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FIRMAS DE FaCES

Apuro / Elsa Cardozo

Apuro  /  Elsa Cardozo

La concentración de la actividad del presidente Chávez  en el ámbito andino coincide con el incremento de las presiones domésticas y la pérdida de fluidez en sus vínculos internacionales. También forma parte del apremio por "constitucionalizar" el completo control interior y neutralizar cualquier resistencia internacional.

Por una parte están la intensa aproximación a Colombia (impulso al gasoducto, canje humanitario y "mediación de alcance más amplio", sorpresivo anuncio de un supuestamente inminente acuerdo de delimitación de áreas marinas y submarinas), la intención de volver a la Comunidad Andina y los apoyos a Correa y Morales en sus trances constituyentes. Por el otro, van las complicaciones para aprobar el ingreso de Venezuela al MERCOSUR, las secuelas del rechazo internacional que provocó la cancelación de la concesión y apropiación de los bienes de RCTV, el atascamiento del proyecto del gasoducto del sur y el inicio sin Venezuela de la binacionalmente acordada refinería en Pernambuco. Junto al distanciamiento político brasileño -con muy bien administrada mano izquierda- se vislumbra también el de Argentina bajo el mando de la señora Fernández de Kirchner, más conocedora que su marido del manejo de las relaciones y sutilezas internacionales, sin perder ni el glamour, ni las oportunidades. Súmense las crecientes dificultades de los discípulos ecuatorianos y bolivianos, junto a dos datos simbólica y estratégicamente muy importantes: el pragmatismo de Daniel Ortega y, más trascendente aún, el lento giro económico de la política cubana bajo la conducción de Raúl Castro.

En ese contexto de adversidades -para sólo referirnos a las internacionales- el Presidente decidió lanzar su propuesta constitucional. En ella, sin tocar los postulados expresos de política exterior del texto de 1999 (con sus saludos a la bandera de la democracia, la integración y los derechos humanos), hay inocultables contradicciones con compromisos y declaraciones fundamentales que Venezuela ha suscrito en materia económica, militar y política.

Lo propuesto cierra la posibilidad de acuerdos de integración que incentiven la inversión, el desarrollo de empresas y fuentes de trabajo, la producción diversificada y competitiva. Plasma el perfil de un país en guerra, que se aleja de los medios pacíficos de solución de conflictos, se olvida de la nueva naturaleza y exigencias cooperativas de los problemas de seguridad internacional, mientras consagra la militarización y el armamentismo al servicio de un proyecto político cuya vocación y alcance desbordan explícitamente lo nacional. Deja expresa constancia de la ruptura con los elementos esenciales para la convivencia democrática convenidos en cláusulas, protocolos y declaraciones democráticas como lo expresa en detalle la Carta Democrática Interamericana, tales como: "el respeto a los derechos humanos y las libertades fundamentales; el acceso al poder y su ejercicio con sujeción al estado de derecho; la celebración de elecciones periódicas, libres, justas y basadas en el sufragio universal y secreto como expresión de la soberanía del pueblo; el régimen plural de partidos y organizaciones políticas; y la separación e independencia de los poderes públicos".

Leemos en el Diccionario de la RAE que apuro no sólo es apremio, también traduce estrechez, escasez y conflicto... también vergüenza.

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