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FIRMAS DE FaCES

La fiesta del debate / Jonatan Alzuru Aponte

La fiesta del debate / Jonatan Alzuru Aponte

No critique, en Venezuela hay Estado. Lo sé. Es un Estado de ánimo permanente. El clima del Estado en estos días tiene apellido, se llama Debate. Se decretó el debate. La fiesta arrancó. Por favor que no sea mediático, gritaron algunos en cadena de radio y televisión. En mi terreno, balbucearon otros. En la calle debatamos. Por la calle del medio. La plaza del Valle es muy pequeña y la del rectorado es para la élite, el poliedro es muy gobiernero y Altamira es una raya...  El sitio es lo de menos, ponle hora y fecha y le damos...

Y... ¿Cuál es el debate? Bueno de todo. Todo se debate. Desde la libertad de expresión hasta la pertinencia del laboratorio de cuántica, sin dejar de lado, por supuesto, lo vital de las teorías macroeconómicas... También religión y socialismo... Acaso no te habías enterado que todo vale. Eso lo dijo, seriamente, un señor que escribió un libro contra el método... Desde entonces, no hay método... quién dijo miedo. ¡Todos a debatir!

¿Quiénes participan? Esa es una pregunta absurda y reaccionaria por excluyente. Nuestra constitución lo dice claramente: la democracia es protagónica y participativa. En la fiesta del debate no hay exclusión. Todos los nacionales, nacionalizados y extranjeros están invitados, exceptuando a los traidores de la América Precolombina.

Si la cosa es educación superior, acábalos con tu experiencia. Es muy sencillo. Tú sabes de eso porque tienes la vivencia.  No te dejaron entrar al hijo mayor y por eso se volvió drogo, en cambio la chama que estudia medicina se sacó la lotería, pero son demasiados años. Eso debe reducirse. Esa carrera es práctica, yo siempre lo he dicho. Mucha teoría es pérdida de tiempo. Además, estudian enfermedades que jamás llegan a los hospitales, cómo para qué. ¿Qué tanto dan? El farmaceuta de la esquina es un galeno y no estudió ni un semestre de medicina. Participa en lo que se refiere a nuevos ingresos, duración de las carreras y en el compromiso social de la educación, estoy seguro que sales bien parado.

A mi del debate lo que mi interesa es que no exista el comunismo. Estoy harto de socialistas. En ese debate soy un peso pluma. Porque de lo que se trata es de defender principios, el de libertad por ejemplo. ¿Acaso tú eres liberal? Desde chiquito soy libre, no me calo a nadie. Neoliberal no, porque soy católico y el Papa Juan Pablo II condenó esa vaina. ¿Leído? No chico, no se necesita leer para saber que se ama la libertad. Marx fue el culpable de la debacle de la Unión Soviética. Bueno, qué importa si es Stalin o Lenin o Fidel o Engels o Gramsci o ese tal Habermas que me nombras también. Todo es lo mismo, no importa el siglo, ni el lugar, ni el libro, todo lo que huele a rojo es mierda y punto. Yo sé de ese asunto. He visto en Miami el sufrimiento de los cubanos exilados. Por cierto, ¿Cuándo es el debate?

¿Tú crees que debemos debatir cómo se hace una operación de corazón abierto? Te pregunto porque yo tengo experiencia en el asunto, dos infartos y una válvula artificial. Camarada no exagerar con la vida. Esa certeza queda en pie, cuando todo se derrumba. Además, para hablar franco, eso es un asunto de decisión. Te explicaré la distinción entre decisión y debate.

Hemos debatido hasta el cansancio. Eso es bueno. La nueva onda terapéutica anti-estrés se funda en la debatología, la ciencia del debate como experiencia catártica para aliviar la contractura muscular, las disociaciones psicóticas, cansancio, agotamiento y fatiga política. Cura hasta las huelgas de cerebro. Eso tiene su fundamento en la Grecia antigua.  ¿Las decisiones?... Una cosa es el debate y otro asunto son las decisiones que se toman.  Tal distinción es un imperativo. Porque las decisiones son cosas de sabios, eso lo sabe el mundo desde Platón. En eso no hay discusión. El sabio es aquel que puede salvar al cosmos, cambia el curso de la historia, se entrega a la patria, rescata a la humanidad, eso no es para mortales que duermen ocho horas, trabajan diez y tienen niños. Las decisiones son para la gente excepcional. Los elegidos pues. En nuestro caso el Nazareno, Mahoma, el Libertador y su reencarnación son los verdaderos comandantes de la revolución.

La fiesta del debate parece un teatro mal escrito, a medio camino, entre el surrealismo y el absurdo. Lo curioso del asunto es que la realidad supera a la ficción. Al parecer, el intelecto está de año sabático. Pero debemos ser optimista y empezar de nuevo: ¿Cuál es el debate?

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