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FIRMAS DE FaCES

El incómodo Gore / Ignacio Ávalos Gutiérrez

El incómodo Gore / Ignacio Ávalos Gutiérrez

I/ El progreso tecnológico, afirman los estudiosos del tema, ha creado formas inéditas de riesgo que imponen una peligrosidad cualitativamente distinta a la del pasado, incluido el escenario de la autodestrucción, según sostienen los científicos, quienes, por cierto, no lo dicen por decir. Hoy es cada vez mayor, afirman, la posibilidad de que se produzcan daños que afecten a una buena parte de la humanidad, al margen de barreras nacionales, sociales o generacionales. En este sentido, hasta los propios desastres naturales son cada vez menos naturales dado que se encuentran inexorablemente vinculados a acciones humanas, influenciables, previsibles.  Es, así pues, un "riesgo manufacturado", creado por el propio impacto de nuestro creciente  conocimiento (y su utilización, envuelto de tecnologías de todo tipo) sobre el mundo.  

Así las cosas, el escrutinio público sobre las actividades científicas y tecnológicas es asunto que empieza a mirarse como condición, cada vez más crucial, para la existencia de la democracia. En efecto, hay un desafió social y ético al que se enfrentan las sociedades contemporáneas, urgidas de innovaciones políticas e institucionales capaces de dilucidar los desencuentros que se producen, cada vez más frecuentes entre los intereses colectivos y los intereses del mercado y de garantizar, por otra parte, la participación pública en la dirección  del desarrollo científico y tecnológico.

II/ Digo lo anterior a propósito del anunció hecho desde Suecia, según el cual Al Gore fue distinguido con el Premio Nóbel de la Paz. Se manifiesta en la decisión correspondiente que se le otorga por su esfuerzo de  "...recoger y difundir  informaciones  sobre los cambios climáticos provocados por el hombre y por haber puesto las bases para tomar medidas necesarias a la lucha contra estos cambios..." . Gore se había ganado fama  de ecologista en sus tiempos de senador por Tennessee y en 1991 publicó ``Earth in the Balance: Ecology and Human Spirit'», un texto en el que planteaba los grandes cambios ecológicos necesarios para afrontar el siglo XXI.  En 1992 adquirió protagonismo por su comparecencia en la Cumbre de la Tierra y hace muy poco  publicó "La Verdad Incómoda", un libro, acompañado de un documental, ampliamente difundidos a nivel mundial. 

III/ Gore se convirtió, creen algunos, en el abanderado mediático de la lucha contra el cambio climático. Sin embargo, se ha vuelto tan incómodo como su verdad.  Incómodo porque  ha obtenido el Premio Nobel de la Paz a quien estuvo ligado, y vaya que lo estuvo, a la política militar del Presidente Clinton, hoy en día olvidada gracias a los desatinos y las injusticias mayúsculas del  Presidente Bush..  Incómodo también, por su apoyo al empleo de los bio-combustibles obtenidos a partir de los cereales.  Incómodo, así mismo, por su posición tan exageradamente conservadora en las discusiones que dieron lugar al Protocolo de Kyoto.  E incómodo, finalmente, por no haber sido capaz - como lo dejan probado su libro y su documental - de haber metido la uña en el problema central asociado a la crisis ecológica del planeta, esto es, por no haberse hecho la que parecía ser la pregunta fundamental, a saber, ¿hasta qué punto resulta compatible el modelo de crecimiento económico con la sostenibilidad medioambiental?

Pero con todo y eso, al margen de cualquier otra consideración, no deja de ser una buena noticia que la Academia Sueca otorgue en esta ocasión el Premio Nóbel de la Paz haciendo un llamado de atención sobre un tema, cuya gravedad para el planeta no guarda proporción alguna con la poca atención que le prestan los terrícolas.  Puestas así las cosas, cabe, entonces, tener cierta indulgencia por la decisión tomada en Estocolmo.

Harina de otro costal/ No hay duda, creo. No hay duda de que con la propuesta de reforma, el país disminuye su densidad democrática.  No hay duda de que, si se aprueba, daremos varios pasos atrás en materia de participación popular en los asuntos públicos.  No hay duda de que con su puesta en práctica el país se pondrá a caminar con las manecillas girando al revés.  No hay duda de que el texto asomado resulta indefendible desde (sobre todo)  los predios de la izquierda. No hay duda, en fin, de que, vistos los cambios anunciados, hay que cuidar el proyecto político (democrático y con contenido social) que compró el país en 1998, del propio Presidente Chávez. No se si exagero, pero se está convirtiendo en su peor enemigo.

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