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FIRMAS DE FaCES

El Presidente ante su encrucijada / Esteban E. Mosonyi

El Presidente ante su encrucijada / Esteban E. Mosonyi

Quienquiera esté al tanto de mis antecedentes, no dudará de mi respeto a la figura plítica y humana del presidente Chávez, y a la significación que le asigno a la ruptura histórica finisecular que su entrada en el escenario público representa para el país y el conjunto latinoamericano-caribeño. También es ampliamente conocida mi trayectoria intelectual y de luchador social para dar por descontada mi identificación con los procesos progresistas y revolucionarios que hoy atraviesan el mundo. En consecuencia, creo poder permitirme la afirmación de que en esta coyuntura el Presidente haría una contribución 10.000 veces mayor al futuro de Venezuela poniendo en marcha desde ahora la formación de al menos 10.000 dirigentes capaces de asumir la conducción del país en los niveles más altos, que convirtiéndose en su árbitro único y absoluto por tiempo indefinido. No ignoro la posibilidad de refinar argumentos que apuntalen la reelección presidencial, pero hasta la fecha la gran mayoría de las revoluciones sociales han sido unipersonales -con figuras como Lenin, Mao, Kim II Sung, Fidel- y destinados a nacer y agotarse sin haber satisfecho las expectativas iniciales. La hipótesis negada de que un país sea incapaz de producir un número mínimo de liderazgos alternativos significaría que esa sociedad estará condenada al fracaso, independientemente del régimen que impulse su dinámica.

En la propuesta presidencial hay aportes muy valiosos, por ejemplo, el artículo 100 sobre diversidad cultural, que comparto en su totalidad. En cambio, pese a tantas discusiones y reclamos, no se ve un articulado que determine y afiance los derechos colectivos de las comunidades afrodescendientes en forma similar a la que se logró con los pueblos indígenas en la Constitución de 1999. El casi exterminio de tantos pueblos africanos durante la esclavitud y el sistema etnogenocida que se implantó en América configuran un crimen monstruoso de lesa humanidad; lo menos que un Estado contemporáneo puede proporcionar ahora a las comunidades de origen africano, recuperadas con inmenso sacrificio en medio del racismo y la sobreexplotación, es reconocerles por fin el derecho colectivo de ser ellas mismas y protagonizar su porvenir a corto y largo plazo. No entiendo ni comparto el vacío que el documento presenta en tal sentido. Tampoco olvidemos que al lado de un socialismo indígena también existe un socialismo africano.

Afortunadamente, los derechos colectivos de los pueblos indígenas permanecen intactos, pero muy poco se percibe la contribución de los venezolanos originarios a la propuesta del socialismo del siglo XXI en dicho documento. Un proyecto pluricultural no puede estar basado en un tejido social estructurado sobre ciudades y la ocupación humana intensiva. Al mismo tiempo, debería dedicarle mucho más cuidado a la protección del ambiente, la sustitución de la energía fósil contaminante y la corrosiva actividad minera, invirtiendo nuestros ingentes recursos en la búsqueda de fuentes energéticas no contaminantes e idóneas para la supervivencia del planeta. Por ahora, el petróleo es necesario, mas no puede ser nuestro objetivo perpetuarnos como país petrolero y minero.

Comprendemos la necesidad de defender la patria ante ataques alevosos de cualquier índole. Pero expresé repetidas veces mi resistencia a vernos convertidos en un país guerrillero y enrumbado hacia la acción militar, frente a un sano pacifismo siempre presente en la lógica de todo socialismo. Por ello, me sorprendió tanto leer unas declaraciones de la ministra del P. P. para los Pueblos Indígenas, al juramentar un grupo de "guerreros indígenas socialistas" quienes "se van a desplegar (...) por todos los territorios del río, agua y en las zonas llaneras" (Prensa Web RNV, 28/08/2007). Si esto se cumpliera al pié de la letra, sería el enfrentamiento de unas comunidades de población mínima con armamentos de posible destrucción masiva. En tal caso, lo que no pudieron la Conquista, la Colonia y la neocolonia podría lograrlo el flamante siglo XXI: el aniquilamiento total de las comunidades indígenas, incluyendo el del heroico pueblo yekuana, de cuyo seno proviene la propia ministra.

El Nacional, 14-09-2007.

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