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FIRMAS DE FaCES

López Contreras al revés / Arlán A. Narváez R.

López Contreras al revés / Arlán A. Narváez R.

En esta misma columna alguna vez comenté que las dotes de mi voz para el canto eran tan escasas, que en lugar de interpretar las canciones las perpetraba, tanto así que una vez mi compadre David me dijo que mi voz podía compararse con la de Pavarotti, especialmente porque de tal comparación podrían establecerse extremos opuestos de calidad vocal... Ese sería exactamente el mismo resultado de comparar, en términos de sus gestiones, al presidente Eleazar López Contreras con el actual.

López Contreras llega al poder tras 36 años de ejercicio autocrático del mismo por Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez, caudillos mesiánicos y personalistas, quienes también se creían imprescindibles y reencarnación de Bolívar en la conducción del país; hombres de uniforme, precarios, que despreciaban las instituciones, particularmente cuando eran expresión de las capacidades de los civiles y de las instancias descentralizadas del poder. El país era para ellos como una gran hacienda donde el patrón tenía que tomar todas las decisiones y exigían plena y leal devoción de sus peones.

Como heredero de esa tradición, López Contreras sorprendió al país y a la historia cambiando el rumbo y encauzándonos hacía el surgimiento y fortalecimiento de una Venezuela con ideales y valores democráticos y con instituciones sólidas y descentralizadas.

La reforma constitucional que propició, aunque supuso límites a la libertad de pensamiento porque proscribió el comunismo, avanzó abiertamente hacia la descentralización y la alternabilidad en el poder, al disminuir el período presidencial de 7 a 5 años, sin posibilidad de reelección inmediata. Su vocación y compromiso democrático se hizo patente cuando anunció su decisión de recortar su propio mandato al recién establecido período de un lustro.

Entre las muchísimas instituciones que creó, en beneficio del país, destacan la Guardia Nacional y el Banco Central de Venezuela, por citar sólo 2 que hoy se quieren destruir.

En estos tiempos el ejemplo de López Contreras se expresa en reversa. El cambio constitucional de 1999 extendió de 5 a 6 años el período presidencial y se consagró la reelección inmediata, pero el actual huésped de Miraflores, ni corto ni perezoso, se empeñó en ser él mismo el primero en beneficiarse de la extensión del período. No bien empezó su tercera presidencia para que se empeñara en lograr otra modificación constitucional que le permita satisfacer su pretensión de ser insustituible e imprescindible, no solamente por cuantas veces se le antoje sino por períodos más largos aún, 7 años, como los de Gómez.

Pero esta vez su pretensión constitucional no solamente evoca una de las muestras más patentes de la naturaleza humana del Libertador, su triste desliz de proponer para Bolivia la presidencia como vitalicia, sino que busca un grado supremo de concentración de poder en la Presidencia de la República, ambas características negación de los valores democráticos y clara muestra del desprecio hacia las capacidades del resto de los venezolanos para sustituirlo como jefe del Estado.

Sobre la destrucción del Banco Central (BCV) y la Guardia Nacional reflexionaremos en otra oportunidad, aunque al acercarse la fecha de aparición del "bolívar fuerte" (BsF), la conversión del BCV en oficinita del gobierno reafirma el temor de que las siglas BsF expresen la realidad de un bolívar fofo.

Por último, si López Contreras pecó contra la esencia democrática al proscribir una ideología, el atentado contra tal esencia en la reforma actual es inconmensurablemente peor porque hace exactamente lo contrario al consagrar el socialismo como ideología oficial y única: ¡proscribe de facto todas las demás! Como con Pavarotti: López Contreras pero al revés. ¡Cosas veredes, Sancho!

2001, 26-09-07.

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