente a haber cambiado la Constitución del 60 para consagrar en ella a la socialdemocracia como pensamiento o parcialidad política que habría de guiar la vida nacional; lo triste y paradójico es que, con seguridad, quienes hoy quieren imponer una parcialidad política por encima de las demás, hubieran sido los primeros en "alzar el grito al cielo" y en oponerse hasta con violencia a ello.

La consagración del pluralismo político como uno de los valores esenciales para la democracia es tan importante que, gracias a ello, quienes están hoy en el Gobierno pudieron llegar y ejercen el poder según sus creencias. Está claro que ellos creen que estarán allí eternamente, pero al pueblo no se le puede arrebatar la posibilidad de decidirse por otra opción y que ésta quede atada a una definición fracasada porque así lo pretenda quien presenta hoy el proyecto de reforma. ¡Cosas veredes, Sancho!

2001, 11-09-07.

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