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FIRMAS DE FaCES

Geografías / Elsa Cardozo

Geografías  /  Elsa Cardozo

El elogio de la abundante producción editorial nacional que acompaña nuestros pasos sobre el siglo XXI se ha convertido, felizmente, en lugar común. No es sólo cuestión de cantidad -de suyo abrumadora- sino de la calidad de las obras que se han dado a la tarea de buscar las claves para comprender el país que somos, fuera del inmediatismo de las encuestas y el sobresalto noticioso.

Esto se agradece a quienes, con seriedad y franqueza, con inspiración y sensibilidad, han mantenido un espacio y un tiempo inmunes al desaliento y a la tergiversación de lo que somos: desde la historia y la crónica, la novela y la poesía. También desde la geografía que redescubrimos en la obra del doctor Pedro Cunill Grau, venezolano por voluntad propia. En su libro más reciente me detengo.

Por mucho que sugiera el título Geohistoria de la sensibilidad en Venezuela, bellamente editado por la Fundación Empresas Polar (Caracas, 2007), el texto y las ilustraciones desplegadas en sus quinientas veintisiete páginas no dejan de sorprendernos.

El reconocido académico nos introduce -con ingenio y documentación sólo posibles en un estudioso de largo aliento- en una geografía completamente diferente a la muy habitual, rígida y cuantificable, que asimila lo geográfico a un telón de fondo que luce o desluce aventuras y desventuras, o bien (valdría decir peor, por el extremismo de su positivismo y visiones geopolíticas), a unas determinaciones que condicionan nuestro devenir por aquí y en el mundo.

"Todo paisaje -escribe el doctor Cunill Grau- es interpretado y percibido variablemente por las geografías personales". Así lo aprendemos sus lectores en el recorrido por una grata ruta de vaivenes, desde 1498 hasta el temprano siglo XX. Así transitamos por el esplendor físico de la Venezuela irredenta, en palabras de viajeros, exploradores y científicos, poetas y humanistas; entre quienes vieron en nuestro oriente la "domiciliación terrestre del Edén". Nos topamos, en textos e imágenes, con el encuentro y fusión de la sensibilidad del indígena y conquistador en los tejidos, la alimentación y la artesanía. Revalorizamos la significación que tuvieron económica, social y políticamente las perlas "que algunos llaman margaritas", las gemas y el oro. Nos conmovemos con el efecto que sobre los recién llegados tuvo la candidez de la belleza aborigen, con gusto por el placer del baño y su sensibilidad por los animales, en un ambiente impregnado de nuevos olores y colores. No dejamos de asombrarnos ante los ciclos de auge y caída de materias primas (ya no sólo perlas, piedras y metales preciosos, sino plumas, cuero, tintes, sales, especias, hasta entrar en los más conocidos ciclos del tabaco, el cacao y el café); o al dar con otras continuidades, más gratas, como la de la construcción de viviendas temporales en Margarita por la élite de Nueva Cádiz para "descansar de los agobios y tensiones del vivir cotidiano"; o menos gratas, como los abusos del poder de personajes como el "lobo infernal". Espacios de fervor y alegría; espacios de terror y angustia.

Queda pendiente, escribe el autor, analizar las alteraciones que en nuestros afectos produjo "la irrupción avasalladora del petróleo". Con todo, a juzgar por la sensibilidad que despierta este libro en sus lectores, es mucha la belleza que se preserva y crece en nuestras geografías personales.

El Nacional, 14-10-2007.

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